RESPUESTA CRÍTICA

El crítico también puede ser criticado

11.08.2026
Una mirada de espectador sobre la reseña de Frágil como cristal y los límites de convertir preferencias estéticas en reglas universales

MONTEVIDEO (Uypress/Claudio Valenti) – Toda crítica puede ser discutida, incluso cuando proviene de una voz con larga trayectoria. Esta nota relee la reseña que Guilherme de Alencar Pinto dedicó a Frágil como cristal, no para negar las imperfecciones de la película, sino para señalar dónde el análisis se vuelve sarcasmo, convierte preferencias estéticas en reglas universales y juzga la obra por la película que el crítico habría preferido ver.

Guilherme de Alencar Pinto posee una trayectoria extensa y respetable como investigador, docente y crítico de música y cine. Su formación, sus libros y su participación sostenida en la cultura uruguaya están fuera de discusión. Precisamente por eso, su crítica de Frágil como cristal, publicada en la diaria, merece ser leída con atención, pero también sometida al mismo rigor crítico que él aplica a la película.

Planteo esta respuesta desde un lugar sencillo: el de un espectador. No se trata de negar las imperfecciones de una ópera prima ni de reclamar benevolencia para el cine uruguayo. Se trata de discutir una crítica que, después de reconocer varios valores de la película, convierte determinadas preferencias estéticas del autor en supuestas reglas universales sobre la actuación, el deseo, el realismo y hasta la manera en que deben saludarse los montevideanos.

El artículo comienza reconociendo aspectos importantes: la película se atreve con terrenos poco transitados por el cine uruguayo; propone una narración ambigua en la que se confunden realidad, memoria, imaginación y ficción; posee un muy buen trabajo sonoro, un cuidado tratamiento del color, una iluminación competente y una personalidad visual propia. También destaca su relación con el teatro y la creación artística.

Sin embargo, cuando llega el apartado titulado "Osadías o errores", buena parte de esa búsqueda formal pasa a ser interpretada como ingenuidad, falta de experiencia o simple torpeza. Allí aparece el primer problema: la crítica juzga Frágil como cristal como si hubiera intentado ser una película estrictamente naturalista y hubiera fracasado en el intento.

Marco Valenti ha explicado que la película no busca el hipernaturalismo. La actuación mesurada, las pausas, la duración de los planos y la diferenciación entre los personajes y los actores que interpretan personajes dentro de la obra teatral forman parte de una construcción consciente. En una entrevista de TV Ciudad, incluso los entrevistadores señalan que percibieron las actuaciones como sutiles, elaboradas y deliberadamente mesuradas. El director explica que esa modulación permite distinguir los distintos niveles de ficción.

El crítico puede considerar que la decisión no funciona. Eso es perfectamente legítimo. Pero una cosa es afirmar que una actuación no resulta convincente y otra, bastante diferente, atribuir el resultado a una supuesta falta de formación de los intérpretes. El artículo llega a sugerir que, salvo Cecilia Caballero Jeske, los integrantes del elenco tendrían poca experiencia no solamente audiovisual, sino incluso actoral.

Esa afirmación parece formulada sin una comprobación mínima. Los intérpretes poseen formación actoral; Joel Fazzi es egresado de la EMAD e integrante de la Comedia Nacional, y Carolina Genoni es actriz, directora y artista interdisciplinaria, como consta en la información pública de la película. Se podrá cuestionar el resultado de sus actuaciones, pero no corresponde deducir de ellas una inexistente falta de formación.

Hay observaciones concretas del artículo que son atendibles. La continuidad de una conversación en la que Franca y Nicola no descubren inmediatamente que ambos están vinculados al teatro puede sentirse forzada. Algunos diálogos pueden no funcionar para determinados espectadores y ciertas composiciones pueden producir dudas sobre su intencionalidad. Una respuesta crítica honesta no necesita negar esas objeciones.

El problema aparece cuando la argumentación abandona el análisis y se apoya en la ridiculización.

El artículo califica como "anacronismos" que una persona fume dentro de un boliche y que Nicola y Franca se den la mano al presentarse. Lo primero podrá considerarse una infracción, una licencia o un detalle poco verosímil, pero no necesariamente un anacronismo. Lo segundo resulta todavía más discutible. Según el crítico, darse la mano respondería más al cine de Hollywood que al comportamiento de la gente en Montevideo, donde supuestamente todos se besarían para saludarse.

En Montevideo las personas se dan la mano, se besan, mantienen distancia o atraviesan momentos incómodos cuando acaban de conocerse. No existe una única corporalidad montevideana cuya transgresión convierta una escena en falsa. Presentar un apretón de manos como una influencia de Hollywood no constituye un análisis cinematográfico: es elevar una costumbre personal a la categoría de norma cultural.

Más reveladora es la objeción al "pudor" de la película. El crítico considera problemático que dos mujeres compartan una cama con Nicola sin que la situación derive inmediatamente en una manifestación sexual. Para subrayarlo, los describe irónicamente como "amiguitos o hermanitos" y compara la película con La dama y el vagabundo.

Aquí la crítica no solamente exige erotismo, sino que presupone una forma obligatoria de deseo masculino: si un joven se siente atraído por una mujer y duerme junto a ella, debería aparecer alguna intención sexual. Pero el deseo también puede expresarse mediante la contención, la inseguridad, el cuidado, la espera o, sencillamente, el respeto por el límite que plantea la otra persona. La ausencia de una iniciativa sexual no vuelve infantil a un personaje.

Tampoco una película de amor está obligada a incluir besos para acreditar que existe deseo. Frágil como cristal narra un vínculo inconcluso, atravesado por la memoria, la escritura y la idealización. No sabemos con certeza si aquello que vemos ocurrió, fue imaginado, está siendo recordado o forma parte de la obra que Nicola escribe. El casi beso interrumpido por el montaje puede no convencer, pero también puede representar precisamente aquello que no llegó a consumarse y que el personaje intenta reconstruir mediante la ficción.

La comparación con Disney es ingeniosa como sarcasmo, pero débil como argumento. Confunde ausencia de representación explícita con ausencia de deseo y termina exigiéndole a la película una demostración física que contradice buena parte de su propuesta.

Algo similar ocurre con los diálogos. El crítico objeta que algunas conversaciones sean triviales y que la película muestre a los personajes riendo sin permitirnos escuchar qué causó la risa. Según su lectura, eso evitaría el esfuerzo de escribir diálogos encantadores o graciosos que dieran sustancia al enamoramiento.

Pero no todos los vínculos se construyen mediante frases memorables. Las personas también se acercan a través de conversaciones banales, silencios, tiempos compartidos y momentos que no necesariamente son revelados al espectador. En la entrevista de Corre Cámara, Valenti menciona la influencia de Éric Rohmer y su interés por personajes que hablan mucho sin expresar directamente aquello que realmente desean decir.

Esa referencia no convierte automáticamente todo diálogo en bueno, pero sí aporta una clave para comprender la película. La crítica puede concluir que el procedimiento no funciona; lo que no debería hacer es ignorar que existe un procedimiento y confundir deliberadamente la elipsis con incapacidad para escribir una escena.

También es discutible la manera en que el artículo analiza los encuadres. Guilherme describe con gran precisión determinadas composiciones y se pregunta si sus elementos son significativos o simples accidentes de un rodaje apurado. La pregunta es pertinente. Sin embargo, las entrevistas muestran que los espacios fueron visitados y fotografiados repetidamente, que se probaron texturas y entradas de luz y que el montaje se realizó mientras avanzaba el rodaje. Eso no garantiza que cada plano sea acertado, pero debilita la presunción de descuido.

Quizá una composición no comunique con suficiente claridad su intención. Ese sería un cuestionamiento válido. Presuponer que lo que no responde a una gramática conocida es producto del apuro resulta bastante menos convincente.

Algo semejante sucede cuando el crítico acusa a la película de estar "descubriendo el agua tibia" por recurrir a Satie, Chéjov y Tennessee Williams. Es verdad que se trata de referencias canónicas. Pero una referencia no pierde valor porque sea reconocible para un especialista.

La gaviota no aparece como una decoración culta: dialoga directamente con una historia sobre representación, creación artística, amores proyectados y actores consumidos por los personajes que interpretan. Curiosamente, el propio crítico explica al comienzo del artículo la pertinencia del vínculo con el metateatro de Chéjov, para luego desestimarlo como parte del abecé moderno. El crítico puede recurrir a Bergman, Fellini o Mário Peixoto para construir su lectura, pero al joven director se le reprocha apelar a referencias conocidas. Hay allí cierta asimetría cultural.

Finalmente, resulta especialmente desafortunada la afirmación de que el director debería haber dedicado más tiempo a la elaboración del guion porque "escribir y pensar no cuesta mucho dinero". Escribir y pensar requieren tiempo, y el tiempo también constituye una condición material. Esta película comenzó a escribirse en 2021, tuvo un año de ensayos previos y atravesó un proceso de realización y montaje que se extendió durante varios años. Más tiempo no garantiza necesariamente una obra mejor, ni la autocrítica se mide contando meses.

La frase minimiza, además, el trabajo de personas que filmaban durante sus horas libres porque debían sostener sus empleos durante la semana. El contexto de producción no vuelve buena a una película, pero tampoco puede reconocerse al principio del artículo y luego olvidarse cuando llega el momento de juzgar cuánto cuestan el pensamiento y la escritura.

Marco Valenti afirma que "lo casero no es sinónimo de precario". Su objetivo fue encontrar una manera de filmar sin esperar indefinidamente las condiciones ideales, integrar al equipo desde el desarrollo y aprender mediante la práctica. Esa decisión admite riesgos y deja imperfecciones visibles. Pero también produce algo que el propio artículo reconoce: una película peculiar dentro del cine nacional, con personalidad visual, ambición narrativa y voluntad de explorar un lenguaje.

Frágil como cristal no necesita ser declarada perfecta ni protegida de la crítica. Puede ser discutida, cuestionada e incluso rechazada. Lo que merece es ser evaluada por la película que decidió ser y no solamente por su distancia respecto de la película que el crítico habría preferido.

Guilherme concluye deseando que, en el futuro, podamos reevaluar esta obra "ingenua y fallida" como el primer paso de un autor maduro. Tal vez ocurra algo diferente: quizá con el tiempo también podamos releer esta crítica y reconocer en ella la dificultad de una mirada experimentada para aceptar que una nueva generación puede utilizar el artificio, la contención, la ambigüedad y hasta la imperfección de una manera distinta.

Porque una película puede ser frágil sin ser fallida. Y porque la autoridad de una trayectoria merece respeto, pero no convierte una interpretación personal en la última palabra sobre una obra.

Cultura
2026-08-11T20:26:00

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias