AMÉRICA LATINA / ACTIVIDAD SÍSMICA

Los recientes terremotos en Sudamérica no están conectados y vuelven a poner el foco en la prevención

24.08.2026

MONTEVIDEO (Uypress) – Los recientes terremotos registrados en Colombia, Perú y Venezuela volvieron a despertar interrogantes sobre la actividad sísmica en Sudamérica y su relación con el denominado Cinturón de Fuego del Pacífico.

Los especialistas advierten, sin embargo, que la proximidad temporal de los movimientos no demuestra que exista una conexión entre ellos ni que el continente atraviese una alteración extraordinaria de su actividad tectónica.

El Cinturón de Fuego es la zona sísmica y volcánica más activa del planeta. Se extiende a lo largo de unos 40.000 kilómetros alrededor del océano Pacífico, con una configuración semejante a una herradura.

La franja recorre el borde occidental de América desde Chile hasta Alaska y continúa por Rusia, Japón, Filipinas, Indonesia y Nueva Zelanda. En América Latina comprende las costas del Pacífico de México, Centroamérica, Colombia, Ecuador, Perú y Chile.

Alrededor del 90% de los terremotos del mundo se produce en esta región, según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS). Otra estimación ampliamente utilizada indica que el 81% de los sismos de mayor magnitud ocurre dentro de ese sistema.

La actividad se concentra en los límites de diferentes placas tectónicas. En algunos sectores, una placa oceánica se introduce por debajo de otra placa continental mediante un proceso denominado subducción.

En buena parte de la costa occidental sudamericana, la placa de Nazca avanza por debajo de la placa Sudamericana. La fricción, deformación y acumulación de energía generadas por ese movimiento son responsables de numerosos terremotos y de parte importante de la actividad volcánica de los Andes.

El terremoto registrado el 10 de agosto en el departamento colombiano de Chocó estuvo relacionado con la placa de Nazca que se hunde bajo Sudamérica. El movimiento ocurrió a gran profundidad dentro de la placa descendente.

El sismo que afectó el jueves 20 de agosto a la región peruana de Ayacucho tuvo un origen tectónico semejante. El Instituto Geofísico del Perú calculó inicialmente una magnitud de 7,2, mientras el USGS la situó en 6,7.

La profundidad del movimiento redujo su capacidad destructiva, aunque se registraron personas lesionadas durante evacuaciones y daños en viviendas, centros sanitarios y otras infraestructuras.

Que los terremotos de Colombia y Perú estén vinculados con la interacción de las mismas placas no significa que uno haya provocado el otro. Los especialistas consultados por medios regionales describieron la sucesión como una coincidencia dentro de un sistema tectónico permanentemente activo.

Los terremotos registrados en Venezuela el 24 de junio tuvieron un origen diferente. Se produjeron en el límite entre las placas del Caribe y Sudamericana, una zona donde ambas estructuras se desplazan lateralmente y acumulan tensión sobre sistemas de fallas.

Venezuela no forma parte del Cinturón de Fuego en el mismo sentido geológico que Perú, Chile o la costa pacífica colombiana. Esto demuestra que la actividad sísmica sudamericana no responde a una única estructura tectónica.

Los científicos pueden identificar fallas activas, estudiar movimientos de placas y establecer qué territorios presentan una mayor amenaza. Todavía no pueden determinar con precisión el día, la hora y el lugar exacto donde ocurrirá un terremoto.

Por esa razón, los especialistas advierten contra anuncios que aseguran predecir movimientos sísmicos mediante alineaciones planetarias, cambios atmosféricos, comportamiento animal u otras señales sin respaldo científico suficiente.

La pertenencia al Cinturón de Fuego tampoco explica por sí sola la magnitud de una catástrofe. Un terremoto se transforma en desastre cuando alcanza poblaciones expuestas, edificios vulnerables y comunidades sin preparación adecuada.

La calidad de las construcciones, el cumplimiento de normas antisísmicas, la planificación urbana, los sistemas de alerta y la educación de la población pueden determinar diferencias sustanciales frente a movimientos de intensidad semejante.

El Cinturón de Fuego describe una amenaza geológica permanente, pero no constituye una explicación suficiente para las pérdidas humanas. La prevención y la infraestructura resistente continúan siendo las principales herramientas para reducir sus consecuencias.

Internacionales
2026-08-24T14:15:00

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias