Starlink no se puede vender en Cuba, pero muchos ya lo usan clandestinamente

06.04.2026

LA HABANA (Uypress) – Muchos cubanos ya se han volcado al uso de Starlink, desafiando la prohibición, como forma de evitar la falta de luz y las dificultades de acceso a Internet.

 

En un país donde internet sigue siendo caro, inestable y vulnerable a los apagones, algunos cubanos han decidido saltarse la prohibición y montar su propia salida al mundo, destaca Pablo Padilla Cruz en una nota para 14yMedio.

En algunas azoteas de La Habana, Matanzas o Santa Clara, donde generalmente sobresalen tanques de agua, tendederas, palomares y viejas antenas de televisión, comienza a asomarse, "o más bien a ocultarse", otro objeto: el plato rectangular de Starlink.

Pero el tema no es sencillo. De acuerdo a la reseña citada, el primer obstáculo es la Aduana. Estos son algunos de los trucos empleados, según un usuario: "Una antena armada salta enseguida en el escáner", explica. "Hay que volverla irreconocible: desmontarla en piezas, meterla dentro de un televisor o una torre de computadora, mezclarla con cables, herramientas y chatarra electrónica". A veces funciona. Otras, la diferencia entre perderlo todo o salir del aeropuerto depende de encontrar a un oficial dispuesto a mirar hacia otro lado a cambio de dos o tres billetes de 20 dólares doblados dentro del pasaporte.

Una vez dentro del país, la antena se arma en silencio. Luego hay que instalarla en un punto con suficiente cielo despejado, pero sin quedar demasiado expuesta a la vista desde la calle o desde la casa del vecino. Después se conecta a una batería de respaldo (UPS) o un pequeño sistema solar para resistir los apagones.

Como la estatal Etecsa no garantiza el suministro, muchos usuarios recurren a la ayuda de familiares que viven en el extranjero para poder pagar la suscripción. "Con Etecsa yo no podía sostener una reunión completa. Se caía todo. Ahora pago la suscripción con ayuda de mi hermano en Miami. Es caro, sí, pero me deja trabajar", señala un joven dedicado a trabajar en programación para el exterior.

Un punto de inflexión en la visibilización del tema llegó el 16 de marzo de 2026, cuando Elon Musk escribió en X una frase que confirmó lo que ya circulaba como rumor clandestino entre usuarios de la Isla: "Funciona en Cuba, simplemente no se puede vender allí".

Si bien la declaración del multimillonario no cambió la situación legal, sí despejó la principal duda técnica. La cobertura existe. Lo que no existe es la autorización del Estado cubano para comercializar el servicio o tolerar su uso abierto.

La situación demanda ingenio, algo a lo que los cubanos están acostumbrados a usar. Así se explica en la nota de 14yMedio: la señal sobre Cuba no basta por sí sola. Los teléfonos móviles comunes no están diseñados para enlazarse directamente con los satélites de Starlink como sustituto pleno de una red fija o móvil. Para eso hace falta el terminal específico de la empresa y un router que distribuya la conexión. La opción de conexión directa entre satélite y celular sigue siendo limitada y no ofrece, por ahora, la capacidad que necesita quien pretende sostener una jornada de teletrabajo, una videollamada estable o un negocio conectado a internet.

Uno de los trucos más usados consiste en registrar el servicio fuera de Cuba. Como Starlink no vende oficialmente en la Isla, muchos usuarios dependen de cuentas activadas en terceros países, como México o Estados Unidos. El equipo entra ya asociado a un plan de itinerancia y se usa en territorio cubano aprovechando esa vía. No es una solución estable ni garantizada a largo plazo, porque depende de las reglas del propio servicio y de los mercados autorizados, pero hoy sostiene buena parte de las instalaciones clandestinas.

Otro truco necesario es el camuflaje. La antena necesita ver el cielo, pero no debe llamar la atención del barrio. Algunos la esconden dentro de falsas cajas de aire acondicionado. Otros la colocan detrás de muros o la pintan de gris cemento para confundirla con la azotea. También hay quien la mete dentro de estructuras plásticas recortadas, con materiales que no bloqueen la señal, para que desde abajo parezca otra cosa.

El tercer truco tiene que ver con la electricidad. De poco sirve una línea fija cuando un barrio puede pasar horas, o más de un día, sin corriente. Por eso muchos usuarios conectan la antena y el router a baterías de litio, UPS o pequeños sistemas solares. Si el Estado no garantiza ni la luz ni internet, quien puede permitírselo intenta independizarse de ambos al mismo tiempo.

En términos de costo, Starlink está muy lejos del bolsillo medio cubano. Mientras en Estados Unidos o México un kit estándar puede costar entre 300 y 450 dólares, en la Isla ese mismo equipo se dispara en el mercado negro hasta los 1.300 o 1.800 dólares, una diferencia que no responde a mejoras técnicas, sino al riesgo de importación, el camuflaje, los sobornos y la posibilidad de decomiso. A eso se suma la mensualidad: los planes de itinerancia o roaming, que son los que permiten usar el servicio en un país donde no se vende oficialmente, rondan entre 90 y 120 dólares mensuales, aunque en Cuba muchos terminan pagando alrededor de 150 a revendedores que gestionan la cuenta desde el exterior. En la práctica, no se paga solo por internet, sino por toda la cadena de ilegalidad y dependencia financiera que hace posible encender la antena.

 

Internacionales
2026-04-06T08:44:00

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias