Aumento de los asesinatos: Los uruguayos nos queremos mucho menos
08.09.2026
MONTEVIDEO (Uypress/Esteban Valenti) La causa principal del aumento de los asesinatos en todo el país es la explosión de las bandas del crimen organizado y, en especial, el narcotráfico, y eso lo sabemos todos. Pero hay una cantidad importante de homicidios que directamente no tienen esa causa. También lo sabemos, pero ni las autoridades ni los ciudadanos sabemos cuáles son sus causas.
Esta nota no surge de una encuesta de opinión pública, que el Ministerio del Interior debería encargar, sino de la simple observación de las conductas en las zonas y en los escenarios donde hay más asesinatos, y de mi propia conducta personal.
La causa por la que han aumentado esos homicidios es una sola, aunque compleja y cultural: está cambiando la sociedad uruguaya y no es responsabilidad de ningún partido político. Ninguno logró encarar una solución, entre otras cosas porque no se resuelve solamente con la intervención policial.
El científico Rafael Radi, al que tanto le debemos los uruguayos por su papel durante la pandemia de Covid, explicó con precisión qué quiere decir "complejo": es un problema que requiere soluciones multidisciplinarias y coordinadas. Yo agregaría que, en este caso, exige una gran imaginación, de la cual la política nacional tiene cada vez menos. Se ahogan, unos explicando y los otros atacando, dependiendo de quién ocupe la Torre Ejecutiva.
El deterioro del respeto, del aprecio, de la atención humana entre los uruguayos ha ido avanzando sin que siquiera lo registremos. Es uno de los cambios culturales más profundos que hemos sufrido.
Voy a comenzar por mi propia actitud. Siempre fui agresivo y criticado por ello, en mi familia y en otros ámbitos, aunque no me lo dijeran. Pero ahora es diferente: ahora estoy siempre pronto a tener reacciones agresivas. En los últimos dos meses tuve claras manifestaciones de esa actitud.
Ahora pregúntense ustedes: ¿cuántas manifestaciones de intolerancia, en el tráfico, con un vecino, en un centro educativo, en un estadio deportivo o en el barrio, han tenido en los últimos tiempos? Es la prueba más concluyente.
Hombres y mujeres matan a otros hombres y mujeres porque los uruguayos nos queremos cada vez menos. Es un fenómeno universal, pero ahora voy a analizarlo solo en nuestro país.
Hay otro motivo de los asesinatos: la salud mental. Tenemos el caso trágico del estudiante de medicina que le desfiguró el rostro a una compañera de facultad. Ese es el tercer motivo. Primero, el crecimiento del crimen organizado; segundo, los uruguayos nos queremos cada vez menos; tercero, la salud mental.
Me voy a concentrar en el segundo, porque no he leído nada en ningún ámbito sobre este enfoque.
Las razones: no se trata de un cambio de humores de origen desconocido, sino que tiene causas muy concretas. Primero, la violencia de las bandas narco influye en la reducción del valor de la vida y, en ese marco, la notoria pérdida de afecto y respeto entre los uruguayos, en particular en las zonas culturalmente más deprimidas, impulsa las reacciones violentas, las muertes y los ataques con heridos.
Segundo, la televisión y el cine, en todos sus formatos, han intensificado en una proporción geométrica la difusión de la violencia ante las más diversas circunstancias. La proporción entre las películas con violencia y todas las otras es abrumadora a favor de las primeras. Lo puede comprobar cualquiera mirando con atención la oferta en las redes o en Netflix y sus competidores. Y sigue creciendo esa desproporción porque aumenta la demanda. Es una serpiente que se devora la cola.
Los políticos, especialmente algunos, alcanzan niveles de agresividad extrema en sus discursos, como, por ejemplo, un senador blanco al referirse a la viceministra del Interior. Es el último ejemplo. Luego se disculpó, pero... es el cuento de la tabla en la que se martilla un clavo: se puede sacar, pero el agujero queda. Y son miles de agujeros.
La mayoría saben que tengo mis serias discrepancias con el presidente Orsi, pero si hay un tema donde no se le puede reclamar nada, es que nunca transmite violencia, no ataca a sus contrincantes (yo lo he criticado por eso) y al contrario, proyecta una imagen de empatía. No es juzgado por eso por los ciudadanos, pero deberíamos prestarle más atención, esa desatención, es parte de nuestra perdida de respeto entre todos, en este caso entre el poder y la gente.
La violencia en los partidos de fútbol es un ejemplo muy claro. Hay mucha más violencia ahora que antes y, sin embargo, la rivalidad es histórica. Aumentan los efectivos policiales y, sin embargo, no pueden detener los episodios graves de violencia en los que participan cientos y, a veces, miles de personas. Suceden también en los partidos de básquetbol, donde antes nunca sucedían, y también aumenta la presencia policial. La única explicación posible para ese aumento de la violencia es que ha cambiado la conducta de los uruguayos y nuestra manera de relacionarnos entre nosotros.
Otro ejemplo: las escuelas, sobre todo en las zonas pobres. Antes una maestra llamaba a una madre o a los padres por la conducta de sus hijos y se lo llevaban de vuelta a casa de un zapatillazo; ahora algunas madres la emprenden a golpes con la maestra y causan conmoción en esa escuela y en el país. Obviamente, no hay que volver a los zapatillazos en el trasero de los niños, pero hay que lograr que crezca el respeto y hasta el cariño por las maestras y los maestros. No creo que lo logre la policía, aunque también puede jugar un papel.
Ni que hablar de las reacciones en el tráfico y su relación de causa y efecto. El número de autos ha crecido exponencialmente y, allí, no vale el estatus social: nos agarramos a trompadas o nos insultamos desde todas las cilindradas y marcas, incluso desde los eléctricos. Esas reacciones no crecieron solo porque hay más roces en las calles; crecieron porque hay más violencia en la sociedad.
Si no consideran esta opinión, tírenla a la basura. Si los hace pensar, tanto a las autoridades como a la gente común en todo el país, pregúntense conmigo: ¿qué se puede hacer?
Comencemos por las cosas totalmente inútiles para disminuir los crímenes que no tienen su origen en el crimen organizado y, en especial, en el narcotráfico, ni los que se producen por razones de salud mental. Me refiero a todos los demás: ¿cómo cambiamos la cultura de la sociedad uruguaya?
Primero hay que estudiar el fenómeno a nivel académico, con profundidad y rigor, incluso evaluando la opinión pública específicamente sobre este tema: el aprecio y el respeto entre los uruguayos. No se puede actuar tanteando. En Uruguay tenemos, en nuestros sociólogos, asistentes sociales y en nuestra academia, el nivel suficiente para analizar el fenómeno y aportar ideas y soluciones.
Las autoridades deben incorporar este punto de vista en el trato de la policía hacia los ciudadanos y, en general, de los empleados públicos hacia las personas que recurren a sus servicios. Se puede fomentar más bronca o, por el contrario, una actitud de extremo respeto. No es espontáneo: hay que incluirlo en la formación y en las exigencias de todos los servidores públicos.
Los políticos deberían contribuir a superar ese clima y ese lenguaje agresivo que algunos utilizan con una violencia terrible. Incluso los partidos políticos deberían asumir como una responsabilidad propia contribuir a disminuir la agresividad y recuperar el respeto en el debate público.
Los medios de prensa tienen su papel. No es la censura el camino, pero no hay dudas de que la sociedad uruguaya tiene el nivel cultural necesario para, sin partidizar nada, encarar un debate serio y profundo. El crecimiento de los asesinatos nos está cambiando el país de la peor manera posible.
Pero el papel fundamental no está en todo lo anterior: está en la sociedad civil en su conjunto. Los sindicatos, las organizaciones barriales, los clubes deportivos, las iglesias y todo el entramado de la sociedad civil deben plantearse sistemáticamente educar y promover los valores del respeto, en especial el respeto por la vida humana y el afecto entre las personas. Durante la dictadura, eso estaba implícito en muchas actividades, porque para volver a construir la democracia teníamos que, sobre todo, volver a respetarnos como ciudadanos y abandonar el miedo a la represión.
Estamos a tiempo, pero la degradación del cariño entre los uruguayos, y también hacia los inmigrantes, y, por encima de todo, la pérdida de respeto por el valor supremo de la vida no se ha detenido. O avanzamos en un sentido positivo y comenzamos una gran batalla cultural de TODOS, o TODOS SUFRIREMOS LAS CONSECUENCIAS.
Esteban Valenti.
Trabajador del vidrio, cooperativista, militante político, periodista, escritor, director de Bitácora (www.suplementobitacora.net) y Uypress (www.uypress.net), columnista en el portal de información Meer (www.meer.com/es)