Se nos fue

Adiós, Walter Cruz

25.02.2021

MONTEVIDEO (Uypress/Daniel Feldman) – La noticia me golpeó un rato pasada la medianoche: “Hoy nos dejó el compañero Walter Cruz. Hasta siempre. Fuerza para su familia y amigos”.

 

A pesar de sus 82 años y su deteriorado estado de salud, Walter parecía un inmortal. Eso comentábamos hoy con Roberto, otro amigo. Sobrevivió a instancias muy difíciles, extremadamente difíciles, y su vida era un libro abierto de gran parte de la historia reciente, no solo de nuestro país, sino también de Argentina.

A Walter lo conocí allá por 1974, en Buenos Aires. Para él, durante unos cuantos meses, fui Francisco, amigo de Diego (mi hermano Raúl), que sería quien encadenaría nuestras vidas a partir de diciembre de ese año.

Walter fue el último en ver con vida a Raúl -además, por supuesto, de sus asesinos- y un caso fortuito lo llevó a salvar la suya, cuando fue a comprar unos zapatos a un lugar que Raúl le recomendó, y retornó en momentos en que el comando de la Triple A se retiraba del lugar del crimen.

Permítanme hacer una digresión y transcribir parte del texto que dio pie a la obra "Excepto Raúl", justamente donde aparece nuestro Walter:

'Estrenó los zapatos para morir, estrenó los zapatos para morir' repetía sin cesar mi padre frente al lustroso par de  mocasines, lo único de su vestimenta que le arrebató a la muerte. ¿Qué pensamientos desencadenaba en él - judío emigrado de la Rumania fascista, ex preso político en Brasil y militante del aparato clandestino del Partido Comunista desde hacía años - cada vez que repetía la frase? ¿Reviviría sus avatares? Sé que mascullaba sus culpas y algunas veces las ajenas,  de aquellos que siempre se dijeron compañeros y lo único que depositaron en sus manos fue el abandono luego de musitar alguna frase para vaya a saber que mármol inexistente.

Muerte.

***

Walter, otro comunista uruguayo exiliado en Buenos Aires, estaba con Diego el veinticuatro de diciembre. Bajó del apartamento - oficina a comprar zapatos, en el lugar que Diego había comprado los suyos, los que estaba estrenando ese día.

A él lo salvaron los zapatos nuevos. Seguramente su destino hubiera sido el de Diego de haber permanecido con él, de haber renunciado a estrenar sus zapatos. Cuando volvió todo había terminado ya; todo aquello, y recién comenzaba todo lo otro.

Cada tanto nos encontramos; los veinticuatro de diciembre, invariablemente, me manda un saludo y no olvida recordarme que en esa fecha conmemora su segundo cumpleaños.

Resurrección.

***

El "Tano", Nino por aquellos tiempos, nació el mismo día y año que Diego: doce de marzo de mil novecientos cuarenta y ocho. Eran "mellizos", compañeros y amigos.

Un día, muchos años después, me confesó: 'viste que yo no escatimo dinero en vestirme, me gusta y me gasto la guita. Me gusta que todo combine; pantalón, saco, camisa, corbata... zapatos. Pero hay una cosa con la que nunca me vas a ver. ¿Sabés con qué? Con zapatos negros. ¿Sabés por qué? Porque el día que mataron a tu hermano me había comprado un par de zapatos negros. Los tiré y nunca, nunca más me compré zapatos negros'.

Vida.

***

Vida, muerte, resurrección... a veces los hechos más inverosímiles se atan de la forma menos pensada.

Historia de zapatos la denomino.

Cuando menciono el título nadie me entiende, pero dentro de mí un leve cosquilleo me indica que más allá de rupturas o caminos que tomemos, muchas veces hay lugar para una historia mínima que una para siempre nuestros destinos. En este caso, tres simples pares de zapatos nuevos.

 

Así fue que se unieron la vida de Walter y la mía, y más allá de distancias -físicas, políticas o de cualquier otra índole- invariablemente permanecía ese lazo y ese afecto indestructible.

El 7 de noviembre pasado fue la última vez que lo vi. Con gran esfuerzo asistió a la presentación de "Excepto Raúl" en el MUME. Charlamos -tal vez no todo lo que hubiera querido- y nos hablamos por teléfono varias veces después. Obviamente, el 24 de diciembre celebramos su segundo cumpleaños.

Anoche, al recibir la noticia de su muerte, volví a pensar en los zapatos; en Buenos Aires en diciembre de 1974; en la tarde de 1987 cuando por razones laborales caminaba por una calle de Juan Lacaze y escuché el grito "Daniel" y nos fundimos en un abrazo interminable; me acordé de muchas charlas, y sobre todo pensé en las que me faltaron.

Otros podrán hacer mejor que yo una recorrida más detallada y precisa por su jugosa vida; yo lo incorporaré a ese muy reducido grupo con los que, cada tanto, sigo conversando.

Hasta siempre Walter.

 

 

Derechos Humanos
2021-02-25T20:08:00

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