HIF y la gran pregunta: ¿es viable una inversión que necesita electricidad a US$ 40 por MWh?
04.09.2026
MONTEVIDEO (Uypress/José W. Legaspi)- Mientras el Brent vuelve a acercarse a US$ 100, la discusión sobre los combustibles sintéticos se instala en Uruguay: HIF proyecta invertir US$ 5.385 millones, pero el costo de la electricidad condiciona su viabilidad y el Ingeniero Industrial y ex Presidente ANCAP, Alejandro Stipanicic, advierte que el país puede perder la inversión si UTE no se adapta a los precios internacionales.
La escalada entre Estados Unidos e Irán llevó este jueves al Brent hasta US$ 97,29 por barril, su máximo en seis semanas (cerca de la barrera psicológica de los US$ 100), y aunque la explicación inmediata está a miles de kilómetros de Uruguay, el nuevo escenario internacional introduce un elemento adicional en una discusión que el país tiene abierta: cuánto vale apostar por producir combustibles alternativos al petróleo y qué condiciones está dispuesto a ofrecer Uruguay para hacerlos competitivos.
El mercado reaccionó ante el temor de nuevas alteraciones en el suministro de Medio Oriente y, particularmente, ante la situación del estrecho de Ormuz. Por esa vía transita una parte decisiva del petróleo mundial.
El número de buques de materias primas que atravesaron el estrecho cayó el miércoles a seis, frente a los 11 del día anterior y un promedio de aproximadamente 13 durante los diez días anteriores.
El mercado petrolero vuelve así a recordar una realidad que las transiciones energéticas intentan modificar desde hace años: buena parte de la economía mundial continúa dependiendo de un combustible cuyo precio puede alterarse violentamente como consecuencia de una guerra, una decisión política o el bloqueo de una ruta marítima situada a miles de kilómetros de los países consumidores.
Al cierre de este jueves el Brent moderó el salto y terminó en US$ 95,52, pero el episodio volvió a colocar sobre la mesa la vulnerabilidad estructural de las economías dependientes de los hidrocarburos.
Y es precisamente en ese contexto donde la discusión uruguaya sobre HIF Global adquiere otra dimensión.
Una inversión de US$ 5.385 millones
HIF proyecta instalar en Paysandú una planta destinada a producir combustibles sintéticos utilizando electricidad renovable, hidrógeno verde y dióxido de carbono de origen biogénico.
La inversión prevista ronda los US$ 5.385 millones, una cifra excepcional para la escala de la economía uruguaya.
El proyecto contempla aproximadamente 876.000 toneladas anuales de e-metanol, un electrolizador de 1,1 GW y parques propios de generación renovable: el solar Lucía, con una capacidad máxima de 1.162 MWp, y el eólico Elena, con 1.137,6 MW instalados.
HIF calcula además unos 3.000 empleos durante la construcción y aproximadamente 300 puestos directos durante la operación.
Pero existe una variable que puede determinar la viabilidad de toda la ecuación: el precio de la electricidad. La energía representa alrededor del 70% de los costos operativos del proyecto y la empresa planteó desde las primeras negociaciones la necesidad de acceder a valores cercanos a US$ 40 por megavatio hora.
Ese número se convirtió en uno de los puntos centrales de la negociación con UTE. Y también en el centro de una discusión mucho más amplia sobre qué política energética necesita Uruguay para su segunda transición energética.
Stipanicic: US$ 40 no es un privilegio
El expresidente de ANCAP Alejandro Stipanicic sostiene que considerar los US$ 40 por MWh reclamados por HIF como un beneficio extraordinario para una multinacional implica mirar equivocadamente el problema.
Para Stipanicic, ese valor está alineado con referencias internacionales y con los propios costos de abastecimiento de la demanda uruguaya registrados durante los últimos años.
Su planteo es que Uruguay no puede pretender competir internacionalmente por inversiones intensivas en energía y, al mismo tiempo, ofrecerles electricidad a precios que vuelvan inviables los proyectos.
La discusión no sería entonces cuánto está dispuesto HIF a pagar por la electricidad uruguaya, sino cuánto tiene que costar la electricidad para que el combustible producido en Paysandú pueda competir después en Rotterdam, Hamburgo, Houston o cualquier otro mercado internacional.
Porque HIF no produciría para un mercado cautivo. Sus combustibles deberán competir globalmente. Y esa diferencia está en el corazón del planteo de Stipanicic.
"UTE compite contra sí misma"
El exjerarca establece una comparación particularmente crítica entre UTE y ANCAP. ANCAP, sostiene, puede tener una posición dominante dentro del mercado uruguayo, pero su producción está inevitablemente sometida a referencias internacionales.
Si la refinería queda tecnológicamente atrasada, produce más caro. Si sus procesos son ineficientes, el costo aumenta. Si no realiza las inversiones necesarias, pierde competitividad frente a combustibles cuyos precios se forman internacionalmente.
UTE enfrenta una situación diferente. "UTE, como está en Uruguay y no compite más que contra sí misma, es como ama, reina y señora. ANCAP por lo menos tiene que competir a nivel internacional", sostuvo Stipanicic.
Su cuestionamiento apunta directamente a la estructura del mercado eléctrico. "¿Qué contadores de luz hay que no sean de UTE? Es un monopolio. ¿Qué cables de transmisión hay que no sean de UTE? Es un monopolio", afirmó.
La crítica no supone desconocer la fortaleza técnica de la empresa pública. Stipanicic reconoce expresamente la calidad profesional de UTE y el papel que desempeñó en la transformación de la matriz energética uruguaya.
El problema, según su visión, es otro. Una empresa que prácticamente no enfrenta competencia tiene menos incentivos para buscar nuevos modelos de negocios, reducir determinados costos o construir estrategias destinadas específicamente a atraer grandes consumidores industriales.
Para Stipanicic, esa estructura pudo funcionar durante buena parte del siglo XX, pero puede convertirse en una limitación cuando Uruguay intenta ingresar en industrias globales intensivas en electricidad.
La otra cara de los US$ 40
Pero la discusión tiene una contracara que no puede omitirse. No todos consideran que vender electricidad a HIF cerca de US$ 40 por MWh constituya simplemente una adaptación a las condiciones internacionales.
José Alem, exgerente general de UTE con más de medio siglo de trayectoria en el ente, advirtió recientemente que aceptar esas condiciones podría significar un subsidio importante a la empresa.
Según sus cálculos, la diferencia entre los costos de UTE y el precio pretendido por HIF podría ocasionar pérdidas de unos US$ 80 millones anuales para la empresa pública.
Alem no sostiene necesariamente que Uruguay deba rechazar el proyecto. Su argumento es que, si el Estado entiende que asumir ese costo resulta conveniente porque generará empleo, inversiones, exportaciones, recaudación y desarrollo industrial, debe transparentarlo. Las cuentas, sostiene, deben estar "arriba de la mesa".
El debate real es entonces bastante más complejo que elegir entre estar a favor o en contra de HIF.
La pregunta es si un precio competitivo de electricidad representa un subsidio a una multinacional o una inversión del país para ingresar en una nueva industria exportadora. Y, en caso de existir un costo para UTE, cuánto recibe Uruguay a cambio.
El petróleo vuelve a intervenir
La escalada del Brent introduce ahora una variable adicional. Un petróleo a US$ 95 o US$ 100 no convierte automáticamente a los combustibles sintéticos en rentables. Las tecnologías, las escalas productivas, los costos de capital y, fundamentalmente, el precio de la electricidad siguen siendo determinantes.
Tampoco existe garantía de que el petróleo permanezca en los niveles actuales. Una distensión en Medio Oriente podría provocar una corrección significativa de las cotizaciones.
Pero la nueva crisis demuestra otra cosa. El precio de los combustibles fósiles no depende solamente de cuánto cuesta extraerlos. Depende también de guerras, rutas marítimas, decisiones de las grandes potencias, sanciones económicas y equilibrios geopolíticos sobre los cuales Uruguay no tiene ninguna capacidad de incidencia.
Los combustibles sintéticos prometen otra ecuación: transformar electricidad renovable en moléculas capaces de sustituir progresivamente derivados del petróleo, particularmente en sectores difíciles de electrificar directamente. Ahí aparece la oportunidad uruguaya.
De la primera a la segunda transición energética
Uruguay realizó durante las últimas décadas una transformación extraordinaria de su matriz eléctrica. La incorporación masiva de generación eólica y solar redujo radicalmente la dependencia de combustibles fósiles para producir electricidad.
Stipanicic reconoce ese éxito, aunque cuestiona la velocidad y los costos con los que se realizó. "Construimos todo muy rápido, a costos altísimos que todavía seguimos pagando", afirmó.
Pero aquella primera transición tenía un objetivo relativamente claro: producir electricidad renovable para abastecer el consumo nacional.
La segunda plantea un desafío diferente. Ya no se trata solamente de generar electricidad limpia. Se trata de convertir esa ventaja energética en nuevas industrias, exportaciones, inversiones y cadenas de valor.
El hidrógeno verde, el e-metanol, los combustibles sintéticos, los centros de datos y eventualmente otras industrias electrointensivas necesitan enormes cantidades de electricidad. Y todas tienen algo en común: pueden elegir dónde instalarse. Ese es el cambio que obliga a repensar el papel de UTE.
La advertencia de Tether
Stipanicic utiliza como antecedente el caso de Tether. La compañía había anunciado inversiones cercanas a US$ 500 millones vinculadas a centros de procesamiento de datos y generación renovable, pero posteriormente resolvió cerrar sus operaciones en Uruguay.
La empresa cuestionó los costos eléctricos y la falta de un marco tarifario competitivo, aunque el episodio tuvo además otro componente relevante: mantenía una deuda millonaria que llevó a UTE a cortarle el suministro.
El caso, por tanto, no es directamente equiparable con HIF. Pero para Stipanicic deja una advertencia: las grandes inversiones intensivas en electricidad comparan países, tarifas, regulaciones e infraestructura antes de decidir dónde instalarse.
Uruguay ya no compite solamente consigo mismo. Compite con Chile, Brasil, Argentina, Estados Unidos, Australia, Medio Oriente y cualquier economía capaz de producir grandes volúmenes de energía renovable barata.
Una discusión que excede a HIF
El proyecto de Paysandú puede convertirse así en un caso testigo. Si finalmente se concreta, será una de las mayores inversiones privadas realizadas en Uruguay y colocará al país dentro de una industria energética todavía incipiente a escala mundial.
Si fracasa por la imposibilidad de acordar las condiciones energéticas, la discusión será inevitable: habrá que determinar si HIF exigía condiciones económicamente injustificables o si Uruguay perdió una inversión estratégica por no adaptar su mercado eléctrico a una nueva realidad internacional.
Ese es el debate que Stipanicic intenta colocar sobre la mesa. No se trata solamente de HIF. Se trata de decidir qué función tendrá UTE durante las próximas décadas: si continuará esencialmente como generadora, compradora, transmisora, distribuidora y comercializadora de electricidad dentro del mercado uruguayo o si parte de su función deberá transformarse para convertir al país en una plataforma energética capaz de atraer industrias globales.
La respuesta no es sencilla. Abrir mercados no garantiza automáticamente menores precios. Subsidiar grandes inversiones tampoco garantiza que los beneficios económicos terminen compensando el costo asumido por el Estado.
Pero mantener las reglas actuales tampoco es una decisión neutral. También tiene costos y puede significar inversiones que nunca llegan.
Mientras Uruguay discute esa ecuación, a miles de kilómetros el Brent volvió a rozar los US$ 100 porque seis barcos atravesaron un estrecho por el que normalmente pasan muchos más.
Esa imagen resume buena parte del dilema. Uruguay no tiene petróleo. Pero tiene viento, sol, agua, territorio, estabilidad institucional y una matriz eléctrica que construyó durante décadas.
La primera transición energética permitió transformar esos recursos en electricidad. La pregunta de la segunda es bastante más difícil: si Uruguay será capaz de transformar esa electricidad en una ventaja económica antes de que otros países lo hagan.
José W. Legaspi