MEDIO ORIENTE / EEUU, IRÁN Y PROGRAMA NUCLEAR

Trump exige que Irán entregue su uranio enriquecido para firmar la paz

31.05.2026

WASHINGTON (Uypress) – Donald Trump endureció las condiciones para cerrar un acuerdo de paz con Irán y dejó claro que no firmará ningún entendimiento si Teherán conserva el control de su uranio altamente enriquecido.

El presidente de Estados Unidos sostiene que Irán no puede mantener una reserva nuclear capaz de ser enriquecida rápidamente hasta niveles de uso militar. Ese punto se convirtió en el principal obstáculo de las negociaciones abiertas para extender el alto el fuego y avanzar hacia un acuerdo más amplio sobre el programa nuclear iraní.

Trump afirmó que tomará una decisión final sobre el eventual pacto después de una reunión en la Sala de Situación de la Casa Blanca. Su línea roja es explícita: Irán no podrá poseer jamás un arma nuclear ni conservar material que le permita acercarse a esa capacidad.

La discusión gira alrededor del uranio enriquecido al 60%, un nivel muy superior al necesario para la mayoría de los usos civiles y mucho más cercano al 90% requerido para fabricar un arma nuclear. Según estimaciones de la Agencia Internacional de Energía Atómica, Irán tenía 440,9 kilos de uranio enriquecido hasta 60% antes de los ataques israelíes y estadounidenses contra sus instalaciones nucleares.

No se sabe con precisión cuánto de ese material sobrevivió. El director de la OIEA, Rafael Grossi, sostuvo que el organismo cree que algo más de 200 kilos permanecen almacenados en un complejo subterráneo en Isfahán, que habría resultado menos afectado que otros sitios nucleares iraníes.

Ese material es hoy la carta más fuerte de Teherán y la mayor preocupación de Washington. Para Estados Unidos, la existencia de esa reserva mantiene abierta la posibilidad de que Irán reduzca de forma drástica el tiempo necesario para producir material apto para un arma nuclear. Para el régimen iraní, en cambio, conservar parte del uranio es una garantía estratégica frente a nuevos ataques.

La Casa Blanca pretende que el material sea extraído, entregado o destruido bajo supervisión internacional. Trump habló incluso de desenterrar y destruir el uranio en coordinación con Irán y la OIEA. También se evaluó la posibilidad de enviarlo a un tercer país, con Kazajistán como eventual destino, dado que ya alberga un banco internacional de uranio bajo supervisión del organismo nuclear de Naciones Unidas.

Irán rechaza públicamente esa exigencia. Reuters informó que el líder supremo Mojtaba Khamenei ordenó que el uranio enriquecido permanezca dentro del país, una posición que endurece la postura iraní y complica el avance de la negociación.

Fuentes iraníes admiten que podrían existir fórmulas técnicas, como diluir parte del material bajo supervisión de la OIEA o enviar una fracción a un tercer país a cambio de uranio enriquecido a niveles bajos. Pero, por ahora, Teherán no acepta la condición central de Washington: perder el control efectivo sobre su reserva estratégica.

El debate nuclear se mezcla con otros puntos sensibles del preacuerdo. Estados Unidos exige la reapertura plena del estrecho de Ormuz, el retiro de minas y la garantía de libre navegación. Irán, por su parte, reclama el levantamiento del bloqueo naval sobre sus puertos, garantías de no agresión y alivio de sanciones económicas.

Las dos partes reconocen que existe un texto preliminar para extender la tregua durante 60 días e iniciar conversaciones nucleares, pero discrepan sobre su contenido. Washington presenta el acuerdo como un paso hacia la eliminación del riesgo nuclear iraní. Teherán sostiene que las versiones estadounidenses mezclan hechos con propaganda y que no hay pacto cerrado.

La desconfianza es profunda. Autoridades iraníes temen que una pausa diplomática sea utilizada por Estados Unidos e Israel para preparar nuevos ataques. En Washington, en cambio, sectores duros del gobierno y aliados regionales como Israel presionan para que Trump no acepte ningún acuerdo que deje a Irán con uranio enriquecido, misiles balísticos o capacidad de reconstruir su programa.

Israel también considera el uranio un punto innegociable. Benjamin Netanyahu sostiene que la guerra no puede darse por terminada mientras Teherán mantenga reservas de material enriquecido, apoyo a milicias regionales y capacidades misilísticas capaces de amenazar a Israel y a bases estadounidenses en Medio Oriente.

La Guardia Revolucionaria iraní aparece como otro actor decisivo. Aunque la negociación formal se canaliza por vías diplomáticas y con mediadores como Pakistán, el poder real en Teherán se reparte entre el liderazgo religioso, los mandos militares y las estructuras de seguridad del régimen. Cualquier concesión sobre el uranio necesitaría aval político interno y garantías suficientes para evitar que sea leída como una rendición.

El problema para Trump es que el tiempo juega en dos direcciones. Un acuerdo puede permitirle presentar una victoria diplomática, estabilizar el Golfo y reducir la presión sobre el petróleo. Pero aceptar un pacto débil lo expondría a críticas de Israel, de los republicanos más duros y de quienes consideran que Irán solo entiende la presión militar.

Para Irán, el dilema también es severo. Mantener el uranio le da poder de negociación, pero puede justificar nuevos ataques. Entregarlo o diluirlo podría abrir la puerta a un alivio económico y al fin del bloqueo, pero significaría renunciar a su principal activo estratégico en la mesa.

Por eso el acuerdo sigue trabado en el punto más delicado: quién controla el material nuclear. No es una discusión técnica, sino política y militar. El uranio de Isfahán define si la tregua puede convertirse en paz o si Medio Oriente vuelve a una fase de ataques cruzados.

Trump ya fijó su condición. Irán no puede conservar capacidad para fabricar bombas nucleares. Teherán, por ahora, responde que su programa es soberano y que su uranio no saldrá del país.

Entre esas dos posiciones se juega el futuro inmediato de la guerra.

Internacionales
2026-05-31T11:57:00

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