Científicos crean una “arena viva" que frena la pérdida de agua en el desierto
20.10.2026
EAU/SUIZA (Uypress)- Investigadores de Emiratos Árabes Unidos y Suiza utilizaron bacterias y hongos para transformar la arena en un material más compacto. En el laboratorio consiguieron reducir hasta 28 veces su permeabilidad, aunque todavía falta comprobar su eficacia en condiciones naturales.
Convertir la arena del desierto en un material capaz de conservar mejor el agua podría representar un avance importante para las regiones afectadas por la sequía y la desertificación. Un equipo internacional de científicos desarrolló una técnica que utiliza microorganismos para unir los granos de arena mediante fibras naturales y reducir considerablemente la velocidad con que el agua atraviesa el suelo.
La investigación, realizada por especialistas de la Universidad Khalifa, de Emiratos Árabes Unidos, y de los centros suizos Empa y ETH Zúrich, fue publicada en la revista científica Carbohydrate Polymers.
Los resultados muestran que es posible modificar las propiedades físicas de la arena sin recurrir a materiales sintéticos convencionales.
Bacterias que funcionan como un pegamento natural
El procedimiento utiliza una bacteria denominada Komagataeibacter medellinensis, capaz de producir nanocelulosa, y dos cepas del hongo Schizophyllum commune. Cuando estos microorganismos crecen entre los granos de arena, generan una red de fibras microscópicas que los conecta y mantiene unidos.
De esa manera, un material normalmente suelto y permeable adquiere mayor cohesión y dificulta el paso del agua. Los investigadores consiguieron producir una columna de arena tratada de seis centímetros de altura que, después de siete días de crecimiento microbiano, podía retirarse de su molde y cortarse sin desmoronarse.
El resultado demuestra que los microorganismos pueden actuar como una especie de cemento biológico.
El agua se filtra seis veces menos
Los científicos ensayaron dos procedimientos diferentes. En el primero, cultivaron directamente las bacterias dentro de la arena. La red de celulosa generada redujo su permeabilidad aproximadamente un 83%, por lo que el paso del agua quedó limitado a cerca de una sexta parte del registrado en la arena sin tratar.
En el segundo método, introdujeron láminas de celulosa bacteriana previamente elaboradas entre diferentes capas de arena. Esta alternativa resultó todavía más eficaz: la permeabilidad disminuyó alrededor del 96,5%, equivalente a una reducción de unas 28 veces.
También se observó una mejora en la resistencia mecánica del material.
Retener agua no significa multiplicarla
Los investigadores introducen una distinción fundamental: reducir la velocidad de filtración no equivale a multiplicar la cantidad de agua almacenada. En las muestras tratadas mediante crecimiento bacteriano, la capacidad de retención pasó del 20,2% al 25,5%.
Aunque representa una mejora significativa, está lejos de significar que la arena pueda almacenar seis o 28 veces más agua. La importancia del descubrimiento reside en la posibilidad de controlar la circulación del agua y mejorar la estabilidad de los suelos arenosos.
¿Una herramienta contra la desertificación?
La tecnología podría tener aplicaciones futuras en agricultura, restauración de terrenos degradados y estabilización de suelos. En regiones desérticas, donde el agua se infiltra rápidamente y las altas temperaturas favorecen la evaporación, cualquier mejora en su aprovechamiento puede resultar relevante.
Sin embargo, los propios investigadores advierten que todavía existen obstáculos importantes. Las bacterias necesitan agua, nutrientes y oxígeno para desarrollarse, condiciones que no siempre están disponibles en los desiertos.
Además, el crecimiento microbiano no fue uniforme y aún no se realizaron ensayos con cultivos agrícolas ni pruebas prolongadas a la intemperie. Tampoco está demostrado que el tratamiento permita reducir la erosión provocada por el viento en condiciones reales.
Del laboratorio al terreno
La investigación abre una posibilidad interesante: utilizar procesos biológicos para transformar materiales naturales y mejorar sus propiedades sin depender exclusivamente de productos industriales. No obstante, todavía debe determinarse cuánto tiempo conserva sus características la arena modificada, cuánto costaría aplicar el procedimiento en grandes extensiones y qué efectos tendría sobre los ecosistemas.
Por ahora, la llamada «arena viva» constituye un resultado experimental prometedor, no una solución comercial disponible. Su verdadero potencial se conocerá cuando los científicos logren trasladar los resultados del laboratorio a las condiciones extremas de los desiertos.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias