La trampa sísfica de Washington en Oriente Medio

02.04.2026

BEIJING (Xihua) - En la mitología griega, Sísifo fue condenado a la tarea eterna de empujar una roca cuesta arriba, solo para verla rodar de nuevo hacia abajo una y otra vez. Este mito sirve como una metáfora apropiada para la ambición frustrada de Washington en Oriente Medio: intervenciones repetidas que nunca han logrado moldear la región según sus propios designios.

Es evidente que la guerra que Estados Unidos e Israel libran contra Irán dista mucho de las expectativas iniciales de Washington: una operación rápida, con un uso limitado de la fuerza militar, destinada a derrocar al actual gobierno iraní y, en consecuencia, afianzar su control sobre una de las mayores reservas de petróleo del mundo. Quizás la campaña de Washington contra Venezuela en enero haya envalentonado, erróneamente, a los responsables de la toma de decisiones en la Casa Blanca.

La administración Trump se enfrenta a un claro dilema: una retirada inmediata equivaldría a una derrota rotunda, además de exponerla a las consecuencias del alza vertiginosa de los precios del petróleo provocada por el conflicto en el estrecho de Ormuz; sin embargo, continuar con una ofensiva terrestre conlleva el riesgo de arrastrar a Estados Unidos a otro atolladero en Oriente Medio. A pocos meses de las elecciones de mitad de mandato, la administración no desea ninguno de los dos escenarios.

Esto va mucho más allá de un simple fracaso político; es un síntoma de una crisis de identidad más profunda, vinculada a las ambiciones hegemónicas globales de Estados Unidos. Desde el fin de la Guerra Fría, Washington parece haberse arrogado el derecho a gobernar el mundo a su antojo, así como los medios para consolidar su dominio global.

Sin embargo, la historia de Oriente Medio en las últimas décadas está repleta de ejemplos en los que cuanto más recurre unilateralmente Estados Unidos a la fuerza bruta, más expone los límites de su poder.Y, paradójicamente, el mito de la moralidad estadounidense se ha desmoronado. ¿Lo recuerdan? Hubo un tiempo en que Washington intentaba disimular sus ambiciones hegemónicas bajo el pretexto de promover la libertad y la democracia. Hoy, solo le interesa el poder.

Mientras la comunidad internacional se exaspera cada vez más ante la irresponsable obsesión de Washington por la dominación global, los responsables políticos estadounidenses siguen atrapados en un mundo de fantasía creado por ellos mismos. Parecen haber perdido toda capacidad de reflexión seria, y mucho menos la de admitir que la era de la unipolaridad terminó hace mucho tiempo.

Sin embargo, Washington debe afrontar la realidad: a pesar de ser la única superpotencia mundial y de su poder para destruir o matar, jamás dominará el mundo en la era de la multipolaridad, del mismo modo que Sísifo no puede empujar su roca hasta la cima de la colina. Y con cada intento de supremacía, Estados Unidos se expone a una reacción adversa de su propia creación, acercándose así inexorablemente a su declive final.

 

Internacionales
2026-04-02T10:54:00

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