PERÚ / RECTA FINAL ELECTORAL

Perú llega al balotaje con ventaja estrecha de Keiko y mercados atentos

03.06.2026

LIMA (Uypress) – Perú ingresa en la recta final hacia el balotaje presidencial del 7 de junio con una ventaja estrecha de Keiko Fujimori sobre Roberto Sánchez, un volumen decisivo de votantes indecisos o inclinados al voto blanco y nulo, y mercados financieros atentos al desenlace político de una elección marcada por la desconfianza.

La candidata de Fuerza Popular llega mejor posicionada a la segunda vuelta, aunque sin margen suficiente para considerar cerrado el resultado. Las últimas encuestas publicables la muestran entre tres y cuatro puntos por encima del candidato de Juntos por el Perú, una diferencia que mantiene abierta la elección por el peso de quienes aún no definieron su voto o rechazan a ambos candidatos.

Ipsos proyectó 38% para Fujimori y 35% para Sánchez, mientras que Datum ubicó a la candidata de derecha en 39,8% y al postulante de izquierda en 35,9%. En ambos casos, el dato más relevante no está solo en la ventaja de Keiko, sino en el 27% de electores que declara que votará en blanco, anulará su voto, se abstendrá o todavía no tiene una decisión tomada.

Ese bloque será determinante. Perú llega a la segunda vuelta con dos candidaturas de fuerte carga negativa. Fujimori enfrenta el peso histórico del antifujimorismo y de una trayectoria política asociada a la confrontación parlamentaria. Sánchez, en cambio, carga con su cercanía al expresidente Pedro Castillo y con el temor de sectores empresariales a un giro regulatorio sobre minería, contratos y Constitución.

La primera vuelta ya había mostrado la fragilidad del mandato que recibirá el próximo presidente. Fujimori fue la candidata más votada con apenas 17,17% de los votos y Sánchez pasó a segunda vuelta con 12,03%, luego de una definición ajustada frente a Rafael López Aliaga. Ninguno llega al balotaje con una base mayoritaria propia.

El debate presidencial confirmó la lógica de la campaña: más confrontación que propuestas. Fujimori buscó instalar el eje del orden, la seguridad y la estabilidad económica. Sánchez intentó presentarse como una opción de cambio sin ruptura, alejándose del comunismo, prometiendo respeto a la autonomía del Banco Central y descartando expropiaciones.

Ese giro moderado de Sánchez fue uno de los movimientos más importantes de la recta final. Su campaña ajustó el discurso para reducir el temor económico, especialmente entre votantes urbanos, empresarios e inversores. Sin embargo, el mercado sigue evaluando no solo sus declaraciones, sino la credibilidad de un eventual equipo de gobierno y la capacidad real de sostener estabilidad frente a un Congreso fragmentado.

La reacción financiera ya había mostrado señales de sensibilidad desde abril, cuando Sánchez comenzó a consolidarse como posible finalista. Reuters informó entonces caídas del sol peruano y del índice bursátil local, en medio de la preocupación por propuestas vinculadas a una nueva Constitución, revisión de contratos mineros y mayores impuestos a la riqueza o a ganancias extraordinarias.

A diferencia de otros países de la región, Perú llega al balotaje con una macroeconomía relativamente sólida. El Banco Central de Reserva mantiene una posición de fuerte credibilidad y las reservas internacionales superaron por primera vez los US$ 100.000 millones, equivalentes a cerca del 29% del PIB. Ese respaldo externo funciona como amortiguador frente a episodios de volatilidad cambiaria.

El BCRP también mantuvo en mayo su tasa de referencia en 4,25%, en un contexto de inflación anual de 4,01%, por encima del rango meta, pero con expectativas de moderación hacia adelante. Ese cuadro permite pensar que el riesgo principal no es una crisis macroeconómica inmediata, sino una crisis política que afecte confianza, inversión y gobernabilidad.

La minería es el punto más sensible de la agenda económica. Perú es uno de los principales productores mundiales de cobre y otros minerales, y cualquier señal de revisión contractual, aumento de carga tributaria o intervención estatal puede mover expectativas de inversión. En ese terreno, Fujimori aparece como la candidata más favorable para el sector privado, mientras Sánchez busca despejar el temor a una ruptura con el modelo económico.

Pero el mercado tampoco mira a Keiko como una garantía absoluta de estabilidad. Su eventual triunfo podría generar alivio inicial en moneda, bonos y bolsa, aunque el impacto dependerá del margen de victoria y de la reacción política posterior. Un resultado estrecho o impugnado podría limitar cualquier efecto positivo.

El antecedente de la primera vuelta pesa. La definición de los finalistas demoró semanas, en medio de actas observadas, reclamos, denuncias y tensión sobre los organismos electorales. Si el balotaje vuelve a resolverse por diferencia mínima, el riesgo de una etapa poselectoral prolongada puede convertirse en el principal factor de incertidumbre.

En términos políticos, el país parece votar más por rechazo que por adhesión. Para una parte del electorado, Fujimori representa orden frente a inseguridad y continuidad económica frente a incertidumbre. Para otra, Sánchez representa cambio frente a un sistema político asociado a corrupción, desigualdad y bloqueo institucional.

La inseguridad también ordena la campaña. Fujimori intenta capitalizar el temor ciudadano con una agenda de mano dura, control del crimen organizado y fortalecimiento policial. Sánchez, en cambio, plantea una lectura más estructural, vinculada a desigualdad, corrupción policial y falta de presencia estatal en territorios periféricos.

La elección expresa una fractura territorial y social profunda. Lima y sectores urbanos de la costa aparecen más inclinados hacia Fujimori, mientras Sánchez conserva mayor fortaleza en zonas rurales, andinas y del sur. Esa división ya fue visible en elecciones anteriores y vuelve a marcar el mapa político peruano.

El próximo presidente asumirá el 28 de julio con un desafío inmediato: transformar una victoria probablemente ajustada en capacidad efectiva de gobierno. Perú ha tenido ocho presidentes en una década y mantiene niveles muy bajos de confianza en sus instituciones. El problema no terminará con el conteo de votos.

Para los mercados, el escenario ideal no es solamente que gane una u otra candidatura, sino que el resultado sea claro, reconocido y acompañado por señales rápidas de estabilidad institucional. Un gabinete económico confiable, respeto al Banco Central, prudencia fiscal y mensajes moderados hacia la inversión serán claves en las primeras horas posteriores al balotaje.

Perú llega así a una elección decisiva con una economía más fuerte que su sistema político. Las reservas, el Banco Central y la disciplina macroeconómica ofrecen defensas relevantes. Pero la polarización, el rechazo cruzado y el riesgo de una disputa poselectoral recuerdan que el principal problema peruano no está en los números de la economía, sino en la fragilidad de su gobernabilidad.

 

Imagen: AFP

Internacionales
2026-06-03T11:45:00

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