INTERNA EN CASA ROSADA
Santilli sube, Karina marca poder y Bullrich queda bajo presión en el Senado
01.07.2026
BUENOS AIRES (Uypress) – La salida de Manuel Adorni de la Jefatura de Gabinete no descomprimió por completo la crisis política del gobierno de Javier Milei. Por el contrario, abrió una nueva etapa de reordenamiento interno en la Casa Rosada, con Diego Santilli en ascenso, Karina Milei marcando autoridad y Patricia Bullrich bajo presión en el Senado.
Santilli juró como nuevo jefe de Gabinete tras la renuncia de Adorni, que dejó el cargo en medio de una investigación judicial y de una fuerte presión parlamentaria. Su llegada busca darle al Gobierno un perfil más político en una etapa en la que Milei necesita recomponer vínculos con gobernadores, ordenar el Congreso y relanzar la agenda de reformas.
El exministro del Interior llega con una ventaja que Adorni no tenía: oficio político, trayectoria dentro del PRO, diálogo con mandatarios provinciales y experiencia en negociación parlamentaria. Esa condición lo convierte en una pieza central del nuevo esquema, pero también en un actor con poder propio.
El cambio de nombres modificó rápidamente el equilibrio interno. Santilli no solo asume la coordinación del gabinete, sino que también queda ubicado como articulador entre Casa Rosada, Congreso y provincias. En los hechos, concentrará buena parte de la tarea política que el Gobierno necesita para sostener sus próximos proyectos legislativos.
La señal fue inmediata. Una amplia presencia de gobernadores en la Casa Rosada acompañó su asunción y mostró que el nuevo jefe de Gabinete será uno de los principales interlocutores de Milei con las provincias. Algunos medios argentinos hablaron de 14 mandatarios confirmados; otros elevaron la cifra a 15 apoyos provinciales en torno a su desembarco.
Más allá del número exacto, la imagen política fue clara: Santilli llega con respaldo territorial y con capacidad de abrir una mesa de negociación que Adorni ya no podía garantizar.
Los gobernadores, sin embargo, no llegan solo a saludar. Llegan con reclamos, recursos pendientes, obras, fondos, infraestructura, deudas y demandas concretas. En la nueva etapa, el oficialismo intentará cambiar apoyo parlamentario por respuestas a las provincias, en un año ya atravesado por la disputa hacia 2027.
Ese es el terreno donde Santilli deberá moverse. Su objetivo será conseguir votos para proyectos sensibles, entre ellos cambios en el sistema electoral, la eventual eliminación o modificación de las PASO, reformas vinculadas a salud mental, iniciativas impulsadas por Federico Sturzenegger y la llamada “Ley Hojarasca”, orientada a derogar normas consideradas obsoletas.
Pero el ascenso de Santilli no es el único movimiento relevante. Karina Milei también decidió marcar territorio.
Según medios argentinos, la secretaria general de la Presidencia ordenó suspender una sesión del Senado que Patricia Bullrich impulsaba para tratar proyectos reclamados por el propio oficialismo. La explicación formal fue la necesidad de reorganizar la relación parlamentaria tras la llegada de Santilli. Pero dentro del Gobierno la lectura fue más política: Karina quiso dejar claro quién conduce.
En paralelo, el sector más cercano a la hermana del Presidente hizo circular el lema “Karina Capitana”, una consigna destinada a reforzar su liderazgo interno y a enviar un mensaje hacia los demás actores del oficialismo.
La pulseada con Bullrich viene de antes. La exministra de Seguridad, ahora jefa del bloque oficialista en el Senado, había buscado reactivar la agenda legislativa tras la salida de Adorni. Su objetivo era avanzar con proyectos demorados por la crisis que generó el exjefe de Gabinete, entre ellos la ley de inviolabilidad de la propiedad privada, pliegos judiciales y otros asuntos pendientes.
Sin embargo, la Casa Rosada no quiere que Bullrich se mueva con autonomía en el Senado. Karina Milei y su entorno buscan intervenir más directamente en la conducción legislativa, coordinar grupos de diputados y senadores y evitar que la jefa del bloque construya poder propio por fuera del control presidencial.
El conflicto revela una tensión más profunda dentro de La Libertad Avanza. Milei gobierna con un partido minoritario, depende del PRO y de aliados provinciales, y necesita una arquitectura legislativa que le permita aprobar reformas. Pero al mismo tiempo, su mesa chica intenta que nadie acumule demasiado poder fuera del núcleo familiar y del círculo de máxima confianza.
Santilli queda ubicado en el centro de esa tensión. Es el elegido de Karina para ordenar la etapa, pero también es un dirigente del PRO con historia, contactos y ambiciones propias. Su llegada fortalece al oficialismo en términos de negociación, pero introduce una figura con volumen político real dentro de una estructura acostumbrada a la verticalidad.
El PRO, por su parte, lee la designación como una oportunidad. Después de haber sostenido al Gobierno en votaciones clave y de haber marcado límites frente a la permanencia de Adorni, el partido fundado por Mauricio Macri obtiene ahora un lugar de mayor peso en la conducción del Ejecutivo.
La llegada de Santilli no significa que el PRO controle el Gobierno, pero sí confirma que Milei ya no puede administrar la segunda etapa de su mandato sin dirigentes con experiencia territorial y parlamentaria.
Ese dato es central para entender la nueva fase. La crisis de Adorni paralizó durante meses buena parte de la agenda legislativa. La oposición impulsaba pedidos de interpelación y mociones de censura, mientras el oficialismo gastaba energía en defender a un funcionario cada vez más debilitado.
Con Adorni fuera, el Gobierno quiere recuperar iniciativa. Pero para hacerlo necesita ordenar su propia interna antes de negociar hacia afuera.
La agenda pendiente es extensa. En el Senado, Bullrich busca avanzar con proyectos que ya habían sido postergados. En Diputados, el oficialismo necesita sostener acuerdos con bloques aliados. Con los gobernadores, Santilli deberá discutir recursos y respaldos políticos. Y dentro de la Casa Rosada, Karina Milei intentará mantener la última palabra.
La eliminación de las PASO aparece como uno de los objetivos más sensibles. El Gobierno considera que las primarias favorecen a la oposición para ordenar candidaturas en 2027 y quiere avanzar hacia una reforma electoral. Pero los votos no están asegurados y varios gobernadores condicionan cualquier apoyo a respuestas concretas en materia fiscal, obra pública o infraestructura.
Santilli venía trabajando ese frente desde Interior. Ahora, desde la Jefatura de Gabinete, tendrá más herramientas y más visibilidad. También más exposición.
El nuevo cargo lo coloca como responsable de la gestión diaria y de la negociación política. Si logra destrabar leyes, fortalecer el vínculo con provincias y ordenar la relación con el PRO, Milei podrá mostrar una etapa de mayor eficacia. Si fracasa, la crisis que comenzó con Adorni puede derivar en una fragmentación más profunda del oficialismo.
Bullrich, mientras tanto, no queda fuera del tablero. Mantiene peso propio, conduce el bloque oficialista en el Senado y conserva capacidad de presión. Pero la decisión de Karina de supervisar la agenda legislativa le marca un límite.
La escena muestra tres polos de poder dentro del oficialismo: Karina Milei como control político y guardiana del núcleo presidencial; Bullrich como figura de volumen en el Senado; y Santilli como nuevo articulador de gestión, provincias y Congreso.
El Presidente queda en el centro, obligado a equilibrar esas fuerzas mientras intenta recuperar la agenda pública.
La salida de Adorni cerró una etapa de desgaste, pero no resolvió los problemas de fondo. El Gobierno sigue sin mayoría propia, depende de aliados exigentes y debe negociar cada ley en un Congreso donde la oposición aprendió a usar la debilidad oficialista como herramienta.
La diferencia es que ahora Milei apuesta a un operador político más profesional para administrar esa fragilidad.
Santilli llega con poder. Karina marca el mando. Bullrich resiste en el Senado. Y el Gobierno intenta transformar una crisis en una oportunidad para relanzar reformas y ordenar su camino hacia 2027.
La pregunta es si ese nuevo reparto alcanzará para darle estabilidad a la Casa Rosada o si apenas inaugura otra interna dentro del oficialismo.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias