Psychrobacter SC65A.3

Cárpatos: Una bacteria atrapada hace 5.335 años bajo 16 metros de hielo ya era resistente a 10 antibióticos modernos

19.02.2026

BUCAREST (Uypress)- Un estudio publicado en Frontiers in Microbiology por un equipo de la Academia Rumana, centrado en la secuenciación completa del genoma de la cepa Psychrobacter SC65A.3, pertenece a esa categoría. No se trata solo del descubrimiento de una bacteria antigua. Es, sobre todo, una ventana a la historia profunda de la resistencia a los antibióticos, según nota de Christian Pérez para portal El Cronista.

 

La escena del hallazgo parece sacada de una crónica polar. La cueva de Scari?oara, en los montes Apuseni, alberga uno de los mayores glaciares subterráneos de Europa. En su interior descansa un bloque de hielo permanente que conserva registros climáticos de hasta 13.000 años. Allí, en la llamada Gran Sala, los investigadores perforaron un núcleo de hielo de 25 metros de longitud. Cada centímetro era un fragmento de pasado. A 16,5 metros de profundidad, en una capa datada en torno a hace 5.335 años, aislaron varias bacterias. Una de ellas resultó extraordinaria.

Un microorganismo del Neolítico con un arsenal genético del siglo XXI

La cepa SC65A.3 pertenece al género Psychrobacter, un grupo de bacterias adaptadas al frío extremo, habituales en hielo marino, permafrost o ambientes polares. Lo que hace singular a este ejemplar no es solo su antigüedad, sino su perfil genético.

El equipo secuenció su genoma completo, que ronda los tres millones de pares de bases y contiene más de 2.600 genes. Entre ellos, identificaron más de un centenar relacionados con mecanismos de resistencia antimicrobiana. En las pruebas de laboratorio, la bacteria mostró resistencia a diez antibióticos pertenecientes a ocho clases distintas, entre ellos compuestos de uso habitual en la práctica clínica actual.

La paradoja es evidente: ¿cómo puede un microorganismo aislado hace cinco milenios, mucho antes del descubrimiento de la penicilina en el siglo XX, resistir fármacos modernos? La respuesta, lejos de alimentar fantasías apocalípticas, remite a un hecho histórico fundamental: la resistencia a los antibióticos no nació en los hospitales, sino en la naturaleza.

Mucho antes de que Alexander Fleming observara el efecto del moho sobre las bacterias, los microorganismos ya competían entre sí mediante sustancias antibióticas naturales. Hongos y bacterias libraban una guerra química microscópica desde hace millones de años. En ese escenario evolutivo, los genes que hoy asociamos a la resistencia tenían otras funciones o servían para neutralizar compuestos producidos por competidores naturales.

La cepa SC65A.3 no se hizo resistente por contacto con antibióticos sintéticos. Heredó y conservó mecanismos de defensa forjados en esa batalla ancestral.

Multirresistencia... con matices

El estudio evaluó la respuesta de la bacteria frente a 28 antibióticos de 10 clases distintas. La cepa mostró resistencia a una decena de ellos, incluyendo algunos de amplio espectro. Sin embargo, los propios autores subrayan una cautela metodológica importante: no existen puntos de corte clínicos específicos para PsychrobacterPara interpretar los resultados se emplearon referencias de géneros bacterianos próximos, como Acinetobacter o Pseudomonas.

Desde el punto de vista histórico de la ciencia, este detalle es relevante. La categoría de "superbacteria" depende de estándares clínicos diseñados para patógenos humanos habituales. Aplicarlos a un microorganismo ambiental exige prudencia. La SC65A.3 no es, en sí misma, una amenaza pandémica inmediata. No es un patógeno hospitalario conocido. Pero sí constituye un recordatorio de que los genes de resistencia están mucho más extendidos en la biosfera de lo que durante décadas se supuso.

El genoma reveló también la presencia de determinantes asociados a resistencia a metales pesados y múltiples sistemas de bombas de expulsión de compuestos tóxicos. En entornos extremos, estas herramientas pueden ser más útiles que cualquier capacidad patogénica.

Una cápsula del tiempo bajo los Cárpatos

La cueva de Scari?oara funciona como un archivo natural. Su hielo permanente conserva no solo burbujas de aire y registros isotópicos del clima, sino comunidades microbianas que quedaron atrapadas en distintos momentos del Holoceno. A diferencia del permafrost ártico, expuesto a procesos de deshielo acelerado, este glaciar subterráneo ha permanecido relativamente estable.

El estudio demuestra que en capas de más de cinco mil años aún pueden hallarse bacterias viables. No se trata de esporas inertes, sino de organismos capaces de crecer a temperaturas bajas y tolerar concentraciones salinas elevadas. La SC65A.3 crece hasta los 15 °C y soporta condiciones de salinidad que la califican como poliextremófila.

Desde la historia de la microbiología, esto enlaza con una tradición de investigaciones sobre la vida en condiciones límite. Desde los primeros estudios en la Antártida hasta la exploración de fuentes hidrotermales, la ciencia ha ido ampliando la definición de hábitat posible. Las cuevas heladas representan uno de esos laboratorios naturales todavía poco explorados.

Entre la amenaza y la promesa biotecnológica

Si el hallazgo suscita inquietud, también abre una vía de esperanza. La SC65A.3 no solo resiste antibióticos: también inhibe el crecimiento de otros microorganismos. En ensayos frente a 20 patógenos clínicos, mostró actividad contra 14 de ellos, incluidos miembros del llamado grupo ESKAPE, que reúne algunas de las bacterias más problemáticas en hospitales.

El genoma contiene once genes potencialmente implicados en la producción de compuestos antimicrobianos. Además, casi 600 genes tienen funciones desconocidas. En términos históricos, esta cifra recuerda que seguimos descifrando apenas una fracción del repertorio bioquímico microbiano.

Las bacterias del frío han demostrado en otras ocasiones su utilidad industrial. Enzimas activas a bajas temperaturas resultan valiosas en procesos biotecnológicos que requieren ahorro energético. La SC65A.3 exhibe diversas actividades enzimáticas, entre ellas lipasas y fosfatasas, que podrían tener aplicaciones futuras.

Así, el microorganismo encarna una dualidad clásica en la historia de la ciencia: el mismo fenómeno que genera temor puede contener la semilla de una solución.

¿Qué ocurre si el hielo se derrite?

El estudio menciona una cuestión que conecta microbiología y cambio climático. Si los depósitos de hielo milenario se funden, los microorganismos atrapados podrían liberarse. Más que la bacteria en sí, preocupa la posible transferencia horizontal de genes de resistencia a bacterias contemporáneas.

No sería la primera vez que genes ambientales pasan a patógenos humanos. La historia reciente de la resistencia antimicrobiana está llena de ejemplos de intercambio genético. Sin embargo, el riesgo no debe magnificarse sin evidencia. La probabilidad de que una cepa ambiental específica desencadene una crisis sanitaria depende de múltiples factores ecológicos.

Lo que sí confirma el trabajo es que el conjunto de genes de resistencia presentes en la naturaleza es antiguo, diverso y complejo. Lejos de ser un producto exclusivo de la medicina moderna, forma parte de la evolución microbiana desde tiempos remotos.

Un hallazgo que reescribe la cronología de la resistencia

En términos historiográficos, la SC65A.3 obliga a ampliar la cronología de la resistencia antibiótica. Durante décadas, el relato dominante situó su origen en el uso masivo de antibióticos tras la Segunda Guerra Mundial. Hoy sabemos que esa presión selectiva aceleró y amplificó un fenómeno previo, no lo creó desde cero.

La bacteria del hielo rumano es una prueba tangible de esa antigüedad. Su genoma, preservado desde el Neolítico, conserva mecanismos que la medicina del siglo XXI apenas empieza a comprender en toda su complejidad.

Lejos de anunciar el fin de la era antibiótica, el hallazgo refuerza la idea de que la solución pasa por entender la ecología microbiana global. Las cuevas heladas, como los fondos oceánicos o el permafrost, son archivos biológicos que aún guardan secretos.

En la historia de la ciencia, cada nuevo archivo abierto cambia la narrativa. Bajo el hielo de los Cárpatos, una bacteria milenaria ha recordado que la evolución siempre va un paso por delante.

Foto: Descubren en el hielo milenario de una cueva rumana bacterias de 5.000 años capaces de resistir a diez antibióticos actuales / Recreación artística / ChatGPT-4o / El Cronista

 

Ciencia y Tecnología
2026-02-19T08:57:00

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