Una mirada nostálgica
Blow-Up, una obra maestra en otro tiempo. Esteban Valenti
10.01.2026
MONTEVIDEO (Uypress/Esteban Valenti) - Un amigo leyó una reseña mía en UYPRESS de una película (Solo un hombre) y me invitó a otra aventura, escribir sobre cine en La ONDA digital. No me gusta rehuirle a nada y además estaré obligado a ver en las pantallas, algo mejor de los bodrios que veo a borbotones y salirme de la obsesión por la política. https://www.laondadigital.com.uy/archivos/90151
Hace unas semanas vi de casualidad Blow-Up la obra maestra totalmente en inglés de Michelangelo Antonioni. En el canal Europa - Europa que a a veces se permite esas licencias. Es una película de la que puedo hablar con propiedad, hasta recuerdo su nombre original "Deseo de una mañana de verano", la había visto hacía sesenta años.
Es la historia de una fotografía transformada en una reflexión filosófica, de una aventura de época, en medio de la explosión cultural, de moda y juvenil que hizo de Londres el epicentro mundial de la modernidad en la segunda mitad de los años 60, un período de euforia y optimismo post-guerra, caracterizado por la música pop y rock , los Beatles los Rolling Stones, la moda audaz, el arte y una mentalidad de libertad y rebeldía juvenil que transformó a la sociedad británica y a nivel global. La antesala del mayo francés del 68.
El protagonista es un fotógrafo exitoso, rico y aburrido, que ayuda a dibujar ese tiempo de mujeres jóvenes, casi todas iguales y osadas hasta el límite de sus deseos de éxito profesional. Las abuelas actuales de los 60, con las mismas minifaldas y botas sexis y los pechos en punta. Hermosas con un sentido monocorde y abrumadoramente inglés.
Tiene pocos escenarios, el estudio fotográfico y pornográfico, pero decente..., un Roolls Royce y un parque. El auto blanco descapotable recorriendo calles de barrios londinenses es el símbolo de su éxito.
No importa detallar la trama, nunca será el objetivo de mis crónicas, de mis críticas, será tratar de mirar el fondo, el sentido de la obra que la hizo grande y que la hace actual, trasmitiéndola más de 60 años después en las redes pagas de televisión.
Hay otro protagonista, un cadáver oculto entre los arbustos de un parque londinense que capta el fotógrafo mientras le roba escenas a una pareja besándose.
Todo es un montaje sobre la soledad, compartida, opresora de los personajes. Todos están profundamente solos. Es una de las pocas cosas que no es ambigua, hasta poner en duda lo que vemos, incluso en el celuloide y sobre todo en lo que queremos creer.
Son esas interrogantes que cruzan el film, con su carga de moda y la rebeldía suave y pálida de los años 60 que la hicieron una referencia de culto de uno de los grandes directores italianos.
Entre lances e intentos eróticos fallidos, que hoy nos parecen escenas para lactantes, la película termina en un partido de tenis, ilusorio, con un mimo que juega sin pelota y que la devuelve a su oponente. Si todos aceptamos que la pelota existe, entonces es irremediable, existe.
Cualquier tentación cultural de actualidad de ver Blow-Up como una película policial, aunque sean como insinuación de otros tiempos, es una derrota escandalosa del director y de ustedes.
El final es uno de los cierres más famosos y debatidos de la historia del cine. Para intentar entenderlo, hay que tomar todo el film como lo que es: una reflexión filosófica, sin textos ni corrientes que nos guíen. Compite con la segunda película de Antonioni, Zabriskie Point un grito visual contra el capitalismo, de los años 70, más radical y política y explosiva del director italiano. Ahora no nos resultará fácil encontrar esta otra película.
El cadáver que los espectadores vemos, pero cuando el fotógrafo lo busca ya no está y mientras tanto los mimos juegan al tenis con una pelota invisible y del que también participa el fotógrafo. Pero la "pelota" existe porque todos allí deciden creer en ella, no es una realidad, es algo en lo que nos ponemos de acuerdo para vivir socialmente.
Nada es seguro, todos son acuerdos aceptados por los protagonistas y aunque algo desaparece de la escena el final de la película muestra un mundo donde nada es sólido y menos seguro.
Antonioni fue un intelectual marxista, que cuando vemos su obra tan llena de preguntas e inseguridades, apreciamos mucho más su genio. Criticó duramente a la burguesía, pero no dictaminó ningún camino obligatorio para salir de su cerco.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias