A seis años de la muerte de Quino: Mafalda todavía pregunta por nosotros

30.09.2026

MONTEVIDEO (Uypress/JWL)- Quino murió el 30 de septiembre de 2020, pero dejó una niña que continúa interrogando al poder, la guerra, la desigualdad y las contradicciones del mundo adulto.

 

Hay artistas que sobreviven en sus obras y otros que dejan personajes capaces de independizarse de quien los creó. Joaquín Salvador Lavado Tejón, Quino, pertenece a esta segunda categoría. Murió el 30 de septiembre de 2020, a los 88 años, pero Mafalda continúa caminando por un mundo que, para desgracia de todos, todavía le proporciona demasiadas razones para indignarse.

Se cumplen hoy seis años de la muerte del dibujante nacido en Mendoza en 1932, uno de los nombres mayores del humor gráfico latinoamericano. Y la coincidencia del calendario tiene algo de extraordinario: Quino murió apenas un día después del aniversario de la primera publicación oficial de Mafalda, aparecida el 29 de septiembre de 1964 en el semanario argentino Primera Plana.

Quino había comenzado antes. Abandonó la Escuela de Bellas Artes porque quería dibujar historietas y en 1954 consiguió publicar su primera página de humor. En 1963 apareció Mundo Quino, su primer libro. Poco después recibió un encargo publicitario: crear una familia para promocionar una línea de electrodomésticos cuyos productos llevarían el nombre Mansfield.

La campaña nunca salió. La niña sí. Mafalda comenzó como un proyecto publicitario frustrado y terminó convertida en uno de los personajes más universales de la cultura argentina.

Una niña mirando a los adultos

Tenía seis años, odiaba la sopa y estaba preocupada por la humanidad. La combinación resultó formidable.

Quino comprendió que colocar las grandes preguntas del mundo en boca de una niña permitía mostrar el absurdo de muchas respuestas adultas. Mafalda preguntaba por las guerras, la pobreza, las desigualdades, la política, la libertad, el lugar de las mujeres o el destino del planeta.

A su alrededor, Quino construyó una pequeña sociedad. Manolito creía en los negocios; Susanita soñaba con casarse y tener hijos; Felipe sufría anticipadamente por sus obligaciones; Miguelito poseía una lógica capaz de desmontar cualquier certeza; Libertad era diminuta físicamente pero enorme en su nombre y en sus convicciones.

No eran solamente personajes. Eran distintas maneras de mirar el mundo. Por eso Mafalda pudo viajar tan lejos. Sus libros fueron traducidos a decenas de lenguas y el personaje se convirtió en una referencia cultural mucho más allá de Argentina. El jefe del Centro de Historieta y Humor Gráfico de la Biblioteca Nacional argentina, José María Gutiérrez, ha señalado precisamente que Quino consiguió condensar en Mafalda y sus amigos características reconocibles en personas de sociedades muy diferentes.

Quino era mucho más que Mafalda

La enorme popularidad de la niña tuvo también un efecto injusto: ocultó parcialmente al formidable dibujante que existía detrás de ella. Antes, durante y después de Mafalda, Quino produjo miles de páginas de humor gráfico. Allí su mirada podía ser todavía más dura.

La burocracia, el autoritarismo, las relaciones entre patrones y empleados, médicos y pacientes, ricos y pobres, poderosos y subordinados aparecían sometidos a una maquinaria humorística despiadada.

Muchas veces ni siquiera necesitaba palabras. Una oficina, un escritorio desproporcionadamente grande, una puerta, una escalera o la diferencia de tamaño entre dos personajes podían explicar perfectamente quién mandaba y quién obedecía.

El dibujante Miguel Rep lo considera un punto de ruptura en la historia del humor gráfico argentino: hay, según su definición, un antes y un después de Quino.

Saber terminar

Hay además una decisión de Quino que dice mucho sobre su relación con la creación. Mafalda era un éxito internacional cuando decidió dejar de dibujarla.

La última tira regular apareció el 25 de junio de 1973, después de nueve años. Quino explicó que comenzaba a sentir el riesgo de repetirse y prefirió abandonar al personaje antes que convertirlo en una fórmula.

Fue una decisión extraordinaria. Dejó de producir Mafalda cuando Mafalda podía seguir produciendo éxito. Y quizás allí se encuentre parte del secreto de su permanencia.

Nunca envejeció obligada a comentar cada acontecimiento posterior. Quedó detenida en una infancia desde la cual continúa observándonos.

El mundo que no arreglamos

Han pasado más de seis décadas desde que aquella niña apareció en Primera Plana.

Cambiaron gobiernos, desaparecieron países, terminó la Guerra Fría, aparecieron internet y las redes sociales, el mundo se hizo digital y las comunicaciones adquirieron una velocidad que Quino difícilmente hubiera podido imaginar cuando dibujaba sus primeras tiras.

Pero permanecieron demasiadas cosas. Las guerras. Los refugiados. La concentración de la riqueza. El hambre. El racismo. La violencia política. La burocracia. Los discursos grandilocuentes de quienes prometen arreglar el mundo mientras administran sus injusticias.

Por eso Mafalda continúa funcionando. No porque haya previsto el futuro. Sino porque Quino entendió algunas contradicciones humanas que se resisten obstinadamente a desaparecer.

Murió hace seis años.

Mafalda, en cambio, sigue sentada frente al mundo. Y lo inquietante no es que todavía tenga preguntas. Es que, después de sesenta años, nosotros todavía no tengamos buenas respuestas.

Cultura
2026-09-30T03:15:00

José W. Legaspi