ESTADOS UNIDOS / ISRAEL, IRÁN Y LA FRACTURA ESTRATÉGICA
Trump frena nuevos ataques contra Irán y abre una grieta con Netanyahu
22.05.2026
WASHINGTON (Uypress) – La guerra contra Irán abrió una fisura visible entre Donald Trump y Benjamin Netanyahu. Una conversación tensa entre el presidente de Estados Unidos y el primer ministro de Israel reflejó las diferencias crecientes sobre cómo continuar la ofensiva militar y hasta dónde dar margen a las negociaciones diplomáticas.
Trump había transmitido inicialmente a Netanyahu que probablemente avanzaría con nuevos ataques selectivos contra Irán esta semana, en el marco de una operación que podía recibir el nombre de “Operación Maza”. Pero unas 24 horas después, el mandatario estadounidense anunció que suspendía los bombardeos previstos para el martes, luego de pedidos directos de aliados del Golfo, entre ellos Qatar, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos.
La decisión molestó a Netanyahu. El jefe del gobierno israelí viene defendiendo una línea más agresiva frente a Teherán y considera que cualquier pausa permite a Irán ganar tiempo, reconstruir capacidades militares y endurecer su posición negociadora. En la conversación con Trump, según funcionarios estadounidenses e israelíes citados por CNN, Netanyahu sostuvo que postergar los ataques era un error.
Trump, en cambio, intenta mantener abierta una ventana diplomática. Reuters informó que el presidente estadounidense dijo haber frenado un ataque militar planificado contra Irán después de recibir una nueva propuesta de paz de Teherán y tras gestiones de mediación de países del Golfo y de Pakistán. El mandatario advirtió, sin embargo, que una ofensiva de gran escala sigue sobre la mesa si no se alcanza un acuerdo aceptable.
El giro marca un cambio táctico importante. Durante semanas, Washington e Israel actuaron de forma coordinada en una campaña militar contra objetivos iraníes. Pero la presión regional, el impacto energético del conflicto y el temor a una escalada más amplia llevaron a varias monarquías del Golfo a pedir tiempo para explorar una salida negociada.
La posición de esos países no responde únicamente a una preocupación diplomática. Qatar, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos temen que una nueva ofensiva estadounidense provoque represalias iraníes contra infraestructura energética, rutas marítimas, bases militares o territorio de aliados de Washington. La tensión en el estrecho de Ormuz y la amenaza sobre los flujos globales de petróleo y gas agregan urgencia al intento de contención.
El conflicto ya dejó al descubierto los límites de la alianza entre Washington y Tel Aviv. Israel busca impedir que Irán preserve capacidades militares y nucleares que considera existenciales. Trump, aunque mantiene una postura dura, enfrenta presiones internas, desgaste político, costos militares crecientes y dudas en el Congreso sobre la legalidad de continuar una guerra sin autorización legislativa expresa.
La discusión interna en Estados Unidos pesa cada vez más. En el Senado, demócratas y algunos republicanos comenzaron a impulsar medidas para limitar los poderes bélicos de Trump y obligarlo a obtener autorización del Congreso si quiere continuar la campaña contra Irán. Ese frente político reduce el margen del presidente para actuar solo bajo el argumento de sus atribuciones como comandante en jefe.
La Casa Blanca también debe administrar el impacto económico. La guerra elevó la tensión sobre los mercados energéticos y encendió alertas por una posible crisis de suministro durante los meses de mayor demanda. La interrupción parcial del tránsito por Ormuz y las amenazas iraníes sobre rutas marítimas sensibles convirtieron la cuestión militar en un problema global de precios, inflación y estabilidad financiera.
En ese contexto, Netanyahu presiona por acelerar. Para Israel, la demora implica conceder a Irán una ventaja estratégica. Funcionarios israelíes sostienen que Teherán utiliza cada pausa para dispersar activos, recomponer defensas, proteger instalaciones sensibles y mejorar su posición antes de cualquier eventual acuerdo.
Para Trump, el cálculo es más ambiguo. El presidente quiere mostrar fuerza, pero también evitar quedar atrapado en una guerra regional sin salida rápida. La posibilidad de un acuerdo nuclear o de seguridad, aunque todavía lejana, le permitiría presentar la suspensión de ataques como una decisión de liderazgo y no como una concesión.
La tensión entre ambos líderes no significa una ruptura de la alianza. Estados Unidos sigue siendo el principal respaldo militar y diplomático de Israel, y la administración Trump mantiene una línea dura contra Irán. Pero el episodio muestra que los intereses no son idénticos. Israel mira la amenaza iraní desde una lógica de supervivencia inmediata; Washington calcula también el costo global, regional y doméstico de una escalada.
La pregunta de fondo es quién marca el ritmo de la guerra. Netanyahu quiere que Estados Unidos mantenga la presión militar hasta quebrar la capacidad iraní. Trump, en cambio, parece dispuesto a usar la amenaza de nuevos ataques como herramienta de negociación, al menos mientras los aliados del Golfo crean posible una salida diplomática.
Esa diferencia puede volverse decisiva en los próximos días. Si las negociaciones fracasan, Trump podría retomar los ataques y cerrar momentáneamente la grieta con Netanyahu. Pero si la Casa Blanca prolonga la pausa, Israel deberá decidir si acepta el compás estadounidense o si aumenta su presión política y militar para forzar una nueva fase del conflicto.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias