INTERNACIONALES / AMÉRICA LATINA
Rubio refuerza el eje de seguridad de Estados Unidos y disputa a China la influencia regional
12.09.2026
WASHINGTON (Uypress) – El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, concluyó una gira de tres días por Colombia, Ecuador y Perú con la que la Administración de Donald Trump busca consolidar una nueva red regional de seguridad, ampliar la cooperación contra el narcotráfico y contener la creciente influencia de China en América Latina.
Rubio se reunió con los presidentes Abelardo de la Espriella, en Colombia; Daniel Noboa, en Ecuador, y Keiko Fujimori, en Perú. Los tres gobiernos mantienen una orientación conservadora y han colocado la lucha contra el crimen organizado entre sus principales prioridades.
La gira, realizada entre el 8 y el 10 de septiembre, combinó conversaciones sobre seguridad, migración y control fronterizo con negociaciones económicas, cooperación militar e inversiones en sectores considerados estratégicos.
El principal instrumento promovido por Washington es el Escudo de las Américas, una coalición creada para coordinar acciones contra los carteles, mejorar el intercambio de información y facilitar operaciones conjuntas entre las fuerzas de seguridad de sus integrantes.
Con las recientes incorporaciones de Colombia y Perú, la iniciativa reúne a 15 países, incluido Estados Unidos.
Además de las tres naciones visitadas por Rubio, participan Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, El Salvador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, República Dominicana y Trinidad y Tobago.
Una nueva arquitectura regional de seguridad
El Escudo de las Américas fue presentado en marzo de 2026 durante una cumbre encabezada por Trump en Florida y celebrada con mandatarios latinoamericanos ideológicamente próximos a la Casa Blanca.
La iniciativa busca articular el intercambio de inteligencia, la cooperación judicial, la persecución de flujos financieros ilegales y la realización de operaciones contra organizaciones criminales que actúan en varios países.
También comprende el fortalecimiento de los controles migratorios y fronterizos, la vigilancia de las rutas marítimas utilizadas para transportar drogas y la coordinación frente a actividades como la minería ilegal, el tráfico de armas y el lavado de activos.
La participación no supone que Estados Unidos pueda realizar operaciones militares dentro del territorio de sus aliados sin autorización.
Durante su visita a Lima, Rubio aseguró que Washington dispone de capacidad para actuar unilateralmente, pero afirmó que no emprenderá operaciones dentro de países latinoamericanos sin el consentimiento de sus respectivos gobiernos.
El secretario de Estado defendió la cooperación como la alternativa más eficaz para enfrentar a organizaciones que, según Washington, desarrollaron capacidades económicas, territoriales y armadas comparables con las de estructuras insurgentes.
Colombia recupera un lugar central
La gira comenzó en Colombia, donde Rubio se reunió con el presidente Abelardo de la Espriella.
El encuentro marcó un acercamiento entre Washington y Bogotá después de un período de tensiones políticas y diplomáticas. Ambos gobiernos acordaron reforzar la cooperación contra el narcotráfico, modernizar las capacidades de defensa y ampliar el intercambio de información.
Colombia continúa siendo uno de los principales productores mundiales de cocaína y ocupa una posición estratégica por sus fronteras con Venezuela, Ecuador, Perú, Brasil y Panamá, además de sus costas sobre el Caribe y el Pacífico.
De la Espriella autorizó una cooperación más estrecha con Estados Unidos y anunció que Medellín albergará la sede colombiana del Escudo de las Américas.
La agenda bilateral incluyó también energía, comercio, reconstrucción de infraestructuras y posibilidades de inversión estadounidense.
Para la Casa Blanca, la incorporación de Colombia resulta especialmente significativa debido a las décadas de colaboración militar y policial entre ambos países y a la experiencia adquirida mediante el Plan Colombia.
Ecuador recibe fondos y embarcaciones
En Quito, Rubio anunció que solicitará al Congreso estadounidense 45 millones de dólares adicionales para financiar programas de seguridad en Ecuador.
Washington también prevé destinar otros diez millones de dólares a combatir la minería ilegal, el reclutamiento de jóvenes por organizaciones criminales y las operaciones financieras ilícitas.
El paquete incluye la entrega de un guardacostas y cinco embarcaciones interceptoras a la Armada ecuatoriana, que se sumarán a otras siete suministradas durante 2026.
Rubio anunció además la designación de Los Tiguerones como organización terrorista extranjera. Estados Unidos acusa a la banda de participar en el narcotráfico, asesinatos, extorsiones y ataques como la toma de un canal de televisión ecuatoriano en enero de 2024.
El Gobierno de Noboa intensificó durante los últimos años la colaboración con Washington frente a las organizaciones criminales que utilizan los puertos y las aguas ecuatorianas para transportar cocaína hacia América del Norte y Europa.
Las operaciones marítimas conjuntas también generan cuestionamientos. Organizaciones defensoras de los derechos humanos y algunos gobiernos latinoamericanos consideran que la destrucción de embarcaciones sospechosas puede constituir una ejecución extrajudicial si no existen procedimientos suficientes para verificar la identidad de sus ocupantes.
Rubio respondió que el objetivo estadounidense consiste en perseguir a narcotraficantes y no a pescadores, y aseguró que cada operación será evaluada con las autoridades del país correspondiente.
Perú se suma a la coalición
La última escala fue Lima, donde la presidenta Keiko Fujimori confirmó formalmente la incorporación de Perú al Escudo de las Américas.
Fujimori sostuvo que el mecanismo permitirá acelerar el intercambio de información y responder con mayor rapidez frente a organizaciones criminales que operan en diferentes países.
Perú es uno de los mayores productores mundiales de cocaína y el segundo principal cultivador de hoja de coca, por detrás de Colombia.
El país enfrenta además un aumento de las extorsiones, los asesinatos por encargo, la minería ilegal y la actividad de bandas que operan desde los establecimientos penitenciarios.
Rubio vinculó la cooperación en seguridad con inversiones estadounidenses en minerales críticos, tecnología, inteligencia artificial e infraestructura militar.
Estados Unidos ya participa en la modernización de la base naval del Callao y promueve la venta de aviones de combate F-16 para renovar la flota de la Fuerza Aérea peruana.
El pulso con China
Aunque la seguridad dominó las declaraciones públicas, la competencia con China atravesó toda la gira.
El país asiático se convirtió en uno de los principales socios comerciales de América del Sur y mantiene inversiones relevantes en minería, electricidad, telecomunicaciones, energía e infraestructura portuaria.
Perú ocupa un lugar central en esa expansión. La empresa estatal china Cosco controla el puerto de Chancay, una infraestructura construida para conectar directamente la costa sudamericana con los mercados asiáticos.
Rubio acusó a algunas empresas respaldadas por el Partido Comunista Chino de intentar eludir controles regulatorios y planteó que las inversiones de Estados Unidos ofrecen mayor transparencia y protección de la soberanía nacional.
La Embajada de China en Perú rechazó esas declaraciones y afirmó que sus inversiones cumplen las leyes nacionales. También sostuvo que América Latina no constituye el “patio trasero” de ninguna potencia y que sus países tienen derecho a elegir libremente a sus socios.
Fujimori, aunque profundizó el acercamiento con Washington, afirmó que Perú conservará su soberanía y continuará manteniendo relaciones comerciales con Asia y Europa.
Seguridad, economía e influencia
La Administración Trump presenta el Escudo de las Américas como una respuesta colectiva frente a organizaciones criminales que superan las capacidades de los Estados nacionales.
Sin embargo, la selección de gobiernos políticamente afines y el énfasis estadounidense en contrarrestar a China muestran que la iniciativa también forma parte de una disputa más amplia por la influencia regional.
Washington busca recuperar presencia en una zona donde durante las últimas décadas China amplió su participación comercial, financió grandes proyectos de infraestructura y se convirtió en un comprador fundamental de materias primas.
La estrategia combina asistencia militar, intercambio de inteligencia, inversión privada y presión diplomática para que los países latinoamericanos reduzcan su dependencia de empresas estatales chinas en sectores considerados sensibles.
La gira de Rubio mostró que Colombia, Ecuador y Perú están dispuestos a fortalecer la asociación con Estados Unidos, particularmente frente al narcotráfico y la inseguridad.
El resultado a largo plazo dependerá de si esa cooperación produce mejoras verificables sin debilitar la soberanía de los países participantes ni convertir la lucha contra el crimen en un mecanismo de alineamiento automático con Washington.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias