Las razones del fracaso de las defensas de EEUU contra los drones baratos de Irán
16.03.2026
MONTEVIDEO (Uypress)- Las baterías de misiles Patriot han sido el sistema de defensa antiaérea emblemático del arsenal de Estados Unidos durante varias décadas, pero la evolución de las amenazas —desde cohetes baratos hasta drones aún más baratos— ha obligado a los ejércitos estadounidense y de otros países a desarrollar una gama de armas defensivas a la altura, según artículo de Iain Boyd, publicado en The Conversation.
En represalia por los continuos ataques de Estados Unidos e Israel, Irán ha estado llevando a cabo agresiones aéreas diarias con misiles y drones contra Israel y países de la región del golfo Pérsico. En diciembre de 2025, Irán también lanzó una incursión coordinada a gran escala con cientos de misiles y drones contra Israel. Hamás lanzó un asalto aún mayor en octubre de 2023 con miles de cohetes de bajo coste y misiles primitivos contra Israel, desbordando su muy elogiado sistema de defensa antiaérea Cúpula de Hierro. Y, en el conflicto entre Ucrania y Rusia, ha habido varios ejemplos de ataques con drones a gran escala por ambas partes.
Como ingeniero que estudia los sistemas de defensa, veo que, a medida que aumentan la variedad y el número de amenazas de misiles y drones, los ejércitos se ven obligados a adaptar la parte defensiva de la ecuación y responder con la misma rapidez y amplitud. Las armas defensivas son componentes de los sistemas integrados de defensa antiaérea, que incluyen los medios para detectar y rastrear las amenazas, normalmente a través de diversas formas de radar. Surgidos durante la Guerra Fría, los misiles interceptores han sido el arma consagrada que se utiliza para inutilizar o destruir las amenazas.
Ejemplos bien conocidos de sistemas de defensa antiaérea que utilizan misiles interceptores son el sistema Patriot y la Cúpula de Hierro israelí. Estos sistemas están diseñados para ser eficaces contra pequeñas cantidades de misiles, incluidos los misiles balísticos de corto alcance, así como contra aviones y drones. Estados Unidos también utiliza la Defensa de Área de Gran Altitud Terminal para defenderse contra misiles balísticos de alcance intermedio, lo que incluye la interceptación de los misiles antes de que vuelvan a entrar en la atmósfera terrestre.
Los números
El actual conflicto en el Golfo ofrece el último ejemplo de las matemáticas en el núcleo del desafío de la defensa antiaérea. Irán ha disparado miles de misiles y drones, y a menudo se requiere más de un interceptor para abatir un misil entrante. Según se informa, los países del Golfo se están quedando sin interceptores suficientes. Las reservas estadounidenses también están bajo presión y, según se informa, Estados Unidos planea trasladar algunos interceptores desde Corea del Sur a la región del Golfo. Dado que cada interceptor cuesta varios millones de dólares, utilizar este tipo de sistemas para destruir cohetes que solo cuestan 100.000 dólares es un negocio ruinoso. Un conflicto tan asimétrico no solo resulta demasiado caro desde el punto de vista defensivo, sino que además es un reto reponer los interceptores en el momento oportuno.
Además, un atacante puede abrumar a un defensor. En el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 contra Israel, el enfoque tradicional de defensa antiaérea basada en interceptores demostró ser poco eficaz contra el ataque a gran escala en el que intervinieron miles de misiles y cohetes relativamente primitivos. Existen informes iniciales sobre un gran aluvión de cohetes disparados por Hezbolá contra Israel el 11 de marzo de 2026. Lo que se necesita en su lugar son enfoques de defensa antiaérea que se adapten para hacer frente a las cifras y los niveles de sofisticación de las nuevas amenazas. Un ejemplo es el Sistema de Armas de Combate Cercano Phalanx de la Armada de los Estados Unidos, que se utiliza para defender buques contra misiles y pequeñas embarcaciones de superficie. Es una ametralladora automática que puede disparar hasta 4.500 balas por minuto. Destruye los objetivos que se aproximan haciéndolos pedazos a tiros, literalmente. Cada proyectil cuesta unos 30 dólares y, por lo general, se gastan unos 100 proyectiles en un objetivo. Aunque este es un enfoque más rentable que los caros interceptores, un cargador Phalanx se puede agotar rápidamente en 20-30 segundos, con lo que queda expuesto a verse abrumado por una gran cantidad de misiles entrantes. También es la última línea de defensa. Lo ideal sería hacer frente a las amenazas mucho antes de que se active el sistema Phalanx.
Drones y drones antidrones
En la guerra entre Ucrania y Rusia y en Oriente Medio se han utilizado ataques aéreos a gran escala y de bajo coste con drones militarizados. Aunque los misiles interceptores pueden derribar drones, este enfoque no es rentable. Los sistemas de cañones como el Phalanx son eficaces contra los drones. Las fuerzas estadounidenses, de los países del Golfo e israelíes también han abatido drones con armas de fuego disparadas desde aviones. Otro enfoque nuevo que han utilizado las fuerzas ucranianas es el desarrollo de drones antidrones, o sistemas contra aeronaves no tripuladas. Los drones pueden dañar o destruir a otros drones a través de una serie de mecanismos, incluida la guerra electrónica, que implica la interferencia de sus sistemas de comunicación y radiocontrol, y las interceptaciones cinéticas, en las que embisten directamente contra el dron objetivo. Un ejemplo es Merops, que, según se informa, Estados Unidos está enviando a la región del Golfo.
Armas de energía
Los ejércitos también están desarrollando armas defensivas no cinéticas que se basan en tecnologías de energía dirigida. Las dos formas más comunes de armas de energía dirigida son los láseres de alta energía y las microondas de alta potencia. En ambos casos, transforman la energía eléctrica en efectos físicos que pueden dañar o destruir objetivos aéreos. Una de sus ventajas clave sobre las armas defensivas cinéticas tradicionales es la afirmación de que los sistemas de energía dirigida tienen un "cargador infinito". Siempre y cuando estos sistemas estén conectados a una fuente de energía eléctrica, pueden seguir disparando. Aunque esto no es del todo cierto -los sistemas de energía dirigida tienen que apagarse en ciclos para dejar que se enfríen-, son más rentables y tienen cargadores de mayor capacidad que los sistemas cinéticos. Diversos ejércitos de todo el mundo están desplegando armas láser de alta energía como protección frente a la artillería ligera, los drones y las embarcaciones de superficie. Los láseres pueden crear una serie de efectos diferentes, como quemar agujeros en las amenazas e incluso prenderles fuego. Por ejemplo, el Láser de Alta Energía con Deslumbrador Óptico Integrado y Vigilancia de la Marina estadounidense es un sistema naval de 60 kilovatios utilizado para la protección antiaérea. Puede interferir o deslumbrar a los sensores de los misiles y los drones.
Las armas de microondas de alta potencia aún no están tan avanzadas para aplicaciones de defensa antiaérea. Funcionan provocando cortocircuitos en los sistemas eléctricos de los misiles y los drones, lo que hace que pierdan el control y se desvíen del objetivo.
Evolución rápida
En el juego del ratón y el gato de la guerra moderna, hay un tiovivo continuo de desarrollo de armas ofensivas y contramedidas defensivas de respuesta. Frente a la reciente tendencia a utilizar un gran número de armas de menor capacidad y relativamente baratas, la parte defensiva está respondiendo con enfoques asequibles y de gran volumen.
Iain Boyd es Director del Centro de Iniciativas de Seguridad Nacional y Profesor de Ciencias de la Ingeniería Aeroespacial, Universidad de Colorado Boulder. Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Puedes leer el artículo original en inglés aquí.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias