Cuentos apolíticos en Uypress

11.08.2026

MONTEVIDEO (Uypress) - Hay demasiada política en UYPRESS. Lo venía masticando y decidí que era hora de reiniciar una sección de cuentos, que fue muy exitosa, con una característica nueva, deben ser cuentos que no incluyen temas políticos. Está abiertos a todos los lectores que quieran participar. Enviarlos a: diego.uypress@gmail.com

EL SENTIDO DEL NOMBRE INGIANA

Como el sol entraba con fuerza en la cocina, Ingiana le dijo a Jazmín que fueran allí a redactar el escrito, y apenas abrió la ventana, escuchó a la mujer que golpeaba al niño.

Esta vez pudo establecer exactamente de qué apartamento provenían los gritos, ya que el nuevo portero tenía por costumbre dejar abierta la puerta que comunicaba los edificios gemelos.

Ingiana salió corriendo seguida por Jazmín, bajó las escaleras, atravesó el sótano, trepó las escaleras y aporreó la puerta. 

La abusadora abrió para encontrarse con Ingiana transfigurada en su peor manifestación, o en su mejor manifestación, cosa difícil de establecer, ya que cuando desciende a ese otro ser el cabello negro se yergue, la nariz se aguileña, los ojos marrones se tornan negros y, en suma, se transforma en bruja.

-Te llego a escuchar pegarle de nuevo al nene y te hago perder el trabajo ¡Hija de puta! Mirá que no soy una indigente, soy abogada especialista en abuso familiar y te tengo grabada, tengo una cantidad de firmas del edificio en tu contra y sé que trabajás en el Poder Judicial.

La acusada, una vieja, se iba achicando, como bajando de estatura, y en sus ojos se expresaba el horror, no tanto por la perspectiva de la pérdida del trabajo, sino por la cosa que tenía enfrente.

-Es que perdió la campera otra vez...- balbuceó la que, a la postre, es la abuela del niño cuya madre no lo cría por asuntos de drogas.

-¡Lo volvés a tocar y te meto en cana!

No sé si alguna vez tuviste el gusano de la bichera. El maldito se mete en la carne. Cuando te lo sacan, en pocos segundos se va desinflando a medida que expulsa un líquido que no es otra cosa que la grasa que te chupó. La vieja parecía el gusano de la bichera.

Ingiana volvió a su apartamento.

-¿Viste cómo te miraba el niño?

-No vi nada. Estaba enceguecida. Cuando estoy en ese trance sólo veo los ojos de la persona que aborrezco.

-Vino corriendo y te miraba alucinado mientras las lágrimas le corrían por la cara.

Cuando Ingiana desciende a ese lugar, sea por estar en contacto con algo primitivo, sea por el desgaste de romper con toda atadura civilizada, o sea porque sólo se puede llegar a ese lugar por una inversión muy grande de energía, queda deshecha y con los ojos sin brillo.

Por más amenazas que haya recibido, la abusadora volverá a golpear al niño, ya que el pensamiento es esclavo de la pasión. Nada se puede contra las pulsiones. La diferencia es que ahora lo pensará dos veces, pero hay otra diferencia, que es lo único que importa en este asunto, dejando de lado que si no creías en brujas le errabas feo, sólo que hay brujas en el mejor sentido de la palabra. 

Esa noche, en la cama, el niño pensó en la mujer que lo había protegido, y se dijo que no todo en la vida era una porquería, y mientras pensaba en las cosas más lindas con esa mujer, se durmió, y fue dormirse, y la luna bajó, sí, la luna bajó del cielo y se coló por la ventana de un cuarto de la Aguada para velar por el sueño de un hijo de los hombres.

 

Marcelo Marchese

 

Cultura
2026-08-11T12:24:00

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