La “agenda sustantiva” de discusión política “la está construyendo el gobierno” sin “aportes claros de la oposición”
La coalición intenta “desacreditar lo que va logrando” el gobierno, que “es mucho”, según director de la OPP
26.04.2026
MONTEVIDEO (Uypress)- Entrevistado por Natalia Uval para La Diaria, el director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP) Rodrigo Arim, dijo que la coalición intenta “desacreditar lo que va logrando” el gobierno, que “es mucho”: “está demostrando que la izquierda es capaz de gobernar en contexto de restricción, transformando la realidad”, afirmó.
En estos días se está procesando el comienzo y la finalización de dos ámbitos importantes para la definición de políticas del gobierno de Yamandú Orsi: el miércoles se lanzó la Estrategia Nacional de Desarrollo, y el próximo miércoles se presentarán públicamente los resultados del diálogo sobre seguridad social, que ya han despertado críticas de la oposición, en particular, en lo referente a la propuesta sobre las AFAP.
La OPP es un organismo clave en estos dos espacios y su director, Rodrigo Arim, conversó sobre ellos. También se refirió a una rendición de cuentas que será "austera" y a "discrepancias" con el "manejo político" de la cuestión tributaria por parte de algunos actores en el Frente Amplio (FA).
Esta semana se conocieron los datos de pobreza e indigencia de 2025, que muestran cierto estancamiento de esos indicadores porque la baja está dentro del margen de error. ¿A qué obedece, en tu opinión?
Yo te diría que todavía falta una capa de análisis para entender exactamente cuáles son las razones que están detrás de la evolución de los indicadores. Es cierto que están dentro del margen de error, y es cierto que van en la dirección correcta muchos de ellos, en particular, la pobreza. Va a haber que esperar, en la medida en que se mantenga este crecimiento económico, con la tasa de creación de empleo que hubo en 2025, que fue importante, y con las medidas que podría incorporar el gobierno a nivel de protección social -algunas que ya están en marcha, por ejemplo, las becas para los estudiantes-. Por supuesto, va a depender del escenario internacional y de las condiciones que enfrenta el país más en general. El crecimiento sí se ha ralentizado, pero seguimos creciendo, seguimos creando puestos de trabajo, los salarios siguen aumentando, por lo que es de esperar que la pobreza siga cayendo.
Si las políticas públicas vinculadas, por ejemplo, a la protección a la infancia, que vamos a seguir profundizando en este gobierno, a partir, por ejemplo, del diálogo social, mejoran las condiciones de los hogares más vulnerables, bueno, posiblemente esa sea una palanca adicional para mantener esa tendencia. Pero creo que hay que esperar todavía. La evolución va en el sentido correcto; es cierto que todavía no tiene un orden de magnitud suficiente para decir que estamos en una trayectoria de descenso sistemático de la pobreza.
¿Los resultados del diálogo social prevén propuestas dirigidas a la infancia?
El 28 de este mes, en el Consejo de Ministros, se va a hacer la entrega del informe y también de las áreas que van a ser priorizadas. Creo que el mensaje más relevante es que hay un acuerdo muy importante, casi de consenso en todos aquellos que participaron en el diálogo, respecto de que Uruguay necesita priorizar la infancia. Y hacia eso vamos. Como lo hizo el gobierno en el presupuesto quinquenal, cuando más del 50% del incremento presupuestal tuvo que ver con la infancia, vamos a priorizar en el ámbito de la protección social todas las herramientas que permitan mejorar las trayectorias vitales de las niñas, niños y adolescentes.
¿Esto va a suponer invertir nuevos recursos en sucesivas rendiciones de cuentas?
Parte de la ingeniería de la política es ser capaces de generar los espacios para que los recursos fluyan hacia los lugares que el gobierno entiende que tienen que ser prioritarios. ¿Es un escenario complejo? Lo es. Buscaremos estrategias que permitan el desarrollo de políticas que vayan a estos lados.
¿Qué es lo que se está proponiendo concretamente en relación con las AFAP?
Entre los acuerdos generales a los que se arribó en el marco del diálogo, es claro que se va a mantener un sistema sostenido en tres pilares. El pilar de ahorro individual obligatorio va a permanecer y va a permanecer un mecanismo de gestión profesional que implica también la presencia del sector privado en su gestión financiera.
Como en todos los mercados y en todas las áreas de la economía, por supuesto que hay espacios para mejorar el desempeño, pero lo que no es cierto es que se vaya en un camino de eliminar las AFAP. El pilar de ahorro individual sigue siendo obligatorio, los ahorros son propiedad de la persona, y con los mecanismos y los recaudos del caso para asegurarse de que no pueda tener otro uso que la finalidad previsional. Tu cuenta en la AFAP es tuya. No se puede hacer otro uso, salvo que pase lo que pasó en Argentina, que no es un ejemplo para nosotros. Simultáneamente, la administración profesional de los fondos requiere también la concurrencia del sector privado en esto, como lo está haciendo hasta ahora.
¿Va a haber una redefinición de competencias de las AFAP?
Más que de las competencias, de la forma de operación en ese segmento. Puede haber cambios en la forma de la operación, como en cualquier otro mercado.
¿Han tenido contactos con las AFAP para hablar sobre estos cambios?
No voy a dar declaraciones hasta el 28, porque estamos hablando de cambios que ni siquiera están definidos, o sea, en todo caso, hay una agenda política. Lo que puedo decir es que claramente para el gobierno este no es un aspecto prioritario. El aspecto prioritario es la infancia. Posiblemente emerjan cambios del diseño del pilar vinculado al ahorro individual, en el marco del diálogo, pero para el gobierno lo prioritario es infancia y adolescencia.
Esta es una propuesta que después tiene que considerarse a la interna del Poder Ejecutivo; otros ministros capaz que ni siquiera han entrado en contacto con la propuesta todavía...
Lo van a ver el martes, por eso mismo. Hay muchos ministros que lo van a ver el martes. El diálogo lo que brinda es insumos al Poder Ejecutivo para diseñar política, no lo mandata. Lo que tenemos es un conjunto de insumos que provienen de ciertos acuerdos en algunas áreas, como puede ser la infancia, y otras distintas propuestas que provienen de distintos actores, en algunos casos con más acuerdo y en otros con menos, como corresponde. Esos insumos son importantes para la decisión política y marcan una agenda que puede ser relevante en términos de protección social en Uruguay. Pero es un insumo para que finalmente el Ejecutivo tome decisiones.
En tu opinión personal, ¿la estrategia del Ejecutivo en este tema debería ser lograr acuerdos internos y mandar los proyectos de ley al Parlamento o evaluar primero si tienen viabilidad política para ser aprobados?
Siempre creo que es importante el diálogo entre distintos actores para la viabilidad política de las propuestas, si no lo que estamos construyendo son señales que no tienen pretensiones de comportarse como políticas. Eso no quiere decir que los proyectos de ley que el Ejecutivo pueda proponer en distintos ámbitos de la vida pública necesariamente se aprueben en el Parlamento Nacional; ya hemos tenido dificultades y se va a discutir en el Parlamento. ¿Cuál es el futuro de este instrumento? Bueno, yo creo que, por ejemplo, en infancia vamos a tener muchos consensos, que van a trascender incluso a quienes participaron en el diálogo, y es donde nosotros vamos a poder poner mucho énfasis.
¿Se va a habilitar la jubilación a los 60 años con ciertas condiciones?
Esos son acuerdos, eso va al encuentro de una promesa del gobierno que es tomar en cuenta la posibilidad de que las condiciones de jubilación a los 65 años tengan elementos que se flexibilicen y habiliten las jubilaciones a los 60 bajo algunas condiciones. Eso es parte del diálogo y parte de un compromiso que ya asumió el gobierno. En lo que vamos a ir avanzando en las próximas semanas es en una cantidad de detalles y contenido mucho más específico.
¿Cómo ves el escenario del gasto en la rendición de cuentas, teniendo en cuenta que se están ajustando a la baja las proyecciones de crecimiento?
El primer elemento es que la estrategia fiscal de gobierno está trazada en la ley de presupuesto quinquenal. Las rendiciones de cuentas son instancias donde se discute ese presupuesto y la asignación de recursos, pero la estrategia de financiamiento de las políticas que están integrando el programa de gobierno se define en el presupuesto quinquenal. De hecho, está definido un conjunto de herramientas y de innovaciones tributarias importantes, que en buena parte van a comenzar a ser operativas en 2027, pero también un conjunto de políticas que están financiadas a partir de esa estrategia, que combina los ingresos del Estado con los gastos, y que son el reflejo del programa de gobierno.
Entonces, el núcleo central está vinculado a eso. ¿Que puede haber ajuste en la rendición de cuentas? Por supuesto que puede haber ajuste. Yo creo que en este momento no estamos en condiciones de hacer anuncios con respecto a la rendición de cuentas, entre otras cosas porque estamos en un contexto internacional particularmente volátil y Uruguay no está inoculado contra los vaivenes que puede tener la economía mundial. Lo que sí es cierto es que tenemos que ser conscientes de que los esfuerzos de rendición de cuentas son esfuerzos de priorización. Cualquier escenario que implique darles recursos a ciertos tipos de política, requiere también pensar en priorizar con respecto a otras políticas. Y es un escenario que a la izquierda le cuesta, pero que es importante en un contexto de restricciones.
Uruguay no está en un escenario de recesión, seguimos creciendo a tasas más moderadas de las que esperábamos, pero sobre todo hay incertidumbre. Es un escenario donde deberíamos por lo menos ser cautos. Lo que es seguro es que va a ser una rendición de cuentas austera.
El FA y la evaluación del gobierno
¿Cómo ves la discusión tributaria que está impulsando el FA? ¿Puede de alguna forma llegar a permear durante este período de gobierno o es una propuesta para los siguientes?
La discusión tributaria es absolutamente válida e importante. Esa discusión, que es programática y propia de una fuerza política, no debería pensarse en ningún caso como un mecanismo de aplicación durante este período de gobierno. ¿Podemos prometer que no va a haber ninguna novedad tributaria? No, depende de las coyunturas internacionales y de las condiciones que atraviesa Uruguay puntualmente; sería irresponsable hacer una propuesta de ese tipo. Lo que sí, en las condiciones de planificación del presupuesto quinquenal, las innovaciones tributarias que hubo fueron muy importantes y son las que están reflejadas en la propuesta de presupuesto.
Entonces, ¿importa discutir sobre estrategia tributaria? Sí, de hecho, en la Estrategia Nacional de Desarrollo posiblemente haya espacio para discutir sobre estrategia tributaria. Ahora, discutir sobre la estrategia tributaria no es discutir solamente sobre un impuesto, es sobre los impuestos que hay y posiblemente también sobre aquellos que tendríamos que eliminar en clave de eficacia, eficiencia y justicia.
Muchas veces es muy sencillo hablar de creación de nuevos impuestos, pero cuando uno analiza el sistema tributario uruguayo, es probable que tenga que buscar, si se crean nuevos impuestos, cuáles son los otros que deberíamos alterar para asegurar que la eficacia y eficiencia del sistema tributario no altere una senda de crecimiento sostenido y equitativo. No es una trivialidad. Si avanzamos en ciertas áreas de tributación, por ejemplo, al patrimonio, quizás haya que pensar el impuesto a las rentas de las empresas, para asegurar que exista un mecanismo que incentive la inversión productiva en Uruguay. La propia fuerza de gobierno ha señalado que el IVA es un impuesto particularmente injusto. Paradójicamente se discute poco sobre el IVA y su posible reducción, sí sobre su personalización, que tampoco está en la agenda inmediata.
Entonces, en cualquier escenario, lo que se requiere es una discusión mucho más holística, ver todo el sistema, su eficacia, su eficiencia en todos los aspectos. Y eso no da para este período de gobierno.
Con el nivel actual de recursos públicos y con el ritmo de crecimiento que tiene Uruguay, ¿es posible financiar lo que se está proyectando en materia de políticas sociales?
Sí, haciendo un ejercicio claro de priorización. Porque la necesidad de recursos para estas políticas existe y va a seguir existiendo. En el marco del conjunto de priorizaciones que tiene el gobierno, que tiene algunos focos muy relevantes vinculados a los primeros tramos de edad, en un escenario donde Uruguay sigue creciendo a un ritmo un poco más ralentizado, pero que no abandona la senda de crecimiento económico, tenemos que tener la previsión del caso para cumplir el programa de gobierno. Siempre hay margen para arreglos institucionales que puedan liberar recursos para poder hacer ciertos tipos de políticas, lo cual no quiere decir recortes. Hay redefiniciones institucionales de algunas políticas que pueden generar espacios para sostener innovaciones relevantes en estas áreas.
Fernando Pereira tiene el consenso de los sectores mayoritarios del FA para seguir en la presidencia de la fuerza política, ¿qué te parece?
Mi opinión estrictamente personal es que es una gran noticia que Fernando Pereira siga siendo presidente del FA. Creo que ha sido un canal relevante con el gobierno, y un actor muy importante para el vínculo y el diálogo que tienen que tener necesariamente la fuerza política y el gobierno, que no son la misma entidad, que tienen ritmos, prioridades y mecanismos de trabajo distintos. Pero tiene que haber un diálogo fluido, y creo que Fernando, en ese plano, que es el que yo conozco, ha cumplido un rol importante.
¿Cómo explicás cierto malestar de un segmento de los frenteamplistas con el rumbo del gobierno?
Creo que, en primer lugar, es probable que haya un conjunto de expectativas que tienen que ver con ciertos márgenes de acción que tenía el FA en los primeros gobiernos, que ya no los tiene, pero no solamente económicos. Me refiero, por ejemplo, a la mayoría parlamentaria. Hacer política implica también hacerla asumiendo el conjunto de restricciones que se enfrentan en estos dos planos. En segundo lugar, puede quedar puntualmente en un aspecto de perfilamiento de algunos espacios dentro del FA, eso es parte de la vida, es natural.
¿A qué te referís?
Creo que un elemento que no fue particularmente adecuado, bien manejado -y esto lo digo como opinión personal- tiene que ver con toda la discusión sobre la cuestión tributaria. No porque no fuera válida. Pero en algún sentido, en el momento en que el Poder Ejecutivo está haciendo una propuesta muy relevante desde el punto de vista de cambios tributarios que sostenían el plan de gobierno, [la otra discusión tributaria] terminó opacando o desdibujando lo que son logros relevantes, porque son serios, porque son sustentables, porque están sostenidos en los principios que el programa del FA estableció, que tienen que ver con progresividad. Y terminó en algún sentido deslucido ese proceso. Creo que hay errores en el manejo político en ese plano. Tengo discrepancias con la forma en que se manejó políticamente, lo cual no quiere decir que no sea válida la discusión; es absolutamente válida y pertinente. Pero creo que ese desacople generó también el ruido hacia actores dentro del FA que visualizan una ausencia de logros, cuando en realidad hay logros muy importantes en esa materia.
Después probablemente se cruce con temas de comunicación, de conexión con algunas sensibilidades dentro del FA. Es innegable que puede existir ese grado de no reconocimiento, pero también creo que este gobierno está demostrando que la izquierda es capaz de gobernar en contexto de restricción, transformando la realidad, creando mejores condiciones para la vida de la gente, y siendo responsable.
¿El gobierno tendría que redefinir alguna línea de acción o estrategia, o los niveles de desaprobación se explican más bien por un clima de época que tiene que ver con la inconformidad de las personas?
Hay un clima de época y hay un tipo de liderazgo que creo que es muy reivindicable, como el que ejerce Yamandú [Orsi], que es un liderazgo de diálogo y no de confrontación. Creo que es un activo muy importante de Uruguay, que posiblemente a escala internacional esté yendo a la baja en las preferencias de otros actores. Espero que en Uruguay siga siendo un tipo de liderazgo apreciado. También creo que hay que tener un poco de calma, porque, en buena medida, el grueso de las políticas que definió el FA como prioritarias a partir de 2025 en el presupuesto quinquenal se están desplegando a partir de 2026. Es nuestra obligación ejecutarlas tal como lo prometimos y también comunicarlas correctamente. Estamos justo en un momento donde las políticas más relevantes del plan de gobierno están en pleno despliegue, y esa transición puede estar generando pequeños desasosiegos o desacoples entre la percepción de algunos actores vinculados a la izquierda uruguaya y los logros de gobierno. Eso creo que se va a resolver con la gestión. En la medida en que gestionemos correctamente las prioridades y los instrumentos políticos que logramos financieramente en el presupuesto quinquenal, estoy seguro de que vamos a tener también un reconocimiento, con esta capa adicional: son logros en contextos complejos.
Cuando se califica al gobierno de "tibio", ¿tiene que ver con esto que decías del estilo de liderazgo del presidente o también con una percepción sobre el rumbo?
Me parece que la percepción puede ser multicausal. Por un lado, porque es una estrategia retórica de la oposición calificar de tibio al gobierno, es una forma de intentar desacreditar lo que va logrando el gobierno, que en un año es mucho.
Y cuando en el FA se habla de tibieza, ¿qué significa?
Yo creo que, de vuelta, en algunos actores, hay ciertas preferencias por un estilo de liderazgo más confrontativo. Y en un contexto internacional que está caracterizado por mayores niveles de confrontación, eso también puede ser algo que se sienta como cierto nivel de desacople. Pero en el caso de Uruguay, la mejor estrategia que tiene es, justamente, parado en sus principios, que son muy caros, ser capaces de transitar escenarios muy convulsionados sin perder pie.
La estrategia nacional de desarrollo
¿Cuáles son las áreas temáticas o ejes en los que al gobierno le interesa particularmente poner el foco en la discusión sobre la estrategia de desarrollo?
Somos un país que va a competir con base en nuestra capacidad de incorporar conocimiento en las actividades productivas. A nuestra capacidad de formar fundamentalmente a los jóvenes en forma adecuada y con la versatilidad que implica adaptarse al mundo. Y esos son desafíos vinculados pero distintos. Entonces, la estrategia de desarrollo tiene que dialogar con lo que estamos haciendo en ciencia y tecnología. Pensar también en qué sectores, incluso en qué espacios territoriales, uno podría, por ejemplo, construir políticas que se apoyen en algunos desarrollos científicos para encontrar soluciones, y al mismo tiempo que logremos mejorar y diversificar un poco las estructuras productivas o incluso la respuesta de política pública.
Hay un ejercicio también que es interesante y es que los propios actores identifiquen dónde están las barreras para que ciertos sectores se expandan en Uruguay. En algunos sectores tienen que ver con el acceso al crédito, con la posibilidad de apalancar inversiones de mediano y largo plazo, porque no se tiene acceso al mercado internacional y los créditos en Uruguay no tienen suficiente profundidad desde el punto de vista de su duración y tasa; ese puede ser un caso. En otros casos, puede haber elementos de regulación que algunos sectores consideran inadecuados para su expansión.
¿Vamos a cubrir todo? Posiblemente seamos menos ambiciosos que otros planes que se hicieron en Uruguay. Capaz que este ejercicio es más concentrado, más acotado, pero de lograr identificar áreas de política donde efectivamente podemos hacer cosas que se transformen en vectores de desarrollo con algunas características que precisamos tener. Y me parece que el hecho de que la iniciativa original provenga de trabajadores y empresarios es una virtud de este plan.
¿Sigue siendo relevante discutir sobre la primarización de la economía?
Creo que es un tema de agenda siempre, lo que hay que evitar son las respuestas simplistas. Uruguay tiene algunos espacios de producción primaria que claramente están en la frontera tecnológica y logran diferenciar productos a escala mundial. Eso es una virtud del país y le agrega valor, y permite también generar un vector de bienestar importante a todos aquellos sectores de la población que están vinculados a cierto tipo de cadenas.
Yo creo que más que diversificar, que sigue siendo importante, el concepto clave es densificar. Por supuesto que es buena cosa que la producción abarque distintos sectores, por la propia dinámica internacional, porque también es importante ubicarse en el mundo en segmentos y nichos de mercado que estén menos sujetos a la evolución de los precios de los commodities, y eso implica también cierto grado de sofisticación productiva. Pero ¿cómo se logra esa sofisticación y densificación? No necesariamente es sumando muchos sectores más. Puede ser construyendo sobre los sectores que uno tiene y agregando algunos temas. Yo creo que Uruguay tiene algunas posibilidades, por ejemplo, en la biotecnología, porque tiene base científica, base académica, porque hay algunas experiencias incipientes de empresas que surgen a partir de la base tecnológica.
La oposición ha cuestionado que el gobierno abra diversas instancias de diálogo y sostiene que no se ha dedicado a implementar medidas concretas o que no tenía plan cuando llegó al poder, ¿qué te parece esa argumentación?
Creo que es un arma retórica que no tiene sustento. Entre otras cosas, porque la agenda en Uruguay hoy, fundamentalmente y diría casi que en exclusividad, la está ocupando el gobierno. ¿De qué estamos discutiendo? Sobre el plan de seguridad y sus medidas. Ahora en estos días vamos a discutir sobre seguridad social y protección social con base en las propuestas que emergen de un proceso de diálogo, y las propuestas que va a traducir también el gobierno en distintos proyectos. ¿Qué estuvimos discutiendo durante todo el año pasado? El proyecto de ley de presupuesto quinquenal. La construcción de la agenda sustantiva, que tiene que ver con los nuevos instrumentos políticos o la profundización de un conjunto de instrumentos, ha provenido del Poder Ejecutivo, no de la oposición.
Entonces, efectivamente, acá hay una vocación de construir desde el diálogo, pero construir desde el diálogo no es esperar. Estamos desarrollando una nueva estrategia de riego porque entendemos que es una de las posibilidades para mejorar el nivel de productividad del agro en Uruguay, y no estamos esperando el resultado de la estrategia nacional de desarrollo [para eso]. Estamos trabajando en todo lo que implica la infraestructura logística del país. No quiere decir que no estemos avanzando en políticas muy concretas, de largo aliento, cuyos resultados no se van a ver en el corto plazo. Entonces, ahí hay una falsa contradicción en la forma en que se plantean los temas.
La agenda pública de discusión sustantiva, no la retórica de todos los días, ni la confrontación sobre adjetivaciones de un sector a otro, sino sobre qué estamos discutiendo sustantivamente en términos de política, esa agenda la está construyendo el gobierno, no hay aportes claros de la oposición en este caso.
¿Es posible construir políticas de Estado en un clima político con mayores niveles de confrontación?
Creo que es un riesgo que tenemos. Uruguay no está inoculado contra la posibilidad de que se generalice cierta forma de hacer política que explota la confrontación y el discurso simple como mecanismo de estigmatización del otro, y eso implica también sociedades más divididas. Creo que en Uruguay hay algún síntoma, pero estamos todavía preservando una calidad de convivencia democrática que claramente es mejor de la que vemos en otros países de la región, y yo diría, incluso, del mundo desarrollado. Quizás esto puede ser hasta un poquito conservador, pero me parece que parte del esfuerzo que tenemos que hacer todos es preservar eso. Porque, en primer lugar, un país chico tiene que lograr diferenciarse del mundo, y un ingrediente que tenemos hoy que todavía nos diferencia es ese. Y además, porque si nosotros no logramos tener algunos acuerdos que traspasen los períodos de gobierno, difícilmente podamos mantener políticas que son bien relevantes para la estabilidad.
También creo que en la medida en que las políticas avancen y se logren ir instrumentando, lo que suele pasar es que los propios actores que están involucrados en ellas las defienden, y eso lo que hace es derivar el escenario de la discusión política hacia otros tópicos. O sea, se logra consolidar e institucionalizar algunas áreas de la política que quedan por fuera del debate cotidiano. No quiere decir que no se puedan rediseñar ni discutir, porque es la democracia, pero ya dejan de ser parte del foco central de la discusión política.
Entonces, hay que dialogar, hay que diseñar y hay que ejecutar. Porque la ejecución demuestra resultados, es capaz de mostrar por emulación que es posible avanzar en algunas áreas e institucionaliza algunas decisiones de política, que luego -la democracia consiste en eso- otros gobiernos podrán rever y analizar.
Foto: Mauricio Zina / adhocFOTOS
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias