INTELIGENCIA ARTIFICIAL / LIBROS Y DERECHOS DE AUTOR

Anthropic destruyó millones de libros para entrenar a Claude, pero no hay pruebas de que fueran joyas irreemplazables

07.08.2026

SAN FRANCISCO (Uypress) – La afirmación de que empresas de inteligencia artificial están destruyendo libros para alimentar sus modelos tiene una base real. Anthropic, desarrolladora del asistente Claude, compró millones de ejemplares físicos, eliminó sus encuadernaciones, escaneó sus páginas y descartó posteriormente los originales.

La operación fue denominada internamente Project Panama y comenzó a desarrollarse en 2024. Anthropic contrató a Tom Turvey, un antiguo ejecutivo que había participado en el proyecto Google Books, para crear una biblioteca digital destinada al entrenamiento y la investigación de sus modelos.

Según documentos judiciales, la empresa gastó varios millones de dólares en la adquisición de millones de libros, principalmente usados y comprados en grandes cantidades a distribuidores comerciales.

Los proveedores contratados emplearon cortadoras hidráulicas para retirar los lomos y separar las páginas. Estas fueron introducidas en escáneres industriales de alta velocidad y transformadas en archivos digitales con texto procesable. Los restos de papel fueron enviados posteriormente a empresas de reciclaje.

Por tanto, los libros no fueron quemados, como sugieren algunas publicaciones, pero sí quedaron físicamente inutilizados. La digitalización fue destructiva porque resultaba más rápida y económica que fotografiar cada página conservando intacta la encuadernación.

La operación volvió a ocupar la atención internacional después de que libreros australianos denunciaran compras masivas de títulos especializados, ediciones extranjeras y ejemplares poco habituales. Algunos vendedores sospecharon que los compradores abastecían a empresas de inteligencia artificial.

No se pudo demostrar que Anthropic estuviera detrás de esas adquisiciones. La compañía afirmó que nunca compró libros a la empresa canadiense Zoom Books, señalada en algunos reportes, y aseguró que ninguno de sus programas adquiere y destruye libros raros o antiguos.

Zoom Books también negó realizar digitalizaciones destructivas. Sostuvo que compra libros usados para revenderlos intactos y que solamente recicla aquellos que no pueden volver a comercializarse. No reveló la identidad de sus clientes debido a acuerdos de confidencialidad.

Otra empresa, ISBNdb, llegó a promocionar en su página un servicio capaz de proporcionar hasta un millón de libros para entrenar modelos de inteligencia artificial. La propuesta indicaba que los ejemplares podrían ser escaneados y destruidos.

Después de la repercusión internacional, ISBNdb eliminó esa oferta y afirmó que había sido únicamente una prueba para conocer el interés del mercado y que el servicio nunca llegó a funcionar.

No existe, por tanto, evidencia suficiente para afirmar que actualmente Anthropic esté recorriendo el mundo para destruir joyas literarias. Tampoco se conoce públicamente el inventario completo de los millones de libros procesados durante Project Panama, porque parte de la documentación permanece reservada.

La compañía adquirió grandes cantidades de ejemplares usados disponibles comercialmente. Esto hace probable que muchas obras tuvieran numerosas copias, pero no permite descartar que algunos títulos estuvieran agotados, fueran difíciles de conseguir o tuvieran un valor especial para determinadas comunidades académicas o culturales.

El interés de las empresas tecnológicas por los libros responde a la necesidad de conseguir textos extensos, estructurados, editados y escritos por seres humanos. Gran parte del contenido de fácil acceso en internet ya fue incorporado a distintos conjuntos de entrenamiento.

Además, la creciente presencia de textos generados automáticamente dificulta identificar materiales genuinamente humanos. Un estudio publicado en Nature demostró que entrenar sucesivamente modelos con información producida por generaciones anteriores de inteligencia artificial puede provocar una degradación conocida como “colapso del modelo”.

Esto no significa que los datos sintéticos sean completamente inútiles. Las empresas los emplean para tareas específicas, razonamiento, programación y generación de ejemplos controlados. El problema aparece cuando se utilizan indiscriminadamente y sin conservar suficientes datos humanos originales.

Los libros publicados antes de la expansión de la inteligencia artificial generativa tienen por ese motivo un valor especial: ofrecen lenguaje humano no contaminado por sistemas automáticos y abarcan conocimientos técnicos, culturales y profesionales que no siempre fueron digitalizados.

El procedimiento utilizado por Anthropic fue considerado legal en junio de 2025 por el juez federal William Alsup. El magistrado entendió que transformar un ejemplar adquirido legalmente en un archivo digital, destruyendo simultáneamente la copia física, constituía un cambio de formato permitido. También consideró transformador el uso de los textos para entrenar modelos que no entregaban copias completas de las obras.

Pero no toda la conducta de Anthropic fue declarada legal. Antes de comprar los libros físicos, la empresa descargó más de siete millones de ejemplares de repositorios piratas como Books3, Library Genesis y Pirate Library Mirror.

El tribunal diferenció claramente ambos procedimientos: comprar un libro y sustituirlo por una copia digital no era equivalente a descargar gratuitamente una obra protegida. Anthropic terminó acordando una indemnización de 1.500 millones de dólares por reclamos relacionados con más de 482.000 libros pirateados. El acuerdo recibió recientemente la aprobación definitiva de la Justicia estadounidense.

La controversia deja una paradoja difícil de ignorar. Silicon Valley está dispuesto a invertir millones de dólares para convertir libros en datos destinados a sus modelos, mientras que numerosos sistemas educativos, bibliotecas y archivos públicos enfrentan dificultades para preservar y democratizar el acceso al conocimiento.

El Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe reclamó en su agenda de 2025 que los Estados fortalezcan las bibliotecas, garanticen el acceso democrático a la lectura y regulen el impacto de la inteligencia artificial sobre el ecosistema editorial.

La preocupación no es solamente cultural. El Banco Mundial estima que el 55% de los estudiantes latinoamericanos de 15 años se encontraba en 2022 por debajo del nivel básico de competencia lectora.

La inteligencia artificial puede facilitar la digitalización, clasificación y consulta del patrimonio escrito. Pero almacenar el contenido de un libro dentro de un modelo comercial no equivale a conservar el ejemplar, proteger su contexto histórico ni garantizar que la sociedad pueda acceder a él.

Anthropic no está destruyendo las últimas copias conocidas de grandes obras literarias, según la información disponible. Sí convirtió millones de libros físicos en materia prima digital y abrió un debate todavía sin respuesta: quién puede apropiarse del conocimiento humano, bajo qué condiciones y qué parte del patrimonio material estamos dispuestos a perder para construir la próxima generación de inteligencia artificial.

Imagen: Portal El Mundo

Ciencia y Tecnología
2026-08-07T17:20:00

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias