CRISIS POLÍTICA EN ISRAEL

Netanyahu ganó las elecciones, pero perdió la mayoría: la división opositora puede mantenerlo en el poder

31.10.2026

JERUSALÉN (Uypress) – Benjamín Netanyahu consiguió que su partido, el Likud, volviera a ser la fuerza más votada en las elecciones legislativas israelíes del 27 de octubre. Sin embargo, el resultado está lejos de garantizarle la continuidad al frente del gobierno. Su bloque obtuvo 53 de los 120 escaños de la Knéset, ocho menos de los necesarios para alcanzar la mayoría. La oposición, encabezada por Gadi Eisenkot, tampoco dispone de los apoyos suficientes para reemplazarlo, en un escenario donde las divisiones entre sus adversarios podrían convertirse en la principal ventaja política del actual primer ministro.

Los resultados del escrutinio completo, publicados por la Comisión Electoral Central el 30 de octubre, asignaron 27 bancas al Likud, 21 a Yashar, el partido de Eisenkot, y una representación histórica de 19 escaños a las dos principales formaciones políticas de la población árabe de Israel.

El bloque de Netanyahu suma 53 diputados, mientras que las fuerzas opositoras agrupadas alrededor de Eisenkot alcanzan 48.

Los partidos árabes, con sus 19 representantes, podrían modificar ese equilibrio. Sin embargo, la resistencia de varios dirigentes opositores a establecer acuerdos con ellos dificulta la construcción de una mayoría alternativa.

Ganar las elecciones no significa poder formar gobierno

El sistema político israelí es parlamentario y unicameral. La Knéset está integrada por 120 diputados y la formación de un gobierno requiere reunir el apoyo de una mayoría de al menos 61 legisladores.

A diferencia de los sistemas presidenciales, donde la elección popular determina directamente quién ocupará el Poder Ejecutivo, en Israel el resultado electoral abre un proceso de negociación entre partidos.

El presidente del Estado, Isaac Herzog, deberá consultar a las diferentes fuerzas parlamentarias y encargar la formación del gobierno al dirigente que considere con mayores posibilidades de conseguir los apoyos necesarios.

Por esa razón, el hecho de que el Likud haya obtenido más escaños que cualquier otra fuerza no garantiza que Netanyahu pueda mantenerse como primer ministro.

Su bloque perdió 15 bancas respecto de la legislatura anterior, cuando disponía de 68 representantes y contaba con una mayoría propia.

El resultado revela un debilitamiento de su coalición, aunque también confirma que conserva una base electoral considerable.

La contradicción de una oposición que no consigue ponerse de acuerdo

El principal adversario de Netanyahu es Gadi Eisenkot, antiguo jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel y líder de Yashar.

Su espacio político obtuvo 21 bancas, convirtiéndose en la segunda fuerza parlamentaria.

Los partidos que integran el bloque opositor reúnen 48 diputados. Para alcanzar una mayoría necesitan incorporar nuevos apoyos.

La posibilidad más evidente, desde el punto de vista matemático, sería contar con los 19 representantes de la Lista Conjunta y Ra'am, las principales fuerzas políticas de los ciudadanos árabes de Israel.

Una alianza de esas características reuniría 67 diputados, seis más de los necesarios para alcanzar la mayoría.

Sin embargo, esa suma enfrenta dificultades políticas importantes.

Durante la campaña electoral, Eisenkot y otros referentes opositores rechazaron la posibilidad de formar una coalición que dependiera de los partidos árabes.

Entre quienes mantienen reservas se encuentran sectores nacionalistas y de derecha que, aunque se oponen a Netanyahu, también rechazan determinadas reivindicaciones políticas de la población palestina.

La oposición enfrenta así una contradicción: dispone de una posible mayoría parlamentaria para reemplazar al primer ministro, pero no consigue acordar las condiciones políticas necesarias para utilizarla.

Los partidos árabes tienen una representación histórica

La Lista Conjunta y Ra'am consiguieron 19 escaños, casi el doble de los diez que reunían en la legislatura anterior.

El resultado constituye un récord de representación parlamentaria para las fuerzas políticas de mayoría árabe.

Su crecimiento estuvo asociado a una mayor participación electoral de ciudadanos árabes israelíes, que representan aproximadamente una quinta parte de la población del país.

Las dos organizaciones mantienen diferencias ideológicas y estratégicas.

Ra'am, liderado por Mansour Abbas, ha demostrado mayor disposición a participar en acuerdos de gobierno. De hecho, integró la coalición que desplazó a Netanyahu del poder en 2021.

La Lista Conjunta reúne corrientes nacionalistas palestinas, de izquierda y otras organizaciones que defienden los derechos políticos y sociales de los ciudadanos árabes.

El problema para Eisenkot no es únicamente conseguir esos votos, sino determinar qué compromisos políticos estaría dispuesto a asumir para obtenerlos.

Las diferencias sobre Gaza, Cisjordania, el reconocimiento de un Estado palestino y la igualdad de derechos dentro de Israel constituyen obstáculos relevantes para cualquier negociación.

Netanyahu enfrenta procesos judiciales dentro y fuera de Israel

El primer ministro llega a esta nueva etapa política con importantes problemas judiciales.

En Israel continúa enfrentando un proceso por acusaciones de corrupción vinculadas con presuntos delitos de soborno, fraude y abuso de confianza.

Netanyahu ha rechazado las acusaciones y sostiene que es víctima de una persecución política.

El proceso constituye una de las fuentes de tensión más prolongadas dentro del sistema político israelí y ha influido en las dificultades para formar coaliciones durante los últimos años.

A esta situación se agrega la orden de detención emitida por la Corte Penal Internacional el 21 de noviembre de 2024.

El tribunal internacional considera que existen motivos razonables para investigar su presunta responsabilidad en crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad relacionados con las operaciones militares israelíes en la Franja de Gaza.

La orden no equivale a una condena. Netanyahu rechaza la jurisdicción de la Corte y las acusaciones formuladas en su contra.

Sin embargo, su existencia condiciona sus desplazamientos internacionales y representa un problema diplomático adicional para el gobierno israelí.

El 7 de octubre continúa siendo una herida política

Otro de los asuntos centrales es la responsabilidad por los fallos de seguridad que permitieron los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023.

Aquella ofensiva provocó la muerte de aproximadamente 1.200 personas en Israel y el secuestro de otras 250, según las cifras israelíes.

Los ataques desencadenaron una guerra en Gaza que produjo una devastación humanitaria de enormes proporciones y decenas de miles de muertos palestinos.

Netanyahu ha enfrentado cuestionamientos sobre las fallas de inteligencia y seguridad que precedieron a los ataques.

Sus adversarios reclaman una investigación independiente capaz de determinar las responsabilidades políticas y militares.

El primer ministro ha defendido la actuación de su gobierno durante la guerra, mientras sostiene que las decisiones sobre las responsabilidades anteriores deben examinarse sin interferir en las operaciones de seguridad.

La controversia divide a la sociedad israelí entre quienes consideran prioritario mantener una conducción fuerte frente a las amenazas regionales y quienes reclaman un proceso de rendición de cuentas sobre los acontecimientos que condujeron al 7 de octubre.

Gaza, Líbano e Irán: la seguridad como eje electoral

La campaña también estuvo condicionada por los conflictos militares que Israel mantiene o ha mantenido durante los últimos años en diferentes escenarios de Medio Oriente.

Las operaciones en Gaza, los enfrentamientos con Hezbolá en Líbano y la confrontación con Irán reforzaron la centralidad de la seguridad nacional en el debate político.

Netanyahu presentó su experiencia de gobierno y su política de defensa como argumentos para reclamar la continuidad de su liderazgo.

Sus adversarios cuestionaron tanto los resultados de determinadas operaciones como la capacidad del Ejecutivo para establecer una estrategia política de largo plazo.

Sin embargo, las diferencias entre las principales fuerzas israelíes no necesariamente implican posiciones radicalmente opuestas respecto de los palestinos.

Eisenkot, por ejemplo, también defiende una política de seguridad firme y mantiene posiciones que dificultan acuerdos con los partidos árabes.

Esto explica por qué la oposición a Netanyahu no constituye automáticamente una alianza política homogénea.

Los partidos que buscan reemplazarlo coinciden en su rechazo a la continuidad del primer ministro, pero discrepan sobre cuestiones fundamentales de seguridad, relaciones exteriores y organización del Estado.

La fragmentación opositora como ventaja política

La situación actual recuerda otros períodos de inestabilidad que atravesó Israel.

Entre 2019 y 2022, el país celebró cinco elecciones legislativas debido a las dificultades para formar gobiernos estables.

Durante ese período, Netanyahu demostró una importante capacidad para mantener su influencia política, incluso cuando no conseguía reunir inicialmente una mayoría.

La nueva distribución parlamentaria vuelve a colocar las negociaciones entre partidos en el centro del escenario.

Una de las posibilidades es que Netanyahu intente atraer a legisladores o partidos que actualmente integran el campo opositor.

Otra alternativa consiste en que Eisenkot logre superar las resistencias internas y construya una mayoría apoyada, de alguna manera, por las fuerzas árabes.

También podrían explorarse acuerdos parciales o fórmulas de gobierno que no respondan estrictamente a los bloques electorales originales.

Por el momento, ninguna de esas opciones cuenta con un acuerdo confirmado.

El presidente Herzog deberá iniciar las consultas institucionales después de recibir formalmente los resultados electorales, previstos para el 4 de noviembre.

Si el candidato designado no logra formar gobierno, el procedimiento contempla nuevas oportunidades de negociación antes de que pueda llegarse a otra convocatoria electoral.

Una victoria electoral que abre más preguntas que respuestas

El resultado de las elecciones israelíes presenta una paradoja.

Netanyahu enfrenta procesos judiciales, cuestionamientos por el 7 de octubre, una orden de detención internacional y las consecuencias de varios conflictos militares.

Además, su coalición perdió la mayoría parlamentaria que tenía antes de las elecciones.

Sin embargo, continúa siendo uno de los dirigentes con mayores posibilidades de intervenir decisivamente en la formación del próximo gobierno.

La explicación no reside únicamente en su capacidad para conservar una base electoral importante, sino también en la fragmentación de sus adversarios.

Las fuerzas opositoras reúnen posiciones ideológicas muy diferentes y todavía no han demostrado que puedan transformarse en una coalición capaz de gobernar.

El crecimiento de los partidos árabes introduce un elemento adicional: sus votos podrían resultar decisivos para modificar la conducción política de Israel, pero buena parte de la oposición se resiste a reconocerlos como socios de gobierno.

La cuestión central ya no es quién obtuvo más bancas en las elecciones, sino quién será capaz de reunir una mayoría parlamentaria.

Netanyahu ganó la elección como principal fuerza política, pero no consiguió asegurarse el gobierno.

Su continuidad dependerá de negociaciones que todavía permanecen abiertas y de la capacidad de sus adversarios para superar diferencias que, hasta ahora, han dificultado la construcción de una alternativa.

Internacionales
2026-10-31T21:40:00

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias