ÁFRICA / CONFLICTO DEL SÁHARA OCCIDENTAL
El muro de arena que divide al Sáhara Occidental desde hace cuatro décadas
14.08.2026
EL AAIÚN (Uypress/Claudio Valenti) – Una sucesión de muros de arena, puestos militares, radares, alambradas y campos minados divide desde hace más de cuatro décadas el Sáhara Occidental, un territorio pendiente de descolonización cuya soberanía continúa siendo objeto de disputa internacional.
La construcción es conocida como “berma marroquí”, “muro de arena” o, entre los partidarios de la independencia saharaui, “muro de la vergüenza”. Su trazado completo alcanza aproximadamente 2.700 kilómetros, según investigaciones académicas publicadas en Border and Regional Studies y The Journal of North African Studies.
La cifra comprende distintas líneas defensivas levantadas progresivamente y no una única pared continua de las mismas características. La barrera principal separa la zona administrada por Marruecos, situada al oeste y donde se encuentran las principales ciudades y recursos naturales, de los territorios controlados por el Frente Polisario al este.
En algunos lugares, la fortificación consiste en elevaciones de arena y piedra de varios metros. A su alrededor se distribuyen trincheras, radares, bases militares, piezas de artillería, alambradas y áreas contaminadas por minas terrestres y municiones sin explotar.
La comparación que la presenta como la segunda muralla más extensa del mundo, después de la Gran Muralla China, es frecuente en artículos periodísticos y campañas saharauis. No constituye, sin embargo, una clasificación internacional oficial, porque compara estructuras construidas en épocas, materiales y condiciones muy diferentes.
Su extensión equivale aproximadamente a 17 veces la longitud del Muro de Berlín, cuya instalación fronteriza completa alcanzó unos 155 kilómetros.
Las cifras sobre el número de soldados desplegados tampoco son uniformes. Algunas organizaciones saharauis y publicaciones periodísticas hablan de entre 100.000 y 160.000 efectivos marroquíes, pero no existe información pública independiente que permita establecer cuántos permanecen actualmente junto a la barrera.
Marruecos ha incorporado en los últimos años drones y otras tecnologías de vigilancia, algunas adquiridas a Israel después de la normalización de las relaciones diplomáticas entre ambos países en 2020. No resulta correcto, sin embargo, afirmar que toda la vigilancia del muro depende de “drones israelíes” ni que estos hayan formado parte de su configuración original.
La magnitud exacta de la contaminación explosiva también es objeto de estimaciones diferentes. Durante años se difundió la cifra de siete a diez millones de minas, pero el Servicio de las Naciones Unidas de Actividades relativas a las Minas (UNMAS) no certifica actualmente un número total.
UNMAS informa que la contaminación se concentra especialmente alrededor de unos 1.465 kilómetros de la barrera principal y que incluye minas terrestres, municiones de racimo y otros restos explosivos de guerra. Una investigación antropológica publicada en 2026 por Matthew Porges estimó que existen más de siete millones de restos explosivos en el conjunto del territorio disputado.
Desde 2008, los equipos coordinados por Naciones Unidas liberaron unos 150 millones de metros cuadrados de terrenos peligrosos, despejaron 43 de los 67 campos minados conocidos y atendieron centenares de áreas afectadas por municiones de racimo. La amenaza continúa condicionando el desplazamiento de civiles, pastores, animales y personal humanitario.
El origen del conflicto
España mantuvo al Sáhara Occidental bajo dominio colonial hasta mediados de la década de 1970. Ante la perspectiva de su retirada, Marruecos y Mauritania reclamaron el territorio, mientras el Frente Polisario defendió su independencia.
En octubre de 1975, la Corte Internacional de Justicia reconoció la existencia de vínculos históricos de lealtad entre algunas tribus del territorio, el sultán de Marruecos y entidades mauritanas. No encontró, sin embargo, lazos de soberanía territorial capaces de impedir la aplicación del principio de autodeterminación.
El tribunal sostuvo que la población saharaui debía poder expresar libremente su voluntad. El referéndum correspondiente nunca llegó a celebrarse.
Un día después de conocerse el pronunciamiento, el rey Hassan II presentó la decisión como favorable a Marruecos y anunció la Marcha Verde. El 6 de noviembre de 1975, alrededor de 350.000 civiles marroquíes ingresaron de manera limitada en el territorio portando banderas nacionales, retratos del monarca y ejemplares del Corán.
La cifra está ampliamente documentada por investigaciones históricas y obras de referencia, entre ellas The International Encyclopedia of Revolution and Protest.
La marcha civil no fue el único movimiento sobre el terreno. Tropas marroquíes habían avanzado desde el noreste a partir del 31 de octubre, antes de la movilización anunciada públicamente. La operación militar y la Marcha Verde formaron parte de una misma estrategia para presionar a España y ocupar posiciones abandonadas durante su retirada.
El 14 de noviembre, España, Marruecos y Mauritania firmaron los Acuerdos de Madrid. España transfirió la administración del territorio, pero esos acuerdos no otorgaron jurídicamente su soberanía ni consultaron a la población saharaui.
Naciones Unidas continúa considerando al Sáhara Occidental un territorio no autónomo pendiente de descolonización. Marruecos controla la mayor parte y lo considera integrante de su territorio nacional, mientras el Frente Polisario, respaldado principalmente por Argelia, reclama la creación de un Estado independiente.
Guerra, desplazamiento y denuncias
La ocupación desató una guerra entre Marruecos y el Frente Polisario. Decenas de miles de saharauis huyeron hacia el interior del desierto y posteriormente hacia campamentos de refugiados establecidos cerca de Tinduf, en Argelia.
La historiografía especializada documenta bombardeos marroquíes contra grupos de civiles desplazados y recoge denuncias sobre la utilización de napalm y fósforo blanco. Joanna Allan las menciona en un estudio publicado en The Journal of North African Studies, apoyándose en investigaciones anteriores de Pablo San Martín.
Estas denuncias forman parte de una bibliografía académica considerable, pero no existe un registro forense completo que permita determinar el número exacto de víctimas ni reconstruir todos los ataques. Por esa razón, resulta más riguroso atribuir la información a las investigaciones que la documentan y evitar presentarla sin fuente como una verdad cuantificada definitivamente.
También se ha denunciado la destrucción de viviendas, pozos y ganado durante el desplazamiento. La afirmación de que Marruecos aplicó deliberadamente una estrategia “al estilo de Israel” es una comparación política contemporánea y no una categoría utilizada de forma general por la historiografía del conflicto.
La construcción de la barrera
El Frente Polisario desarrolló durante los primeros años una guerra móvil, utilizando su conocimiento del desierto para atacar posiciones marroquíes y retirarse antes de la respuesta de un ejército más numeroso y mejor equipado.
Marruecos comenzó a levantar las primeras defensas alrededor de 1980. La construcción se desarrolló en varias etapas hasta 1987 y permitió proteger El Aaiún, Smara, la mina de fosfatos de Bu Craa y las principales zonas pobladas y económicamente estratégicas.
Los estudios de David Seddon, Stephen Zunes, Jacob Mundy y otros investigadores coinciden en que la barrera modificó decisivamente el desarrollo de la guerra. Al limitar los movimientos del Polisario, permitió que Marruecos consolidara el control sobre aproximadamente tres cuartas partes del territorio.
Existen referencias históricas a la asistencia técnica y militar proporcionada a Marruecos por Estados Unidos, Francia, Israel y otros aliados. Sin embargo, el grado de intervención directa de asesores extranjeros en el diseño de cada tramo no está establecido de igual manera en todas las fuentes.
La explicación según la cual Hassan II utilizó el conflicto exclusivamente para distraer a la sociedad marroquí de la pobreza, la corrupción y los intentos de golpe de Estado constituye una interpretación política. Varios historiadores sostienen que la reivindicación territorial ayudó al monarca a fortalecer su legitimidad, reconstruir consensos internos y mantener al Ejército ocupado lejos de Rabat.
No obstante, el conflicto también respondió a una combinación más amplia de nacionalismo, disputas territoriales, recursos naturales, rivalidad con Argelia y dinámicas propias de la Guerra Fría. Reducirlo a una única motivación empobrece la explicación histórica.
Un conflicto sin resolver
Marruecos y el Frente Polisario acordaron en 1991 un alto el fuego bajo supervisión de la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (MINURSO). El plan contemplaba una consulta de autodeterminación, pero las diferencias sobre quiénes podían votar impidieron realizarla.
El alto el fuego se quebró en noviembre de 2020 y desde entonces se registran enfrentamientos de baja intensidad, aunque el acceso limitado a la zona dificulta verificar independientemente los partes militares de ambos bandos.
La barrera continúa separando territorios, rutas pastoriles y familias saharauis. También preserva una división política que Naciones Unidas lleva décadas intentando resolver sin éxito.
La historia del muro está ampliamente documentada y no necesita exageraciones para mostrar su dimensión. Es una de las infraestructuras militares más extensas del planeta, atraviesa un territorio pendiente de descolonización y permanece rodeada por una de las mayores concentraciones de minas y restos explosivos del mundo.
Fuentes historiográficas y documentales consultadas:
– Corte Internacional de Justicia, Western Sahara, Advisory Opinion, 1975.
– Naciones Unidas, resoluciones sobre el Sáhara Occidental y documentación de MINURSO.
– Servicio de las Naciones Unidas de Actividades relativas a las Minas, programa para el territorio del Sáhara Occidental.
– Stephen Zunes y Jacob Mundy, Western Sahara: War, Nationalism, and Conflict Irresolution, Syracuse University Press, 2010.
– Pablo San Martín, Western Sahara: The Refugee Nation, University of Wales Press, 2010.
– Tony Hodges, Western Sahara: The Roots of a Desert War, Lawrence Hill, 1983.
– Virginia Thompson y Richard Adloff, The Western Saharans: Background to Conflict, Barnes & Noble Books, 1980.
– David Seddon, “Morocco and the Western Sahara”, Review of African Political Economy, 1987.
– Joanna Allan, “Natural Resources and Intifada: Oil, Phosphates and Resistance to Colonialism in Western Sahara”, The Journal of North African Studies, 2016.
– Marta Kluszczynska, “Wall of Shame and Security: Four Decades of a Wall Dividing Western Sahara”, Border and Regional Studies, 2018.
– Kenza Yousfi, “The Wall as Ecology”, Environment and Planning D: Society and Space, 2025.
– Matthew Porges, “Pure and Impure Risk: Integrating and Adapting to Landmine Danger in Western Sahara’s Pasturelands”, Critique of Anthropology, 2026.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias