Cardamagate: un libro, una denuncia y el silencio de la casi totalidad de la prensa
07.08.2026
MONTEVIDEO (Uypress)- La presentación de "Cardamagate. La mayor estafa a las Fuerzas Armadas de Uruguay", de Esteban Valenti, reunió en el Salón Azul a periodistas, militares, dirigentes políticos (entre ellos el ex ministro de defensa, José Bayardi) y ciudadanos que no se amilanaron ante las alertas naranja y roja por las condiciones climáticas. Pero se notó claramente la ausencia de la casi totalidad de los grandes medios de comunicación, excepto la Revista Galería (de semanario Búsqueda).
Hay presentaciones de libros que son presentaciones de libros. Y hay otras que terminan convirtiéndose en otra cosa.
Esta noche del jueves 6 de agosto no llegó al público como una simple novedad editorial. Llegó como una denuncia documentada, como una reconstrucción política de un episodio que todavía tiene interrogantes abiertos y, sobre todo, como una interpelación sobre el funcionamiento del Estado uruguayo.
La propia convocatoria había definido el sentido del encuentro con una consigna inequívoca: "Combatir la corrupción". Desde Uypress habíamos anunciado la participación de Julián Ubiría, gerente editorial de Penguin Random House, de Fernando Schmidt, escritor y guionista, la lectura de un mensaje de los militares de las tres Fuerzas Armadas, que aportaron información y toda su experiencia para la concreción del libro, y, por supuesto que hablaría el autor, nuestro director Esteban Valenti. También anticipábamos una sorpresa para el final.
Pero hubo algo que no figuraba en el programa y que terminó siendo parte de la crónica de la noche: La ausencia de buena parte de la prensa uruguaya.
Quienes hablaron (Ubiría, Schmidt y el autor) pusieron el acento en las distintas dimensiones de una historia que todavía reclama respuestas.
Una compra estratégica de patrulleras oceánicas, un astillero español, decenas de millones de euros comprometidos, garantías que terminaron bajo sospecha, documentación cuestionada, una firma que un escribano denunció como falsificada, informes técnicos que pusieron en cuestión el avance de las obras, y, por encima de todo, una pregunta que permanece: ¿cómo pudo ocurrir todo esto?
Tiene relevancia que haya sido Editorial Sudamericana, perteneciente al grupo Penguin Random House, la que asumió el desafío de publicar el libro. No es un dato menor. No se trata de una pequeña editorial artesanal ni un sello marginal. Es, por el contrario, una editorial de dimensión internacional, lo que contribuye a darle al objeto libro y su presentación una dimensión diferente.
Valenti no publicó simplemente un texto de opinión sobre Cardama. Con la colaboración de quienes refiere como "sus camaradas" (miembros en actividad y retirados de las tres armas que integran las FF.AA.), convirtió el libro en una narración periodística y política destinada a permanecer más allá del ciclo inmediato de las noticias.
En ese sentido, la intervención de Ubiría, en representación de Sudamericana, tuvo también una dimensión editorial: explicar por qué una investigación de estas características merece transformarse en libro y por qué una historia que pudo haber quedado reducida al debate parlamentario, a las denuncias periodísticas o a los expedientes judiciales debía ser preservada y puesta a disposición de los lectores.
Y hubo un elemento adicional que merece ser destacado. Valenti decidió donar a la Fundación Peluffo Giguens la totalidad de los derechos que le correspondan por la venta del libro. Es decir, el autor no planteó el libro como una operación destinada a obtener un beneficio económico personal. La investigación, la denuncia y la publicación quedaron vinculadas además a una causa social concreta.
Esteban Valenti habló desde un lugar peculiar: el de alguien que durante meses decidió insistir sobre un tema que podía haber sido mucho más cómodo abandonar.
Porque Cardama dejó de ser hace tiempo una noticia de un día, atravesó gobiernos, ministerios, a todo el espectro político, llegó al Parlamento. Y llegó a un punto en el que la discusión ya no puede reducirse a determinar quién cometió un error administrativo:¿hubo controles suficientes?, ¿quién debía controlar?, y finalmente, ¿quién debe asumir las responsabilidades cuando el Estado compromete decenas de millones de euros en una operación que termina en estas condiciones?
El propio título del libro -La mayor estafa a las Fuerzas Armadas de Uruguay- no deja margen para la ambigüedad sobre la gravedad con que el autor interpreta lo ocurrido.
La intervención de Valenti volvió a colocar en el centro una cuestión institucional: la corrupción y las fallas del Estado no pueden ser consideradas asuntos menores porque involucren operaciones técnicamente complejas o porque sus protagonistas ocupen posiciones de poder.
Hubo además un momento particularmente significativo. No se trataba solamente de periodistas o dirigentes políticos hablando sobre las Fuerzas Armadas.
Durante la presentación se leyó un mensaje de los militares que acompañaron la denuncia sobre el caso. Hay militares que tuvieron dudas, que denunciaron, que siguieron el proceso, y que entendieron que lo que estaba ocurriendo debía ser conocido públicamente.
Su presencia, aunque fuera a través de un mensaje leído en el acto, colocó una cuestión que suele quedar fuera del debate político cotidiano: también dentro de las Fuerzas Armadas existen ciudadanos que reclaman transparencia, controles y responsabilidades.
Y mientras se hablaba de corrupción, transparencia, responsabilidades y dinero público, afuera ocurría algo que merece una crónica propia: Una parte significativa de la gran prensa uruguaya no estuvo. Y no es una exageración. La cobertura de la presentación fue extraordinariamente reducida en relación con la magnitud del caso.
Faltó la presencia de buena parte de los medios que tienen mayor capacidad de instalar un asunto en la agenda nacional.
Los que sí estuvieron
La City 105.3 FM y Radio Uruguay transmitieron en directo. La Onda Digital registró y filmó el acontecimiento. Y Galería, la revista de Búsqueda, constituyó otra excepción dentro del panorama mediático.
Es decir: la presentación fue cubierta. Lo que llama la atención es quiénes decidieron cubrirla y quiénes no. La información estaba disponible, la posibilidad técnica de transmitir existía, los protagonistas estaban presentes, la noticia estaba allí.
Pero el problema no es un libro sino lo que el libro pregunta. Quizá por eso el silencio resulta más elocuente. Porque "Cardamagate: La mayor estafa a las Fuerzas Armadas de Uruguay" no es solamente un libro sobre dos patrulleras oceánicas. Es un libro que pregunta cómo se toman decisiones en el Estado, cómo se controlan las garantías, qué ocurre cuando los organismos públicos confían en documentación cuya autenticidad posteriormente es cuestionada, quién responde cuando los mecanismos de control fallan, qué responsabilidad tienen los jerarcas políticos, qué responsabilidad tienen los funcionarios técnicos, y pregunta, finalmente, cuánto vale para el Estado uruguayo la transparencia.
Un silencio que merece ser interrogado
Por eso podemos hablar de "un boicot mediático de hecho". No necesariamente coordinado, ni ordenado. Pero visible. Porque el resultado final fue ese.
Una investigación sobre una operación millonaria del Estado uruguayo fue presentada públicamente. Hablaron la editorial, Fernando Schmidt, y el autor. Se leyó la voz de militares que participaron de la denuncia. Hubo público, transmisión en directo, cámaras y redes.
Sin embargo, una parte considerable del sistema mediático nacional eligió no estar.
La pregunta que dirigirse al periodismo uruguayo es ¿por qué? ¿Por qué una historia que reúne dinero público, Defensa Nacional, Fuerzas Armadas, garantías presuntamente irregulares, denuncias, Parlamento, Justicia y responsabilidades políticas no consigue una cobertura acorde con su importancia?
¿Porque ya fue noticia? ¿el lanzamiento de un libro no es noticia?¿Tal vez porque el autor es Valenti? ¿porque el caso tiene demasiados protagonistas poderosos? ¿porque resulta incómodo volver sobre una historia que compromete a figuras de un gobierno que todavía conserva influencia política?
No lo sabemos. Y precisamente por eso las preguntas deben formularse.
José W. Legaspi