Tres izquierdas y solo una derecha. Esteban Valenti

02.11.2026

MONTEVIDEO (Uypress/Esteban Valenti) - El resultado en Brasil con el triunfo de Lula sobre Bolsonaro confirma un viejo muy exitoso titulo de una nota de nuestro estimado periodista Milton Ramírez.

La derecha se unió como un solo puño, no solo en Brasil sino con el apoyo directo de Trump de Milei de todos los presidentes de América Latina del sur con excepción de Uruguay.

Lo que es notorio es que frente a ese bloque único de la derecha, la izquierda se puede dividir en tres sectores muy distintos: por un lado la izquierda, izquierda, es decir los gobiernos ty los partidos que aplican una política auténticamente de izquierda, de redistribución de la riqueza a través del sistema impositivo, del nivel de los servicios públicos, educación, salud, políticas de apoyo a los sectores mas pobres, como el caso de bolsa familia.

El segundo sector de la izquierda, está atrapada por sus orientaciones de centro izquierda, el caso más evidente es Uruguay, y la inamovilidad del sistema impositivo, los indicadores de sociales con cambios lentos y muy limitados, las inversiones en los presupuestos de la educación o de la salud son indicadores implacables de la centroizquierda.

Y por último existe otra supuesta izquierda, que partió desde el apoyo incondicional a Venezuela de Maduro, a Cuba de Diaz Canel y los restos de la familia Castro e incluso mirando de reojo a Nicaragua. Es una "izquierda" en franca desbandada y disolución. Explicar las razones resulta absurdo para un público medianamente inteligente.

Esa tercera variante, fosilizada en consignas de hace sesenta años, ya no es izquierda ni es nada: es la coartada moral de regímenes autocráticos que convirtieron la épica revolucionaria en miseria planificada, éxodo masivo y represión abierta. Y lo más trágico no es solo su decadencia interna, sino el daño colosal que le infligen al resto del campo progresista. Cada vez que una dictadura caribeña encarcela opositores o condena a su pueblo al hambre bajo el pretexto del "antiimperialismo", le regala munición pesada y gratuita a esa derecha compacta, feroz y disciplinada.

Porque la derecha no se pierde en sutilezas teóricas. No discute matices cuando se trata del poder, del mercado o del control de los resortes fundamentales del Estado. Votan juntos, operan juntos, articulan con los grandes grupos mediáticos y cierran filas detrás de cualquier liderazgo, por más grotesco o autoritario o corrupto que sea, con tal de frenar cualquier avance popular. Lo demostró el bolsonarismo, lo exhibe el trumpismo y lo repite el coro de acólitos que aplauden el ajuste salvaje en toda la región. En nuestro país los planes electorales de la coalición colorinche encabezada por los blancos, por Lacalle Pou y el gobierno mas corrupto de la historia nacional.

Frente a esa muralla reaccionaria, la tragedia de América Latina radica en la incapacidad de la izquierda para mirarse al espejo con un mínimo de rigor autocrítico. La centroizquierda -temerosa, tibia, administrando con prolijidad el statu quo por pánico a incomodar a los poderes fácticos- termina vaciando de contenido la esperanza de las mayorías. Gestionar la mediocridad con balance fiscal impecable no alcanza para transformar la vida de la gente; solo prepara el terreno para el desencanto y la vuelta triunfal del revanchismo conservador, que muchas veces se escapa hacia el repudio generalizado hacia la política y la aparición de lideres de la extrema derecha popullista.

Uno de los terrenos más tensos e importantes de este choque, es entre el modelo ultra represivo de Bukele y la incapacidad de las dos izquierdas verdaderas que no logramos una respuesta teórico-política- operativa, de inteligencia en definitiva integral frente a los nuevos fenómenos y amenazas del delito organizado. Es el mayor déficits de las dos izquierda.

Y la pagamos muy cara, es la gran bandera reaccionaria promovida desde el exterior y el interior para promover los gobiernos de derecha y ultraderecha en el continente. América del sur es un ejemplo muy claro, frenado por el triunfo de del progresismo en Brasil.

El triunfo de Lula en Brasil marca la cancha, pero también desnuda el límite del margen histórico: o la izquierda asume el coraje de redistribuir en serio, de tocar los intereses concentrados mediante reformas fiscales profundas y de defender la democracia sin doble moral ni complicidades vergonzantes, o el bloque reaccionario seguirá esperando agazapado. Porque cuando la esperanza se diluye en concesiones sin fin o en dogmas decrépitos, la derecha no perdona: avanza, arrasa y no pide permiso.

Y en esa batalla crucial por el futuro de nuestros pueblos, la tibieza, el silencio cómplice y la falta de coraje no son errores tácticos: son directamente una claudicación.

Política
2026-11-02T06:53:00

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias