China busca la autosuficiencia y la supremacía digital frente a EEUU

15.03.2026

PEKIN (Uypress)- Mientras EEUU gasta miles de millones en guerras en Oriente Próximo y los mercados energéticos se agitan con la parálisis del estrecho de Ormuz, China se acaba de aprobar uno de los documentos económicos más ambiciosos: el XV Plan Quinquenal (2026-2030), la hoja de ruta estratégica con la que la segunda potencia mundial pretende redefinir su futuro tecnológico -y, de paso, influir en el del resto del mundo- durante el próximo lustro.

 

Según escribe para diario El Mundo de España Lucas de la Cal, no hay ningún otro país que haya mantenido durante más de siete décadas un sistema de planificación centralizada sin interrupciones. Un mecanismo que, aunque mutara con cada etapa histórica, siempre conservó la misma esencia: servir como brújula estatal para orientar el rumbo del país. Cada época tuvo su obsesión. En los años 50, bajo la influencia soviética, el objetivo era levantar fábricas, hornos y presas a un ritmo vertiginoso bajo la fe en que la industria pesada sería la palanca para transformar un país rural en una potencia moderna.

Tres décadas después, tras el caos de la Revolución Cultural, el rumbo cambió. En los años 80, el plan dejó de ser un corsé ideológico para convertirse en un mapa de reformas: desmontar poco a poco la economía planificada, introducir incentivos de mercado y permitir la entrada de capital extranjero. Con el cambio de siglo, la prioridad fue integrarse en la globalización. Tras la entrada en la Organización Mundial del Comercio, China se convirtió en la gran fábrica del mundo, aprovechando una red de infraestructuras colosales que conectaban puertos, ciudades y zonas industriales.

Hoy el plan vuelve a reinventarse una vez más. En una etapa marcada por la rivalidad con EEUU, la consigna es la autosuficiencia y la supremacía tecnológica. El jueves, al cierre de la reunión anual de la Asamblea Popular Nacional (APN), el equivalente al Parlamento, los legisladores aprobaron un documento con un centenar de páginas que ofrece una radiografía de cómo Pekín imagina el poder económico en el siglo XXI.

Hay una palabra clave que aparece repetida a lo largo de todo el texto: inteligencia artificial (IA). El plan fija varios hitos. Para 2027, el Gobierno espera que la IA esté integrada en más del 70% de los dispositivos, aplicaciones y procesos industriales del país; para 2030, la penetración debería acercarse al 90%. El objetivo es convertir la llamada "economía inteligente" en el motor principal de crecimiento, con una industria vinculada a la IA que supere los diez billones de yuanes (aproximadamente 1,26 billones de euros al cambio).

El documento insiste en la autosuficiencia científica como prioridad estratégica. El gigante asiático quiere reducir su dependencia de tecnologías extranjeras en sectores considerados críticos -desde los semiconductores hasta la computación avanzada- y reforzar la cadena industrial doméstica. Las restricciones impuestas por Washington a la exportación de chips han acelerado esa prioridad. El plan prevé aumentar la inversión en innovación y modernizar la industria manufacturera.

Pekín también identifica la robótica humanoide como una nueva columna vertebral industrial, destinada a compensar el envejecimiento demográfico y a mantener la ventaja manufacturera frente a Occidente. En paralelo, apuesta por la expansión de infraestructuras digitales -centros de datos, computación en la nube y redes de comunicación avanzadas- que sirvan de base para una economía cada vez más automatizada. Al mismo tiempo, pretende proyectar su modelo tecnológico hacia el exterior, utilizando los mega proyectos de infraestructura de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, especialmente en el Sur Global, para ampliar su presencia tecnológica e influir en los estándares globales que regulen el uso de la IA.

El plan quinquenal tampoco olvida otras prioridades clásicas. En el frente energético, el Gobierno apuesta por ampliar las renovables al tiempo que acelera el desarrollo de energía nuclear. Las autoridades también insisten en reforzar la seguridad alimentaria y energética, diversificar las rutas de suministro y construir "corredores estratégicos" que conecten el interior del país con regiones clave como Xinjiang o el Tíbet.

Otro eje central del programa es redefinir la relación entre el Estado y el sector privado. Tras años de campañas regulatorias que golpearon a algunos gigantes tecnológicos, Pekín reconoce ahora la necesidad de revitalizar la economía privada y promete "garantizar un acceso más equitativo a capital, tierra y financiación", así como reforzar la protección de los derechos de las empresas dentro del sistema económico.

La hoja de ruta además apunta a la necesidad de acelerar el aumento de la flota de aviones de pasajeros de producción nacional para desafiar el duopolio de Boeing y Airbus. También se expandirá el uso del yuan digital, conocido como e-CNY, para sustituir al dólar en algunos pagos transfronterizos.

En China, un régimen autoritario de partido único, el futuro se diseña con la paciencia de los imperios y con el margen político de un sistema donde nadie discute los planes a largo plazo. Algunos analistas chinos señalan estos días que su ventaja estratégica es precisamente esa: su capacidad de pensar en décadas mientras que otros gobiernos apenas logran planificar la siguiente legislatura.

Foto: Xinhua / Huang Jingwen 

Infoesfera
2026-03-15T09:41:00

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