ECONOMÍA / CAMBIO CLIMÁTICO

El Niño podría restar US$ 9,67 billones al PIB mundial: Asia y África serían las regiones más afectadas

12.09.2026

MONTEVIDEO (Uypress) – Un episodio particularmente intenso de El Niño, combinado con otros fenómenos climáticos extremos, podría provocar pérdidas acumuladas de US$ 9,67 billones para el producto interno bruto mundial entre 2027 y 2029, según un escenario de estrés elaborado por Oxford Economics.

La cifra representa la diferencia acumulada entre el crecimiento previsto en condiciones normales y el nivel que alcanzaría la economía mundial si se materializara una combinación severa de sequías, inundaciones, olas de calor y alteraciones de las precipitaciones.

No se trata de una predicción puntual ni de una pérdida inevitable. Es un escenario diseñado para medir las consecuencias de una sucesión de perturbaciones climáticas más graves que las incorporadas al pronóstico económico central.

La consultora advierte que los daños no quedarían limitados a los países directamente afectados. El aumento de los precios de los alimentos y la energía, las interrupciones logísticas y el deterioro de las cadenas de suministro trasladarían parte del impacto al resto del mundo.

¿Qué países serían los más perjudicados?

Oxford Economics no difundió un ranking individual con pérdidas estimadas para cada país, pero identificó a las economías de ingresos bajos y medios de Asia y África como las más vulnerables.

En esas regiones coinciden varios factores de riesgo: una elevada dependencia de la agricultura, menor capacidad fiscal para responder a las emergencias, infraestructura más frágil, limitada cobertura de seguros y una mayor exposición de los trabajadores al calor extremo.

Entre los países y regiones destacados por el informe y otros organismos especializados aparecen:

  • Indonesia: podría sufrir sequías, incendios forestales, reducción de cosechas y dificultades para la generación hidroeléctrica.
  • India y el sur de Asia: un debilitamiento o una distribución irregular del monzón afectaría cultivos, reservas de agua y producción eléctrica, además de aumentar el precio de los alimentos.
  • Filipinas y Malasia: las sequías podrían perjudicar la producción agrícola, la disponibilidad de agua y cultivos destinados a la exportación.
  • Australia: enfrenta riesgos de sequías severas, incendios y pérdidas agropecuarias, aunque dispone de mayor capacidad financiera para absorber los daños.
  • Países del este y sur de África: economías como Zambia, Zimbabue, Malawi, Mozambique, Etiopía y Kenia están expuestas a sequías o inundaciones capaces de afectar cosechas, seguridad alimentaria, generación hidroeléctrica e infraestructura.
  • Perú y Ecuador: las lluvias intensas pueden provocar inundaciones, deslizamientos, daños en carreteras y pérdidas pesqueras y agrícolas.
  • Chile: las precipitaciones extremas y los deslizamientos podrían afectar infraestructura y producción minera, particularmente la extracción y el transporte de cobre.
  • Colombia: una eventual sequía representa un riesgo para la generación hidroeléctrica y puede obligar al país a recurrir a fuentes de energía más caras.
  • Panamá: una reducción de las precipitaciones podría volver a disminuir los niveles de agua del canal y limitar el número o el tamaño de los buques autorizados a atravesarlo.
  • Centroamérica: El Salvador, Honduras, Guatemala, Nicaragua y Costa Rica enfrentan riesgos sobre cultivos, seguridad alimentaria, disponibilidad de agua y precios internos.

La magnitud final dependerá no solamente del clima, sino también de la capacidad de cada país para anticipar el fenómeno, proteger sus infraestructuras y financiar la reconstrucción.

Sequías en Asia y lluvias en Sudamérica

El Niño se produce cuando las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental presentan temperaturas superiores a las habituales, modificando la circulación atmosférica y las lluvias en diferentes regiones.

El fenómeno podría fortalecerse entre octubre y diciembre de 2026 y prolongar sus efectos durante 2027.

Oxford Economics advierte que un episodio intenso puede provocar sequías severas en Australia, Indonesia y partes del sur de Asia.

En la costa del Pacífico sudamericano, en cambio, puede generar precipitaciones extraordinarias en Perú, Ecuador y algunas zonas de Chile.

El sur de Estados Unidos también podría experimentar tormentas invernales más intensas, mientras otras regiones pueden registrar temperaturas elevadas, escasez de agua o alteraciones en la frecuencia de los ciclones.

Los efectos no son idénticos en cada episodio. La intensidad, duración y localización del calentamiento del océano determinan cómo se distribuyen las lluvias y sequías.

Primer riesgo: los alimentos

La agricultura constituye uno de los principales canales de transmisión económica.

La falta o el exceso de lluvias puede reducir las cosechas de arroz, maíz, soja, trigo, azúcar, café y cacao, además de afectar la ganadería y la pesca.

Una menor producción eleva los precios internacionales y obliga a los países importadores a utilizar más divisas para adquirir alimentos.

El incremento afecta con mayor intensidad a los hogares de menores ingresos, que destinan una proporción más elevada de sus recursos a la alimentación.

Las economías agrícolas también pierden ingresos por exportaciones y recaudación fiscal. Cuando los productores carecen de seguros o acceso al crédito, una cosecha fallida puede impedirles volver a sembrar durante la siguiente temporada.

Segundo riesgo: la energía

Las sequías reducen el caudal de ríos y embalses utilizados para generar electricidad.

El problema es especialmente importante para países dependientes de la energía hidroeléctrica, como Colombia, Zambia y otras economías latinoamericanas y africanas.

Cuando disminuye la producción hidráulica, los gobiernos deben recurrir a centrales térmicas o importar electricidad y combustibles a precios más elevados.

La falta de agua también puede afectar centrales nucleares y plantas termoeléctricas que utilizan ríos para sus sistemas de refrigeración.

Las olas de calor, al mismo tiempo, aumentan la demanda eléctrica para refrigeración, generando una combinación de menor oferta y mayor consumo.

Tercer riesgo: logística y comercio

Las inundaciones, tormentas, deslizamientos y marejadas pueden destruir carreteras, vías férreas, puertos, depósitos y redes de distribución.

Las sequías también afectan el transporte. Entre 2023 y 2024, la disminución del nivel de los lagos que abastecen al Canal de Panamá obligó a reducir hasta 40% el número de tránsitos diarios.

Nuevas restricciones aumentarían los tiempos de espera y podrían obligar a algunos barcos a transportar menos carga o utilizar rutas alternativas.

Una interrupción logística no afecta únicamente al producto que deja de llegar a destino. También puede detener fábricas que dependen de materias primas o componentes fabricados en otros países.

Cuarto riesgo: inflación y tasas de interés

El encarecimiento simultáneo de alimentos, energía y transporte puede generar una nueva presión inflacionaria.

El Banco Central Europeo calculó que un episodio moderado de El Niño puede elevar alrededor de 3% los precios reales de las materias primas durante los primeros seis a doce meses.

Una inflación más persistente obligaría a los bancos centrales a retrasar las reducciones de las tasas de interés o incluso a endurecer nuevamente su política monetaria.

Las consecuencias incluirían créditos más caros, menor inversión empresarial y mayores dificultades para los gobiernos endeudados.

Quinto riesgo: salud y productividad

El calor extremo reduce la cantidad de horas que pueden trabajar de manera segura quienes desarrollan tareas al aire libre, especialmente en agricultura, construcción y transporte.

Las inundaciones favorecen la propagación de enfermedades transmitidas por el agua, mientras las sequías y los incendios aumentan la exposición al humo y deterioran la calidad del aire.

El aumento de las enfermedades disminuye la disponibilidad de trabajadores y obliga a familias y gobiernos a destinar más recursos a la atención sanitaria.

Estas pérdidas de productividad pueden continuar incluso después de que desaparezca el episodio meteorológico más intenso.

Sexto riesgo: inversión y finanzas públicas

Las catástrofes obligan a empresas y gobiernos a utilizar recursos para reparar viviendas, carreteras, instalaciones productivas y redes eléctricas.

Aunque la reconstrucción genera actividad económica, en gran medida solamente repone bienes destruidos y no aumenta la capacidad productiva.

El dinero utilizado para reparar daños puede desplazar inversiones previstas en educación, tecnología, investigación o nuevas infraestructuras.

Los países con déficit fiscal elevado, deuda costosa y poco acceso al crédito enfrentan mayores dificultades para responder. También pueden aumentar la morosidad bancaria, las primas de los seguros y el número de activos que dejan de contar con cobertura.

Ese desplazamiento de inversiones explica por qué las consecuencias económicas pueden prolongarse durante varios años.

¿Cómo podría afectar a Uruguay?

Uruguay no aparece entre los países identificados por Oxford Economics como los más vulnerables.

Sin embargo, no quedaría aislado. Un episodio fuerte de El Niño suele aumentar las precipitaciones en Uruguay y otras áreas del sudeste de América del Sur, aunque su distribución territorial y temporal puede variar.

Las lluvias pueden favorecer la recuperación de reservas de agua y algunos cultivos después de períodos secos, pero también generar inundaciones, dificultades para las cosechas, enfermedades agrícolas y daños en caminos rurales.

El país también recibiría los efectos indirectos de un aumento de los precios internacionales, mayores costos logísticos y una desaceleración de sus principales socios comerciales.

La diversificación de la matriz energética, el peso de la generación renovable y la capacidad institucional ofrecen cierto margen de protección, pero la producción agropecuaria y las exportaciones continúan expuestas a las alteraciones climáticas.

Una pérdida potencial, no un resultado inevitable

Los US$ 9,67 billones estimados por Oxford Economics corresponden a un escenario que combina El Niño con una serie más amplia de eventos extremos húmedos y secos.

La cifra no debe interpretarse como un pronóstico cerrado sobre lo que necesariamente ocurrirá entre 2027 y 2029.

El resultado dependerá de la intensidad del fenómeno, las regiones alcanzadas y las respuestas adoptadas por gobiernos, empresas y organismos internacionales.

La inversión anticipada en infraestructura resistente, gestión del agua, sistemas de alerta, seguros agrícolas, reservas alimentarias y redes eléctricas diversificadas puede reducir sustancialmente las pérdidas.

El riesgo, sin embargo, ya no puede ser considerado exclusivamente ambiental. Su capacidad para afectar simultáneamente alimentos, energía, inflación, comercio, empleo e inversión convierte a El Niño en una amenaza para la estabilidad de la economía mundial.

Cambio Climático
2026-09-12T16:39:00

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias