COLUMNISTA

Valenti en el portal meer.com: "Irán: la derrota de Trump"

22.04.2026

MONTEVIDEO (Uypress) - Meer, medio digital editado en seis idiomas con un flujo incesante de noticias, artículos y reportajes, publica una nueva columna de nuestro director Esteban Valenti. Es material inédito, especial para ese sitio web. 'Irán: la derrota de Trump. De la ruptura del acuerdo nuclear al desgaste interno: las consecuencias de la ofensiva estadounidense'. https://www.meer.com/es/106864-iran-la-derrota-de-trump

Irán: la derrota de Trump. De la ruptura del acuerdo nuclear al desgaste interno: las consecuencias de la ofensiva estadounidense

Los analistas militares están obligados a mirar hacia adelante y hacer previsiones, si no son simples cronistas. Como mis notas en Meer las escribo mínimo una semana antes de su publicación, aunque no quisiera, estoy obligado a hacer previsiones.

Donald Trump, arrastrado a atacar Irán por Benjamín Netanyahu el 28 de febrero de este año, está perdiendo estratégicamente la guerra y no tiene soluciones a la vista. A menos que haga uso de armas nucleares o bombardee la Central Nuclear de Bushehr: está situada en la costa del Golfo Pérsico. Es la planta más emblemática porque fue iniciada por Alemania y terminada por Rusia.

En ambos casos sería el inicio de una nueva situación mundial, una escalada hacia una guerra nuclear. No me gusta en absoluto manosear este tema terrible, pero con Trump no hay casi límites a sus aventuras, que muchos vinculan con desequilibrios mentales.

Muchos psiquiatras, basándose en la observación de sus discursos y acciones, han sugerido que presenta rasgos de Narcisismo Maligno.

Recientemente, legisladores y algunas figuras que antes eran aliadas han expresado preocupación por su "volatilidad" en el manejo de la crisis con Irán, lo que ha llevado a discusiones públicas (aunque todavía sin éxito legal) sobre la Enmienda 25, que permite apartar a un presidente si no es capaz de cumplir con sus deberes por razones de salud física o mental.

La agresión militar de Donald Trump contra Irán constituye un fracaso estratégico de primer orden en el ámbito internacional, sino que además ha tenido un fuerte impacto dentro de los Estados Unidos, liquidando apoyos, dividiendo al electorado y debilitando al propio Partido Republicano. Lo que pretendía ser una demostración de fuerza ha terminado evidenciando una preocupante combinación de actuación ilegal, improvisación, unilateralismo y ceguera política.

El argumento central de la ofensiva de EE.UU e Israel fue nuevamente la supuesta amenaza nuclear iraní, que Tel Aviv viene manejando desde el año 1981 -se destruye fácilmente por el acuerdo alcanzado el 14 de julio de 2015 en el llamado concertado por Alemania, China, los Estados Unidos, la Federación de Rusia, Francia, el Reino Unido, el Alto Representante de la Unión Europea y la República Islámica de Irán.

Aquel acuerdo establecía límites verificables al programa nuclear de Irán. La retirada totalmente caprichosa e impulsiva de Trump del acuerdo no solo liquidó el consenso internacional cuidadosamente construido, sino que empujó a Irán a reactivar sus capacidades nucleares. Es difícil imaginar una forma más clara de sabotear el propio objetivo que se dice perseguir.

En términos estratégicos, la tensión generada en el Estrecho de Ormuz ilustra el carácter irresponsable de la escalada. Antes de la agresión, este paso vital para el comercio energético global permanecía abierto; transitaban de 100-140 buques diarios atravesando el estrecho de Ormuz. El 20% de todo el crudo que navega por el planeta y el mismo porcentaje de gas líquido (GNL).

Con la intervención militar de Israel y Estados Unidos, el tránsito prácticamente colapsó. Más tarde, se convirtió en un foco de riesgo constante. La agresión militar no ha traído seguridad, sino volatilidad e incertidumbre en los precios y sobre todo en el abastecimiento.

La estrategia de confrontación ha fortalecido al régimen iraní. El liderazgo de los ayatolás ha sabido capitalizar la agresión externa para reforzar la cohesión interna, consolidando su posición frente a cualquier disidencia. Washington no ha provocado reformas ni cambios estructurales: ha ofrecido al régimen el enemigo perfecto para legitimarse. La estrategia de Trump no sólo no ha frenado a China, sino que ha acelerado su consolidación como alternativa geopolítica. Cuando pocas semanas antes del ataque Teherán y su régimen teocrático enfrentaban masivas manifestaciones de protesta.

A nivel mundial el balance es igualmente desastroso para EE.UU. El intento de contener el ascenso de China ha fracasado estrepitosamente. Mientras Estados Unidos se empantanaba en una política errática y conflictiva, Pekín ha ampliado su influencia en Oriente Próximo mediante acuerdos económicos y energéticos, proyectándose como un actor más fiable y pragmático.

La subordinación política a Benjamin Netanyahu ha agravado aún más el aislamiento internacional de Washington. El respaldo incondicional a un líder perseguido por el Tribunal Penal Internacional ha deteriorado la imagen de Estados Unidos al representar un peligro cierto en relación con los continuos incumplimientos de la Carta de las Naciones Unidas. A ello se suma la continuidad de las operaciones militares israelíes en Gaza, Cisjordania y el Líbano, ampliamente denunciadas como posibles crímenes de guerra, ante la pasividad de la Unión Europea, que mantiene el Acuerdo de Asociación con Israel, pese a su cláusula condicionante al cumplimiento y respeto de los Derechos Humanos. Esta doble vara de medir ha erosionado la credibilidad de Occidente en su conjunto.

Pero quizá el aspecto más revelador de este fracaso sea su impacto interno. La política exterior de Trump ha dejado de ser un activo político para convertirse en un lastre electoral. Sectores significativos del electorado -incluidos votantes republicanos tradicionalmente reacios a intervenciones exteriores- han mostrado su rechazo a una estrategia percibida como innecesariamente beligerante y carente de resultados. Una de las últimas encuestas de Economist/YouGov (marzo 29 y 30) muestra que sólo el 28% de los votantes de los estadounidenses aprueba total o parcialmente la gestión de Trump en la agresión a Irán. Entre las personas de 18 a 29 años, el 63% se opone a la guerra. Las promesas de evitar "guerras interminables" han quedado en entredicho, alimentando una creciente desconfianza hacia su liderazgo.

Este malestar se ha traducido en protestas en diversas ciudades de Estados Unidos, donde ocho millones de manifestantes han denunciado el riesgo de una nueva guerra en Oriente Próximo y el deterioro de la imagen internacional del país. Las manifestaciones no solo han reunido a votantes demócratas, sino también a independientes e incluso a republicanos críticos, reflejando una fractura política más profunda de lo habitual en cuestiones de política exterior.

Las consecuencias electorales no se han hecho esperar. En el contexto de su segundo mandato, el desgaste acumulado ha contribuido a debilitar la posición del Partido Republicano, tanto en las futuras elecciones legislativas como en la percepción general del liderazgo conservador. La política hacia Irán, lejos de consolidar una imagen de firmeza, ha sido vista por muchos votantes como un ejemplo de imprudencia estratégica. Esta percepción ha alimentado divisiones internas en el partido, enfrentando a sectores más intervencionistas con corrientes aislacionistas que consideran que Trump ha traicionado una de sus principales promesas electorales.

Texas es un estado emblemático tras las primarias del 3 de marzo de 2026; las cifras confirman un cambio de tendencia muy profundo que no se daba desde 1990. En las elecciones del 2021-2022 los demócratas obtuvieron el 38.2% del total y en este año el 51.8% superando ampliamente a los Republicanos que en el 2021-2022 habían obtenido el 61.8% y descendieron este año al 48.2%.

Es la primera vez en décadas que los demócratas superan en votos totales a los republicanos en una primaria de año no presidencial (midterms). De todas maneras quedan muchos estúpidos en los EE.UU.

Me refiero a la "Teoría de la Estupidez" de Dietrich Bonhoeffer, el pastor luterano alemán y teólogo que fue ejecutado por los nazis en 1945 por su participación en la resistencia contra Hitler. Bonhoeffer sostiene que contra el mal se puede protestar, se puede desenmascarar y, si es necesario, combatir por la fuerza. El mal lleva en sí mismo la semilla de su propia destrucción porque genera malestar.

Sin embargo, contra la estupidez estamos indefensos. No responde a la razón. Si los hechos contradicen el prejuicio de una persona estúpida, simplemente no los cree; y si los hechos son innegables, los ignora como si fueran incidentales. El estúpido es autocomplaciente y, si se siente acorralado, se vuelve peligroso y ataca. No es un defecto intelectual, sino moral.

En conjunto, la estrategia de Trump en Oriente Próximo no solo ha fracasado en sus objetivos internacionales, sino que ha tenido un efecto boomerang en el plano doméstico. Ha debilitado alianzas, fortalecido adversarios, incrementado la inestabilidad global y erosionado su propia base política. Lo que se presentó como una política de fuerza ha terminado siendo un ejercicio de debilidad estratégica, cuyas consecuencias -tanto fuera como dentro de Estados Unidos- seguirán marcando el escenario político durante años.

El fracaso de Trump se acentúa por su permanente agresión al derecho internacional, en este caso con la amenaza de destruir a todo un pueblo, el iraní, y los continuos bombardeos realizados sobre personal e infraestructuras civiles, vulnerando explícitamente el Protocolo Adicional al Convenio de Ginebra de 1949 que prohíbe en su Título V, artículo 85, lanzar ataques a la población civil y a bienes de carácter civil (casas, hospitales, escuelas, e infraestructuras no militares). Toda la agresión a Irán ha constituido un crimen de guerra, comenzando por el ataque a la escuela de niñas de primaria (7 a 12 años) en Minab el 28 de febrero que causó el asesinato de 180 de niñas.

No debería hacerse esperar la presentación de una querella criminal contra Donald Trump por crímenes de guerra ante el Tribunal Penal Internacional, la misma querella que en su día se presentó contra Netanyahu. Los gobiernos que tienen la legitimidad para tomar esa iniciativa deberían dar ese paso por el bien de la humanidad.

Hay otro aspecto que no ha sido tenido muy en cuenta, la subversión profunda del tablero geopolítico en Medio Oriente, extendida también a Turquía. La respuesta de Irán con el lanzamiento masivo de misiles y de drones, impactando en suelo israelí y sobre todo en los países del golfo, ha desnudado que las defensas antiaéreas de EE.UU. e Israel (Cúpula de Hierro) no han sido capaces de detener los impactos directos. Eso ya está trayendo sus serias consecuencias en cuanto a la proximidad con Israel construida durante muchos años. Todo ha cambiado. No solo por los misiles sino por la volatilidad y la prepotencia de EE.UU. en su alianza con Israel.

Turquía se encuentra en una situación imposible: es miembro de la OTAN (aliado teórico de EE. UU.), pero comparte una frontera de 500 kilómetros con Irán y depende de su estabilidad para evitar un colapso regional. En su discurso ante la Gran Asamblea Nacional el pasado 15 de marzo, tras los primeros bombardeos masivos sobre Teherán, Erdogan fue muy directo:

No permitiremos que el fuego de la guerra incendie nuestras fronteras. Turquía no participará en ninguna aventura militar que busque el desmembramiento de un Estado vecino.

Con esto, Erdogan dejó claro que Turquía no permitirá el uso de sus bases aéreas (como Incirlik) para ataques directos contra Irán, marcando una distancia crítica con la administración Trump.

Erdogan ha aprovechado la crisis para reforzar su papel como "defensor del mundo islámico". Ha calificado la ofensiva de Israel y EE. UU. como un "atentado contra la estabilidad de toda la región" y ha acusado a las potencias occidentales de aplicar una doble moral al castigar el programa nuclear iraní mientras ignoran las capacidades nucleares de Israel.

Para Turquía, esta guerra no es solo política, es logística. Erdogan ha advertido hoy mismo que "Turquía no puede soportar una nueva ola de millones de refugiados". Teme que el colapso del gobierno en Teherán empuje a millones de iraníes y afganos (que están en Irán) hacia la frontera turca.

Turquía y España son los dos eslabones más débiles de una cadena herrumbrada y a punto de romperse: la OTAN.

El mayor punto de ruptura ha sido la negativa de la mayoría de los aliados europeos a participar activamente en la ofensiva militar contra Irán.

El presidente ha calificado a la OTAN de "tigre de papel" y de "desleal", afirmando en sus redes sociales: "La OTAN no estuvo ahí cuando la necesitábamos, y no estará si la volvemos a necesitar". Países como Alemania (bajo el canciller Merz) y Francia han rechazado enviar fragatas al Estrecho de Ormuz, argumentando que el conflicto fue iniciado unilateralmente por EE. UU. e Israel y que no entra en el ámbito del Artículo 5.

Trump ha declarado públicamente que está "considerando seriamente" retirar a EE. UU. de la OTAN, alegando que el país paga demasiado por la defensa de otros.

En la cumbre de La Haya de 2025, Trump logró que la mayoría de los aliados se comprometieran a elevar el gasto en defensa al 5% del PIB para 2035, una cifra que triplica el objetivo anterior. Aunque lo celebró como una victoria, la falta de apoyo en la crisis de Irán ha hecho que ahora considere ese compromiso como "demasiado lejano".

La OTAN sigue existiendo legalmente, pero la confianza mutua está rota. Mientras Trump busca un modelo de "seguridad a la carta" donde solo defiende a quien le apoya en sus guerras, los líderes europeos están acelerando la creación de una autonomía de defensa europea independiente de Washington.

El gasto militar ha sido otro frente de pérdidas enormes para los Estados Unidos. Se estima que EE. UU. ha gastado entre $25.000 y $30.000 millones de dólares solo en operaciones militares directas. Durante las primeras semanas de combate intenso, el Pentágono gastaba aproximadamente $2.000 millones de dólares al día. Tan solo en los primeros 6 días, EE. UU. utilizó más de 300 misiles Tomahawk (a un costo de $3.5 millones cada uno), sumando un gasto de más de $1.000 millones solo en ese tipo de proyectil.

El bloqueo del Estrecho de Ormuz y el riesgo bélico han disparado los precios de la energía, lo que algunos economistas llaman el "impuesto oculto" de la guerra, que podría sumar cientos de millones diarios a la economía estadounidense en forma de inflación.

Para Israel, el conflicto directo con Irán ha supuesto un desafío económico sin precedentes, obligando a una reestructuración de urgencia de sus presupuestos nacionales.

El Ministerio de Finanzas de Israel publicó hace apenas pocos días (el 12 de abril) un informe preliminar que cifra el coste directo de la guerra en 35.000 millones de séqueles, lo que equivale aproximadamente a 11.500 millones de dólares.

Gasto Militar (63%): Unos 22.000 millones de séqueles destinados a la movilización masiva de reservistas, la compra de municiones de precisión y el mantenimiento de la defensa aérea (Cúpula de Hierro y sistema Arrow). Unos 12.000 millones de séqueles para cubrir indemnizaciones por daños materiales causados por misiles iraníes en suelo israelí, pagos a empresas paralizadas y salarios de trabajadores en sectores afectados. Los 1.000 millones restantes se han destinado a emergencias sanitarias, atención a heridos y suministros para autoridades locales.

Más allá del gasto del gobierno, la economía israelí está sufriendo pérdidas por el paro de actividad. Cierre parcial de la economía, durante las semanas de mayor intercambio de misiles, se estima que el país perdió entre $4.000 y $6.000 millones adicionales de dólares en Producto Interior Bruto (PIB) debido a la paralización de centros comerciales, aeropuertos y, especialmente, el sector tecnológico en el centro del país.

Las zonas del norte (bajo fuego de milicias aliadas a Irán como Hezbolá) y algunas zonas del sur han reportado pérdidas masivas en cosechas y mano de obra.

Daños materiales y a la propiedad: se han registrado más de 28.200 reclamaciones por daños directos a la propiedad, 18.400 edificios dañados (desde roturas de cristales hasta colapsos parciales y totales, 6.600 vehículos afectados, 2.600 unidades de equipamiento industrial destruidas por impactos o incendios provocados.

Aunque los $11.500 millones de Israel parecen menores frente a los $145.000 millones en pérdidas en infraestructuras para Irán, el impacto relativo es muy alto, para Israel, esto representa casi el 2,5% de su PIB anual quemado en menos de 7 semanas.

Analizar todos los capítulos de esta guerra que se había anunciado como un paseo triunfal y ya lleva 8 semanas de duración sin una solución seria a la vista, es una notoria derrota estratégica para los Estados Unidos, a nivel mundial y a nivel interno. Y también para Israel, a pesar de que cumplió su objetivo de atacar y ocupar el sur del Líbano. No será impune ante esta guerra.

 

 Esteban Valenti

Esteban ValentiTrabajador de la industria del vidrio (cooperativista), periodista, escritor, responsable de campañas electorales, en Uruguay, Argentina y Paraguay. Exjefe de redacción de Inter Press Service, exdirector general de PRESSUR y, actualmente, director de UYPRESS (Agencia Uruguaya de Noticias) y de Bitácora.

Imagen: Protestas en contra de la ofensiva estadounidense en Irán, Washington, Estados Unidos, 11 de enero de 2026. Fotografía: Ted Eytan

Internacionales
2026-04-22T12:52:00

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