HALLAZGO PALEONTOLÓGICO EN ARGENTINA
Descubren en San Pedro restos de un ciervo de hace 30.000 años en excepcional estado de conservación
02.11.2026
BUENOS AIRES (Uypress) – Un equipo del Museo Paleontológico de San Pedro, en la provincia de Buenos Aires, descubrió restos fosilizados de una pequeña corzuela que habitó la región hace aproximadamente 30.000 años. El hallazgo, realizado en el yacimiento de Bajo del Tala, presenta una característica excepcional: los huesos de una de sus extremidades delanteras permanecieron articulados durante miles de años, conservando prácticamente la disposición que tenían cuando el animal estaba vivo.
Los investigadores consideran que se trata del conjunto más completo de estas características encontrado hasta ahora para una corzuela fósil sudamericana.
El descubrimiento fue realizado por integrantes del Grupo Conservacionista de Fósiles del Museo Paleontológico Fray Manuel de Torres, durante una recorrida habitual por un sector de barrancas ubicado a unos diez kilómetros de la ciudad de San Pedro.
La erosión provocada por las lluvias había dejado expuestos algunos restos óseos, lo que permitió identificarlos y comenzar su recuperación.
Un conjunto de huesos conservado durante 30.000 años
Los restos corresponden a una de las extremidades delanteras de una corzuela, un pequeño ciervo sudamericano.
El material recuperado incluye un omóplato, húmero, cúbito, radio y huesos de las regiones inferiores de la extremidad, encontrados en excelente estado de conservación.
La importancia científica del hallazgo radica en que las piezas permanecieron articuladas, es decir, conservando una disposición anatómica semejante a la original.
Esta circunstancia es poco frecuente en el registro fósil, donde los restos de animales suelen aparecer fragmentados, dispersos o afectados por procesos naturales posteriores a la muerte.
Según informó el Museo Paleontológico de San Pedro, no existen registros conocidos de extremidades fósiles articuladas correspondientes a estos pequeños ciervos sudamericanos.
La preservación del conjunto permitirá estudiar con mayor precisión características anatómicas y aspectos relacionados con la locomoción de estos animales durante el Pleistoceno.
Un descubrimiento realizado durante una recorrida de rutina
El hallazgo se produjo en el yacimiento paleontológico de Bajo del Tala, dentro de un predio perteneciente a la empresa arenera Spósito S.A.
Las tareas de exploración estuvieron a cargo de José Luis Aguilar, Walter Parra y Alexis Celié, colaboradores del Museo Paleontológico local.
Los investigadores recorrían sectores de barrancas que habían quedado expuestos por la erosión cuando observaron los primeros fragmentos óseos.
Al examinar el lugar comprobaron que no se trataba de piezas aisladas, sino de un conjunto que mantenía una relación anatómica entre sus componentes.
La recuperación exigió especial cuidado para evitar daños en los fósiles y preservar la información sobre su disposición original.
Para el análisis científico, el museo contó con la colaboración del paleontólogo Germán Gasparini, investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), docente de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata y curador asociado del Museo de La Plata.
Cómo eran las corzuelas que habitaron la región
Las corzuelas son pequeños ciervos sudamericanos caracterizados por su cuerpo ágil, sus movimientos cautelosos y su adaptación a ambientes con abundante vegetación.
A diferencia de los grandes ciervos, los machos presentan cornamentas relativamente pequeñas, simples y sin ramificaciones, que pueden alcanzar unos 15 centímetros de longitud.
Su pelaje varía entre tonalidades pardas y rojizas, según la especie, y su alimentación está basada principalmente en brotes tiernos, hojas, arbustos y frutos silvestres.
Germán Gasparini explicó que estos animales suelen buscar refugio en zonas de vegetación densa y reaccionan rápidamente ante cualquier señal de peligro.
Las corzuelas actuales habitan distintas regiones de América, desde el sur de México hasta sectores del centro y norte de Argentina.
El ejemplar encontrado en San Pedro corresponde a una forma fósil que vivió durante el Pleistoceno, cuando las condiciones ambientales y la fauna de la región pampeana eran diferentes de las actuales.
El hallazgo permite ampliar el conocimiento sobre la diversidad de pequeños cérvidos que habitaron Sudamérica durante ese período.
Cuando los pequeños ciervos convivían con la megafauna
Hace aproximadamente 30.000 años, el territorio que actualmente ocupa la provincia de Buenos Aires albergaba una fauna muy diferente de la que conocemos.
Durante el Pleistoceno coexistieron grandes mamíferos como gliptodontes, perezosos terrestres gigantes, mastodontes, antiguos caballos americanos y grandes felinos de dientes de sable.
La presencia de estos animales constituye uno de los aspectos más estudiados de la prehistoria sudamericana.
Sin embargo, las investigaciones paleontológicas no se limitan a las especies de gran tamaño.
Los pequeños mamíferos también aportan información relevante sobre los ambientes del pasado, la vegetación, las relaciones ecológicas y los cambios que experimentaron los ecosistemas.
En ese sentido, el descubrimiento de una corzuela fósil permite complementar los conocimientos obtenidos mediante los restos de la megafauna.
La conservación de sus huesos articulados ofrece una oportunidad poco frecuente para examinar características anatómicas que normalmente resultan difíciles de reconstruir cuando los fósiles aparecen dispersos.
San Pedro, una zona de extraordinaria riqueza paleontológica
El partido de San Pedro se ha convertido en una referencia para la investigación paleontológica argentina debido a la cantidad y diversidad de fósiles encontrados en sus barrancas y yacimientos.
Desde 1988, las exploraciones realizadas en diferentes sectores de la zona permitieron identificar restos correspondientes a unas 75 variedades de animales prehistóricos.
Entre los descubrimientos más destacados figura el realizado a fines de 2018, cuando investigadores recuperaron aproximadamente el 70% del esqueleto de un ciervo fósil del género Morenelaphus.
Ese ejemplar, perteneciente a la fauna del Pleistoceno, permitió reconstruir buena parte de la anatomía de una especie de mayor tamaño que las corzuelas.
Más recientemente, en septiembre de 2026, el Grupo Conservacionista de Fósiles encontró un colmillo de aproximadamente 2,34 metros de longitud perteneciente a Notiomastodon platensis, uno de los grandes proboscídeos que habitaron Sudamérica.
Estos descubrimientos muestran la importancia de los sedimentos de la región para reconstruir la historia natural de las llanuras bonaerenses.
Las barrancas de San Pedro contienen depósitos correspondientes a diferentes períodos geológicos, lo que permite estudiar cambios ambientales y faunísticos ocurridos durante miles de años.
El valor científico de conservar los fósiles en su posición original
Uno de los aspectos más relevantes del nuevo hallazgo es la posibilidad de estudiar los huesos en conjunto.
Cuando un animal muere, sus restos pueden ser desplazados por corrientes de agua, movimientos del terreno, acción de otros animales o procesos de descomposición.
Por esa razón, encontrar una extremidad cuyos componentes mantengan su posición anatómica constituye una circunstancia excepcional.
La información permite comprender mejor las proporciones del animal, la relación entre las articulaciones y determinados aspectos de su capacidad de desplazamiento.
Los estudios también pueden contribuir a comparar las características de las corzuelas fósiles con las especies que sobreviven actualmente.
Sin embargo, los investigadores deberán continuar examinando el material antes de establecer conclusiones definitivas sobre su clasificación y sus particularidades anatómicas.
El hallazgo no implica necesariamente el descubrimiento de una especie desconocida para la ciencia, sino la recuperación de un ejemplar con características de conservación poco frecuentes.
Esta distinción resulta importante para comprender su verdadero valor científico.
Un nuevo aporte al conocimiento de la fauna sudamericana
El descubrimiento vuelve a destacar el trabajo de los museos regionales y de los equipos de investigadores que recorren sistemáticamente los yacimientos paleontológicos.
Muchos de los hallazgos más relevantes no se producen durante grandes excavaciones, sino mediante observaciones cuidadosas de terrenos expuestos a procesos naturales de erosión.
En San Pedro, la colaboración entre el museo local, investigadores del CONICET y especialistas de la Universidad Nacional de La Plata ha permitido recuperar y estudiar numerosos testimonios de la prehistoria argentina.
La nueva extremidad fósil de una corzuela de aproximadamente 30.000 años se incorpora ahora a ese patrimonio científico.
Su importancia no reside solamente en su antigüedad, sino en la información anatómica que conserva y en las posibilidades que ofrece para comprender mejor la evolución y diversidad de los pequeños ciervos sudamericanos.
El hallazgo confirma que las barrancas de San Pedro todavía conservan testimonios extraordinarios de los animales que habitaron la región mucho antes de la presencia humana contemporánea.
Cada nuevo fósil recuperado permite completar una parte de esa historia natural y ampliar el conocimiento sobre los ecosistemas que existieron en América del Sur durante el Pleistoceno.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias