América Latina debe reformar sus sistemas energéticos para la era de las renovables

19.02.2026

MONTEVIDEO (Dialogue Earth) - El analista Wilmar Suárez, del think tank energético Ember, propone cómo la región puede sacar provecho del 65% de su electricidad procedente de fuentes limpias Español.

América Latina y el Caribe se está convirtiendo en líder en la transición energética. Nuestro informe insignia en Ember, el Global Electricity Review 2025, reveló que el 65% de la electricidad generada en América Latina y el Caribe en 2024 procedía de fuentes limpias, muy por encima de la media mundial, que es del 41%.

No es casualidad: gran parte de la generación limpia de nuestro territorio descansa sobre sistemas eléctricos que se desarrollaron durante décadas alrededor de la hidroelectricidad. A lo largo del siglo XX, grandes represas permitieron cubrir buena parte de la demanda eléctrica con una fuente baja en emisiones. Sin embargo, la presión de un consumo creciente, sumada a una mayor exposición a fenómenos climáticos como El Niño y una menor disponibilidad de agua, han obligado en los últimos años a diversificar las matrices de generación eléctrica, incorporando cada vez más energía solar y eólica.

Pero, a pesar de estos éxitos, queda trabajo por hacer. No alcanza con expandir la generación eléctrica limpia si el resto del sistema sigue dependiendo de combustibles fósiles, en su mayoría importados.

La región tiene una oportunidad histórica. Pero necesita pensar más allá de las energías renovables y transformar el sistema energético en su conjunto. Aprovechar la generación renovable para descarbonizar otros sectores de la economía puede fortalecer la independencia energética de los países de la región y reducir la dependencia de los combustibles fósiles. Esto podría suponer un ahorro de miles de millones para las economías latinoamericanas, al tiempo que proporcionaría una energía más barata y segura para la población.

Una historia de éxito latinoamericana

Países como Uruguay, Brasil y Chile vienen mostrando avances particularmente notables en el despliegue de la generación eléctrica basada en energías renovables.

Uruguay consolidó una matriz eléctrica con un 95% de generación renovable, que complementa de forma eficiente la generación hidroeléctrica y la eólica.

Brasil, la mayor economía de la región, multiplicó por cinco su generación eólica en los últimos diez años y casi por siete su generación solar en los últimos cinco años Además, en agosto pasado, las energías eólica y solar alcanzaron una tercera parte de la generación eléctrica mensual por primera vez en el país.

Chile, por su parte, alcanzó una participación combinada de la generación solar y eólica del 34%, además se convirtió en el líder regional en almacenamiento de energía en baterías con 1,8 GW de capacidad en operación, impulsado por políticas estables y una fuerte caída de los costos tecnológicos.

Potencial sin explotar

Otras economías relevantes de la región, como Argentina y México, también han incorporado renovables no convencionales en la última década, pero a un ritmo menor, alcanzando cerca de un 13% de participación de la generación solar y eólica, mientras Perú está por el 8% y Colombia no llega al 4%.

En estas economías, la historia es la de un potencial sin explotar.

Un caso que refleja este potencial no aprovechado es el de México: en 2024 más de la mitad de la electricidad del país se generó con gas importado de Estados Unidos. Pero, si México triplicara su generación renovable, para 2030 podría disminuir su necesidad de importar gas en alrededor de un 20% y evitar desembolsar unos 1.600 millones de dólares anuales en costos de importación de combustibles. Así mismo, México podría crear más de 400.000 empleos directos e indirectos en las fases de construcción y operación de los proyectos, dinamizando las economías locales y brindando oportunidades de desarrollo a comunidades que generalmente han sido marginadas en los grandes proyectos del sector eléctrico. Una gran oportunidad para un país con uno de los mejores recursos solares a nivel mundial, que tiene un potencial técnico para suministrar el 90% de la generación total de electricidad con energía solar y baterías.

Ahora bien, a medida que la generación solar y eólica alcanza mayores niveles de penetración, es fundamental que los sistemas eléctricos de la región estén preparados para aprovechar al máximo el potencial que pueden aportar estas tecnologías. Es en este punto donde se debe crear un entorno político y regulatorio para que entre en juego la llamada "flexibilidad limpia": soluciones como el almacenamiento en baterías, la participación activa de los usuarios en mercados de respuesta a la demanda, las redes eléctricas más inteligentes y una mejor integración regional, que aseguran que los sistemas de generación renovable que se instalen puedan funcionar sin restricciones técnicas.

En Chile, donde la energía solar tiene la mayor participación en la generación eléctrica (23%) -liderando incluso récords globales-, se está trabajando fuertemente en aumentar el aprovechamiento de su generación renovable con mejoras en la capacidad de transmisión y almacenamiento. De acuerdo a datos de Ember, por cada punto porcentual que Chile logre reducir sus vertimientos de energía renovable, podría inyectar a la red suficiente energía para satisfacer la demanda eléctrica de 120.000 familias.

Solo las renovables no alcanzan

América Latina y el Caribe puede ir más allá de las energías renovables y reformar el sistema energético en su conjunto. Existen incentivos económicos para hacerlo.

Colombia ofrece un ejemplo concreto: aumentar en 14% la eficiencia energética en la industria y electrificar el 30% de los calentadores de agua y el 10% de las estufas a gas en los hogares, podría acortar la brecha en el déficit en el suministro de gas esperado para la próxima década y reducir en diez años importaciones de gas por unos $2.000 millones de dólares. Esto demuestra que la región puede acelerar la modernización y transformación integral de sus sistemas energéticos, teniendo las energías renovables como punto de partida, al mismo tiempo que genera ahorros significativos y fortalece la seguridad energética.

La región tiene el potencial para seguir avanzando para convertir su liderazgo en beneficios directos para sus habitantes como generación de empleo, tarifas eléctricas asequibles, aumento de los niveles de acceso a energía y desarrollo de industrias locales.

Sin embargo, para que la transición energética se sienta "en casa", es fundamental que los países pongan en el centro a las personas, incluyendo proyectos renovables con participación local, asegurando condiciones laborales de calidad y promoviendo el desarrollo regional, para que la energía limpia y la electrificación se conviertan en la palanca para reducir desigualdades e impulsar un desarrollo social y económico transformador.

 

Wilmar Suárez es analista de energía para América Latina en Ember, un centro de estudios sobre energía. Trabaja en la ampliación del acceso a la energía sostenible, la promoción del uso de energías renovables, políticas e iniciativas de eficiencia energética y la descarbonización de la energía urbana.

 

Imagen: Turbinas eólicas en Ceará, en el noreste de Brasil. La energía eólica y solar representaron un tercio de la generación eléctrica del país el pasado agosto (Imagen: Philippe Turpin / Photononstop / Alamy)

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Medio Ambiente
2026-02-19T11:27:00

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