El FA mira a Brasil: llama a militar por Lula para frenar el avance regional del "fascismo"
30.08.2026
MONTEVIDEO (Uypress)- Ministros, jerarcas y dirigentes frenteamplistas advirtieron que una derrota de Lula en Brasil profundizaría el aislamiento regional de Uruguay y el avance de una derecha que califican de agresiva y autoritaria: "Se juega en buena medida el destino de la izquierda en América Latina", alertó Eduardo Brenta, según informó semanario Búsqueda.
La elección presidencial de Brasil del próximo 4 de octubre comienza a ser observada desde el gobierno de Yamandú Orsi y el Frente Amplio como algo bastante más trascendente que una competencia electoral del principal vecino de Uruguay. Para buena parte de la dirigencia oficialista, la continuidad de Luiz Inácio Lula da Silva se ha convertido en una pieza decisiva para contener el desplazamiento político de América Latina hacia la derecha y evitar un creciente aislamiento regional del gobierno uruguayo.
La preocupación quedó expuesta durante las actividades realizadas por el Día del Comité de Base, el pasado 25 de agosto. Ministros, legisladores, jerarcas y dirigentes frenteamplistas recorrieron locales partidarios y colocaron reiteradamente el escenario internacional entre los principales desafíos que enfrenta la izquierda uruguaya.
El ministro de Trabajo y Seguridad Social, Juan Castillo, fue uno de los más explícitos. "Necesitamos que la izquierda siga gobernando en Brasil", afirmó ante militantes del Comité Chucarro, en Pocitos. Castillo vinculó además la situación brasileña con el escenario político uruguayo hacia 2029 y con lo que considera una ofensiva estadounidense sobre América Latina.
No fue una posición aislada. En el Comité García Lorca, el subsecretario de Industria, Daniel Olesker, el senador Eduardo Brenta y el jerarca del Mides Juan Martín Fernández también colocaron la elección brasileña en el centro del escenario regional.
Brenta sostuvo que en Brasil "se juega en buena medida el destino de la izquierda en América Latina", mientras Olesker fue todavía más categórico respecto de las posibilidades de integración regional: un triunfo de Lula resulta fundamental porque, de lo contrario, "esto se cae totalmente".
Una región que gira a la derecha
La alarma del Frente Amplio tiene detrás un diagnóstico político más amplio. El ministro de Educación y Cultura, José Carlos Mahía, sostuvo que la coyuntura regional es "profundamente adversa" y señaló que la derecha avanzó sustancialmente en las últimas elecciones latinoamericanas. Por eso expresó su deseo de que Lula triunfe en Brasil y que la izquierda pueda conservar México.
Pero Mahía introdujo otra distinción: para el dirigente de Seregnistas, la derecha actual ya no es simplemente aquella derecha neoliberal de los años noventa, sino una fuerza mucho más agresiva, enfrentada al multilateralismo y dispuesta a imponer "la ley del más fuerte" en el escenario internacional.
El planteo conecta directamente con una discusión que viene creciendo dentro de la izquierda uruguaya: si el avance de las nuevas derechas latinoamericanas debe interpretarse simplemente como una alternancia electoral o como parte de un fenómeno político más profundo, asociado al crecimiento internacional de movimientos ultraconservadores y autoritarios.
El presidente Lula viene haciendo esa misma lectura. En marzo advirtió que la Celac estaba "prácticamente dejando de existir" debido al crecimiento de la extrema derecha y recordó el período en que gobiernos latinoamericanos ideológicamente diferentes pudieron construir espacios como la Celac y Unasur.
El temor al aislamiento uruguayo
En Uruguay aparece además otra preocupación: qué capacidad tendría un gobierno del Frente Amplio para sostener su política exterior si Brasil también girara a la derecha.
Ricardo Ehrlich, presidente de la Comisión Nacional de Programa del FA, advirtió que el escenario internacional "está golpeando la puerta" y vinculó el crecimiento de las extremas derechas con un deterioro de la política y de los principios democráticos.
Según Ehrlich, Estados Unidos está interviniendo y condicionando procesos políticos de diferentes países latinoamericanos. Y sostuvo que, sin la dimensión internacional de Brasil o México, para Uruguay adoptar determinadas posiciones resulta mucho más difícil.
El exintendente de Canelones Marcos Carámbula, por su parte, habló de un imperialismo "desatado" e insistió ante los militantes en la importancia de "la batalla" que dará Lula en octubre. La exvicepresidenta Lucía Topolansky colocó al propio Frente Amplio dentro de esa disputa regional: Uruguay, afirmó, tiene una responsabilidad importante porque representa "un punto de esperanza".
La preocupación no comenzó esta semana. El 28 de julio, el Frente Amplio había emitido una declaración oficial de respaldo a Lula después de cuestionar duramente al presidente argentino Javier Milei por viajar a Brasil e intervenir en la campaña electoral. El FA calificó aquella actuación de "inaceptable", expresó su solidaridad con Lula y llamó a defender la democracia frente a proyectos políticos que, según sostuvo, buscan dividir las sociedades y debilitar las instituciones.
La militancia como respuesta
La lectura internacional termina desembocando en un mensaje hacia dentro del Frente Amplio: movilizar nuevamente a su militancia.
El senador y secretario general del Partido Comunista, Óscar Andrade, realizó durante el Día del Comité de Base un repaso de los cambios políticos que consolidaron gobiernos de derecha en el continente y convocó a los frenteamplistas a defender a la izquierda frente al avance del "imperio" y del neoliberalismo.
Andrade reivindicó especialmente la militancia territorial y diferenció a quienes efectivamente se ponen "el Frente Amplio al hombro" de una militancia que denominó "en modo selfie", más preocupada por lo que publica que por la actividad política concreta.
El planteo adquiere especial relevancia porque ocurre mientras el propio FA reconoce problemas de movilización, comunicación y vínculo entre el gobierno y sus bases. Dirigentes como Ehrlich admitieron dificultades y lentitud en la gestión, mientras otros jerarcas reclamaron mejorar la transmisión hacia la militancia de las políticas desarrolladas por el gobierno.
Lula pasa a ser también una batalla uruguaya
De esta manera, la elección brasileña empieza a ingresar de lleno en la agenda política del oficialismo uruguayo.
Para el Frente Amplio, Lula ya no representa solamente la continuidad de un gobierno ideológicamente próximo en Brasil. Su eventual victoria aparece asociada a la supervivencia de un eje progresista regional, al mantenimiento de espacios de integración latinoamericana y a la posibilidad de que Uruguay no quede políticamente aislado frente a una región inclinada hacia la derecha.
Y allí está probablemente la novedad política más relevante: el gobierno y el Frente Amplio empiezan a presentar la disputa brasileña como una batalla que también involucra a la izquierda uruguaya.
No porque los uruguayos voten el 4 de octubre, sino porque, como sintetizó Brenta, en las urnas brasileñas puede jugarse "en buena medida el destino de la izquierda en América Latina".
Foto: Javier Calvelo / adhocFOTOS
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias