Carlos Vaz Ferreira: el filósofo que enseñó a pensar sin dogmas

15.10.2026

MONTEVIDEO (Uypress/JWL)- A 154 años de su nacimiento, el pensador uruguayo conserva una vigencia singular por su defensa del pensamiento crítico, la duda y la libertad intelectual.

 

En una época en la que las opiniones suelen presentarse como verdades indiscutibles y las discusiones públicas parecen exigir adhesiones incondicionales, el pensamiento de Carlos Vaz Ferreira adquiere una actualidad inesperada.

El filósofo uruguayo sostuvo durante toda su vida que pensar no consiste en elegir entre dos posiciones enfrentadas, sino en comprender la complejidad de los problemas, reconocer los matices y evitar las trampas del razonamiento.

Este jueves 15 de octubre se cumplen 154 años de su nacimiento. Su obra, desarrollada durante la primera mitad del siglo XX, sigue siendo una referencia fundamental para la filosofía, la educación y la cultura uruguayas.

Un intelectual fuera de los moldes

Carlos Vaz Ferreira nació en Montevideo el 15 de octubre de 1872. Hermano de la destacada poeta María Eugenia Vaz Ferreira, creció en un ambiente familiar que favoreció la formación intelectual y artística. Estudió Derecho y se graduó como abogado en 1903, aunque su verdadera vocación estuvo vinculada a la filosofía y la enseñanza.

En 1897 obtuvo por concurso la cátedra de Filosofía de la Universidad, iniciando una trayectoria docente que se prolongaría durante décadas. Fue rector de la Universidad de la República en distintos períodos y desempeñó un papel fundamental en el desarrollo de la Facultad de Humanidades y Ciencias, de la que fue director y posteriormente decano.

Sin embargo, su importancia histórica no reside solamente en los cargos que ocupó, sino en una manera original de concebir el pensamiento.

La lógica de la vida real

En 1910 publicó Lógica viva, una de sus obras fundamentales. El libro partía de una observación sencilla, pero de enormes consecuencias: los seres humanos no razonan en la vida cotidiana como lo hacen en los esquemas perfectos de los manuales de lógica.

Las discusiones están atravesadas por emociones, prejuicios, intereses, ambigüedades y errores que muchas veces pasan inadvertidos.

Vaz Ferreira examinó esas dificultades y describió las confusiones que aparecen cuando se utilizan las palabras de manera imprecisa, se plantean falsas oposiciones o se pretende resolver problemas complejos mediante fórmulas simplificadoras.

Uno de los aspectos más originales de su pensamiento fue la crítica a la tendencia a convertir las cuestiones de grado en cuestiones absolutas. Muchas discusiones, advertía, se vuelven estériles porque sus participantes actúan como si solo existieran dos respuestas posibles, cuando la realidad admite múltiples posiciones intermedias.

No se trataba de evitar las decisiones, sino de tomarlas después de haber comprendido suficientemente los problemas.

Pensar antes que pertenecer

Vaz Ferreira mantuvo una relación crítica con las corrientes filosóficas de su tiempo. Conocía las grandes tradiciones europeas y dialogó con autores como John Stuart Mill, William James y Henri Bergson, pero rechazó la subordinación del pensamiento a cualquier sistema cerrado.

Su filosofía defendía la independencia intelectual frente a los dogmatismos. Esta posición adquiría especial importancia en un Uruguay que atravesaba profundas transformaciones políticas, educativas y sociales.

El país discutía el papel del Estado, la democracia, la educación, la cuestión social y los derechos individuales. Vaz Ferreira intervino en muchos de esos debates sin reducirlos a consignas ni desconocer las contradicciones que presentaban.

En obras como Sobre los problemas sociales y Sobre feminismo examinó asuntos centrales de su época, intentando distinguir los principios generales de las dificultades concretas que surgían al aplicarlos.

La educación como ejercicio de libertad

Para Vaz Ferreira, enseñar filosofía no significaba transmitir un conjunto de respuestas definitivas. Significaba desarrollar la capacidad de pensar por cuenta propia.

Su actividad como docente y conferencista dejó una huella profunda en varias generaciones de estudiantes uruguayos. Defendió una enseñanza abierta, capaz de estimular la curiosidad, la discusión y la formación de criterios independientes.

También sostuvo que el pensamiento debía permanecer en movimiento, sin quedar aprisionado por conclusiones prematuras.

Esa concepción aparece en Fermentario, obra que reúne reflexiones y problemas abiertos, más interesados en estimular nuevas ideas que en construir un sistema filosófico definitivo.

Un legado para el presente

Carlos Vaz Ferreira falleció en Montevideo el 3 de enero de 1958, a los 85 años. Su obra forma parte de la tradición intelectual uruguaya, pero su importancia excede ampliamente el ámbito académico.

En tiempos de polarización, simplificaciones y certezas instantáneas, su pensamiento recuerda que la inteligencia crítica exige algo más que defender una opinión.

Exige escuchar argumentos, reconocer errores, distinguir los hechos de las interpretaciones y aceptar que algunas preguntas no admiten respuestas fáciles.

A 154 años de su nacimiento, Vaz Ferreira continúa proponiendo una forma de libertad particularmente exigente: la de no renunciar al pensamiento propio.

Porque una sociedad puede disponer de mucha información y, sin embargo, perder la capacidad de pensar. Y esa fue, precisamente, una de las grandes preocupaciones de Carlos Vaz Ferreira.


Cultura
2026-10-15T04:02:00

José W. Legaspi