UCRANIA / RUSIA Y CANJE DE PRISIONEROS
Rusia y Ucrania intercambiaron 205 prisioneros por lado en medio de una tregua frágil
15.05.2026
KIEV (Uypress) – Rusia y Ucrania intercambiaron este viernes 205 prisioneros de guerra por cada lado, una semana después de que Donald Trump anunciara un acuerdo humanitario más amplio entre Moscú y Kiev. El canje fue presentado como una primera fase de un intercambio mayor, aunque la guerra continúa marcada por ataques, acusaciones cruzadas y negociaciones estancadas.
El Ministerio de Defensa ruso informó que 205 militares rusos fueron devueltos desde territorio controlado por Ucrania y que, en contrapartida, Moscú entregó la misma cantidad de prisioneros ucranianos. Según la cartera, los soldados rusos liberados fueron trasladados a Bielorrusia, donde reciben asistencia médica y psicológica antes de regresar a Rusia para continuar su recuperación.
El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, confirmó el retorno de 205 militares ucranianos, entre integrantes de las Fuerzas Armadas, la Guardia Nacional y el Servicio Estatal de Fronteras. Según Kiev, muchos de los liberados permanecían en cautiverio desde 2022, incluyendo combatientes capturados durante la defensa de Mariúpol, uno de los episodios más duros del inicio de la invasión rusa.
El intercambio forma parte de un acuerdo más amplio que prevé la liberación de hasta 1.000 prisioneros por cada bando. Ese compromiso fue anunciado por Trump el 8 de mayo, junto con una tregua de tres días entre Rusia y Ucrania, prevista del 9 al 11 de mayo y vinculada a las conmemoraciones rusas por el Día de la Victoria.
La mediación de Emiratos Árabes Unidos volvió a ser clave. Abu Dabi ya había participado en canjes anteriores y consolidó un papel diplomático discreto pero relevante en la dimensión humanitaria de la guerra. En un conflicto donde las negociaciones políticas siguen bloqueadas, los intercambios de prisioneros se mantienen como uno de los pocos canales de contacto operativo entre las partes.
El canje tiene una carga humanitaria evidente. Para las familias, el regreso de prisioneros significa cerrar meses o años de incertidumbre, cautiverio, falta de información y deterioro físico y psicológico. Para los gobiernos, en cambio, también tiene valor político: permite mostrar resultados concretos ante sociedades agotadas por una guerra que ya entró en su quinto año.
Sin embargo, el intercambio no implica un avance decisivo hacia la paz. La tregua anunciada alrededor del 9 de mayo fue rápidamente cuestionada por ambas partes, que se acusaron mutuamente de violarla. Ucrania denunció ataques rusos durante y después de la pausa, mientras Moscú sostuvo que Kiev mantuvo acciones ofensivas contra posiciones rusas.
La fragilidad del acuerdo quedó expuesta apenas terminada la tregua. Rusia lanzó una de sus mayores oleadas aéreas recientes contra territorio ucraniano, con ataques sobre Kiev y otras ciudades, mientras Ucrania continuó utilizando drones para golpear infraestructura rusa. El canje de prisioneros convivió así con una escalada militar que limita cualquier optimismo diplomático.
También se produjo un intercambio de cuerpos de soldados caídos. Según reportes internacionales, Ucrania recibió 526 cuerpos y Rusia 41, en una operación separada pero vinculada a los mecanismos humanitarios de la guerra. Ese dato muestra la magnitud del costo humano y la dificultad de reconstruir incluso la identidad y destino de miles de combatientes.
El acuerdo anunciado por Trump buscaba instalar una señal de distensión. El presidente estadounidense presentó la tregua y el canje como un paso hacia el fin del conflicto. Pero las posiciones de fondo siguen lejos: Rusia reclama reconocimiento de territorios ocupados y garantías estratégicas; Ucrania exige soberanía, seguridad y retirada rusa de su territorio.
El intercambio también tiene importancia interna para Zelenski. Desde el inicio de la invasión, la recuperación de prisioneros se convirtió en una de las prioridades políticas y emocionales de Kiev. Cada regreso es presentado como una victoria humanitaria y una prueba de que el Estado no abandona a sus soldados.
Para Putin, el retorno de militares rusos permite sostener la narrativa de protección de sus combatientes y mostrar que Moscú conserva canales de negociación incluso en medio de la confrontación con Occidente. El traslado inicial a Bielorrusia refleja además el papel de Minsk como retaguardia logística y política del Kremlin.
El canje de 205 por 205 confirma que aún existen espacios de negociación parcial, pero también deja en evidencia sus límites. Las partes pueden acordar intercambios humanitarios, pero no logran traducir esos acuerdos en una reducción sostenida de la guerra.
En Ucrania, cada soldado liberado vuelve a una sociedad que sigue bajo bombardeos. En Rusia, cada prisionero recuperado regresa a un país que mantiene la guerra como eje central de su política exterior y de su movilización interna. El intercambio alivia vidas concretas, pero no cambia todavía la lógica general del conflicto.
La pregunta ahora es si el acuerdo mayor de 1.000 prisioneros por lado podrá completarse. Si avanza, será uno de los mayores intercambios desde el inicio de la invasión. Si se interrumpe, confirmará otra vez que incluso los canales humanitarios dependen del vaivén militar y político de una guerra sin cierre cercano.
Por ahora, el canje deja una imagen doble. Por un lado, 410 personas volvieron a casa. Por otro, la guerra continúa. En esa contradicción se mueve hoy la diplomacia entre Rusia y Ucrania: pequeños alivios humanitarios en medio de un conflicto que sigue lejos de una solución definitiva.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias