BRASIL / POLÍTICA EXTERIOR

Lula 3.0: Brasil vuelve al centro de la diplomacia global entre el Sur, China, Estados Unidos y Europa

27.04.2026

BRASILIA (Uypress) – La política exterior de Lula 3.0 busca reconstruir el protagonismo internacional de Brasil con una fórmula conocida pero adaptada a un mundo más tenso: multilateralismo, autonomía, integración regional y una diplomacia que intenta negociar con todos sin alinearse plenamente con ningún bloque.

El regreso de Luiz Inácio Lula da Silva al poder en 2023 marcó un giro respecto al aislamiento diplomático del período de Jair Bolsonaro. La lectura de CELAG es que Brasil volvió a apoyarse en la tradición de Itamaraty: defensa del multilateralismo, integración regional, derechos humanos, protagonismo en organismos internacionales y búsqueda de autonomía frente a las grandes potencias. Esa reconstrucción incluyó el regreso de figuras como Mauro Vieira en la Cancillería y Celso Amorim como asesor especial de Presidencia.

Uno de los primeros gestos de esa reinserción fue financiero y diplomático al mismo tiempo. El Gobierno brasileño informó que en 2023 pagó R$ 4.600 millones en compromisos y deudas con organismos internacionales, lo que le permitió recuperar margen de actuación en foros multilaterales como la ONU, la OMC, la OIT y otros organismos del sistema internacional. Para Lula, volver a pagar era también volver a sentarse en la mesa donde se discuten reglas globales.

La política exterior brasileña se mueve sobre una línea de equilibrio. Con China, Brasil mantiene una relación estratégica fundada en comercio, alimentos, energía, inversiones e infraestructura. Con Estados Unidos, conserva canales de diálogo aunque rechaza subordinaciones automáticas. CELAG define esa postura como un “pragmatismo tenso”: Brasil busca preservar su autonomía en un escenario de rivalidad creciente entre Washington y Pekín, aprovechando que es demasiado importante para China como proveedor de commodities y demasiado relevante para Estados Unidos como actor regional como para ser ignorado por cualquiera de los dos.

Esa estrategia también aparece en los BRICS. Durante la presidencia brasileña del bloque en 2025, Lula defendió al grupo como una herramienta para sostener el multilateralismo en un mundo más fragmentado. El Gobierno brasileño presentó la cumbre de Río de Janeiro como la primera con 11 miembros titulares y 10 países socios, y como un espacio orientado a discutir reforma de la gobernanza global, finanzas, inteligencia artificial, clima y desarrollo.

La apuesta no es solo ideológica. Un estudio publicado por IPEA caracteriza la política exterior brasileña del tercer mandato de Lula como una forma de “no alineamiento activo”: Brasil intenta combinar autonomía decisoria con participación intensa en foros multilaterales, actuando como puente entre Occidente y el Sur Global sin quedar atrapado en una lógica de bloques cerrados.

En América del Sur, el liderazgo brasileño es más complejo. Brasil busca preservar el Mercosur como plataforma de negociación común, contener crisis regionales y sostener canales técnicos aun con gobiernos ideológicamente distantes, como el de Javier Milei en Argentina. CELAG sostiene que el liderazgo de Lula 3.0 no es hegemónico ni plenamente articulador, sino más bien una “gestión de la estabilidad”: Brasil evita rupturas, promueve consensos mínimos y protege sus intereses comerciales y geopolíticos.

El acuerdo Mercosur-Unión Europea muestra esa dimensión práctica. Tras más de dos décadas de negociaciones, Lula empujó el cierre político del entendimiento y lo presentó como una señal de defensa del comercio y del multilateralismo. Reuters informó que el Congreso brasileño aprobó el acuerdo en marzo de 2026, paso necesario para su entrada en vigor, mientras el vicepresidente Geraldo Alckmin proyectó que su implementación plena podría elevar las exportaciones brasileñas 13% hacia 2038.

Europa, a su vez, aparece como un socio útil para Brasil en medio de la disputa entre Estados Unidos y China. En abril de 2026, Lula y el canciller alemán Friedrich Merz defendieron una cooperación más estrecha entre Brasil y la Unión Europea durante la feria industrial de Hannover. La relación con Alemania combina industria, transición energética, comercio e interés europeo por diversificar vínculos en un mundo más proteccionista.

La dimensión climática es otro pilar de la diplomacia lulista. Brasil usó su presidencia del G20 para lanzar la Alianza Global contra el Hambre y la Pobreza, con 148 adhesiones iniciales, incluidos 82 países, y colocó la agenda social como parte de su proyección internacional. A eso se sumó la COP30 en Belém, que volvió a ubicar a la Amazonia como centro de la discusión global sobre clima, financiamiento y desarrollo.

El resultado es una política exterior ambiciosa, pero no exenta de tensiones. Brasil quiere hablar en nombre del Sur Global, pero debe administrar intereses internos, presión de sus exportadores, dependencia de China, necesidad de inversión europea y una relación inevitable con Estados Unidos. Quiere defender la reforma de la gobernanza global, pero opera dentro de instituciones que todavía concentran poder en las potencias tradicionales.

Lula 3.0 no representa una ruptura total con la diplomacia histórica brasileña, sino una recuperación de sus rasgos clásicos en un escenario más difícil. Brasil vuelve a proyectarse como país continental, mediador, actor ambiental, potencia agrícola, socio energético y voz del Sur Global. La pregunta de fondo es si esa autonomía activa alcanzará para convertir presencia diplomática en poder real, o si la fragmentación internacional terminará obligando a Brasil a elegir con más claridad entre intereses que hoy intenta mantener en equilibrio.

Internacionales
2026-04-27T12:17:00

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias