Cardama: la trama de una compra naval bajo sospecha de presiones y posibles coimas
22.03.2026
MALDONADO (Uypress)- Según reveló el colega Sergio Secinaro en artículo publicado en Crónicas del Este, un testimonio reservado de la Armada apunta a presiones de Estados Unidos, decisiones políticas erráticas y un contrato con un proveedor sin capacidad, en un caso que ya compromete millones de dólares y abre interrogantes judiciales.
En medio de la decisión oficial de rescindir el contrato de Cardama, la defensa acérrima del contrato por parte de la actual oposición y ex gobierno que creó este entuerto y las versiones cruzadas, Crónicas del Este accedió a un testimonio clave: el de un alto integrante de la Armada, que habló bajo estricta confidencialidad. Su relato, que coincide en varios puntos con datos públicos y documentos oficiales, permite reconstruir una posible secuencia detrás de una de las compras militares más polémicas de los últimos años: las patrulleras oceánicas (OPV) encargadas al astillero español Cardama. Según esta fuente, el proceso no habría sido únicamente una decisión técnica o administrativa, sino que habría estado atravesado por presiones geopolíticas, errores estratégicos y eventuales maniobras que hoy están bajo la lupa.
ENTRE CHINA, ESTADOS UNIDOS Y UN EQUILIBRIO IMPOSIBLE
El origen del conflicto se remontaría a 2021, en plena pandemia. Uruguay buscaba reforzar su capacidad naval y avanzó en una licitación internacional para adquirir patrulleras oceánicas, buques clave para el control del mar territorial, la pesca ilegal y operaciones de soberanía. "Así es que se hace la licitación, que técnicamente estuvo muy bien hecha por la Armada", pero con el precio que pusieron solo podían ganar los chinos, cuenta nuestro informante. La licitación -según coinciden fuentes técnicas- habría estado correctamente diseñada por la Armada, con especificaciones exigentes. Sin embargo, el precio tope fijado habría dejado en clara ventaja a los oferentes chinos, que terminaron imponiéndose "en buena ley". Ahí es donde, según el testimonio recogido, comenzaría el verdadero problema. "El precio que se fijó solo lo podían cumplir los chinos. No era acomodo, era mercado. Pero estratégicamente era inviable", sostuvo la fuente.
ACERCAMIENTO CON CHINA
En ese contexto, el entonces presidente Luis Lacalle Pou protagonizó un giro diplomático significativo: impulsó un acercamiento directo con China que incluyó gestiones al más alto nivel e incluso un viaje oficial al gigante asiático, en el marco de la estrategia de avanzar hacia un eventual Tratado de Libre Comercio. Aquella movida, que fue presentada como una apertura histórica, también habría tenido derivaciones indirectas en el clima político y económico en el que se desarrolló la licitación naval. "Como decía, el precio que se fijó solo lo podían cumplir los chinos. No era acomodo, era mercado. Pero estratégicamente era inviable", sostuvo la fuente. "Es como si quieres fabricar un auto por 10.000 dólares, solo China lo puede hacer por los costos", dijo la fuente. Pero nos agrega, que la posible adquisición de parte de Uruguay de equipamiento militar chino en el Atlántico Sur, no habría caído nada simpático en Estados Unidos, históricamente celoso de la influencia extra regional en materia de defensa, habría ejercido presión para evitar que Uruguay avanzara en ese camino. "Y estamos hablando del gobierno de Biden, todavía no estaba Trump", nos agrega. Es sabido por todos, que Washington mantiene una política activa de contención frente a la expansión militar china en América Latina. "Es sugestivo que por ese entonces saltó lo del pasaporte a Sebastián Marset en Dubai. El caso de los pasaportes rusos y varias perlas más de escándalos en el gobierno de Lacalle Pou, donde estoy seguro que los servicios de Inteligencia de Estados Unidos, mandaron un claro mensaje: Si siguen con esos negocios con los chinos, se les pudre todo." En ese contexto, se produce la decisión del gobierno de Lacalle Pou de dar marcha atrás con la opción de compra a la empresa china". "La compra a China era una patada en el tablero. Era meterse en un problema con Estados Unidos sin necesidad", explicó la fuente. La verdad es que al final quedamos mal con todos: con los chinos porque les bajamos la compra que habían ganado en buena ley, con los brasileños por atacar el Mercosur y con Estados Unidos porque le íbamos a comprar las patrulleras a los chinos. Había que bajar la pelota, ahí el gobierno de Lacalle se da cuenta de que no pueden seguir adelante y aparece Cardama. Seguramente a alguno allí se le ocurrió hacer "alguna diferencia".
APARECE CARDAMA
Tras la caída de la opción china, el gobierno -con el entonces ministro de Defensa Javier García al frente- habría quedado en una situación delicada: debía resolver rápidamente la compra sin generar un conflicto internacional mayor. Es en ese punto donde aparece el astillero español Cardama, una empresa con trayectoria, pero de escala relativamente limitada en comparación con otros competidores internacionales. Según la reconstrucción realizada por nuestro informante, la operación de las garantías y papeleo de Cardama no se armó en España. "Para mí, todo fue armado desde Montevideo", con intermediaciones y gestiones que aún no han sido completamente aclaradas. "El astillero ya había sido presentado años antes. No era desconocido. Pero la magnitud del contrato -cercana a los 90 millones de dólares- superaba ampliamente su capacidad habitual", señaló la fuente. "El astillero facturaba 3 millones de dólares y le das un negocio de 90, no tiene sentido". "Es como si a una buena panadería de barrio que puede realizar un catering para 50 personas, le das un trabajo para 5.000. No puede realizarlo. Y esto es lo mismo". Datos públicos respaldan parcialmente esta afirmación: Cardama tenía antecedentes en construcción naval, pero no en proyectos de esta escala para buques militares complejos.
DINERO ADELANTADO, GARANTÍAS DÉBILES Y SOSPECHAS
Ahí, según el testimonio recogido, la historia empieza a tornarse más oscura. Cardama no era un gigante naval: por el contrario, atravesaba una situación financiera comprometida. "El astillero estaba prácticamente fundido", sostuvo la fuente, señalando que su facturación anual rondaría cifras muy inferiores al volumen del contrato adjudicado, como todos sabemos, cercano a los 90 millones de dólares. En ese contexto, la hipótesis que maneja es contundente: el dueño del astillero habría visto una oportunidad única. "La lectura que podría haber hecho el gallego (Francisco Cardama) es simple: "agarro esto, entro como sea, cobro lo que pueda y después vemos'. Porque sabía que no tenía espalda para cumplir", explicó. El contrato, según esta versión, habría estado estructurado de forma tal que le permitiera al proveedor cierta ventaja en caso de incumplimiento, abriendo incluso la puerta a un eventual litigio contra el Estado uruguayo. El punto crítico habría sido el adelanto financiero. Una vez activado el contrato, Uruguay desembolsa cerca de 8 millones de dólares sin un respaldo sólido en garantías. Para la fuente, ese momento sería clave. "Ahí podría haber estado la ganancia inicial. Se habla de que el astillero podría haber retenido una parte importante de ese dinero. Dos millones, tal vez más y el resto, vaya a saber... Son cifras que se manejan, pero que deberá confirmar la Justicia", señaló. A partir de allí, el proyecto comenzó a mostrar signos evidentes de inviabilidad. Retrasos, dificultades técnicas y un avance físico muy por debajo de lo esperado. "No hay barco. Hay chapa soldada. Y ni siquiera completa", resumió. Desde el punto de vista técnico, la explicación es clara: la estructura de un buque representa apenas una parte del costo total, y lo construido no alcanzaría ni siquiera ese porcentaje. "Pasó lo que tenía que pasar: El astillero no tenía capacidad, ni infraestructura, ni experiencia para una obra de esta magnitud. Era como pedirle a una empresa chica que haga algo para lo que no está preparada", explicó. En paralelo, comenzaron a circular versiones sobre posibles irregularidades en el proceso, incluyendo eventuales pagos indebidos a actores involucrados. La fuente menciona nombres y cifras, pero insiste en que se trata de elementos que deberían ser probados. "Se dice que alguien podría haber cobrado, que hubo comisiones. Incluso se habla de montos concretos. Pero eso hoy es materia de investigación", aclaró. Lo que sí sostiene con firmeza es que la operación "no parece haber sido diseñada para salir bien". "Si vos juntás todo -el proveedor, el contrato, el contexto-, la sensación es que esto podría haber estado armado para fallar. Para cobrar una parte, dejar el problema y eventualmente ir a juicio", afirmó. Hoy, con más de 30 millones de dólares comprometidos, sin buques operativos y con un conflicto que podría escalar a instancias internacionales, el caso de las patrulleras se ha transformado en un símbolo de lo que puede salir mal cuando se mezclan geopolítica, urgencias políticas y falta de controles. Mientras tanto, las preguntas siguen abiertas:
¿Por qué la defensa cerrada de la oposición a los intereses de una empresa privada extranjera? ¿Hubo presiones externas determinantes? ¿Se eligió deliberadamente un proveedor inviable? ¿Existieron coimas?.
Foto: Javier Calvelo / adhocFOTOS
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias