El nuevo paradigma de la seguridad en el Cono Sur debe tener a la tecnología como un activo estratégico de estabilidad

20.05.2026

BUENOS AIRES (Uypress/Luis Mongini*) - El estándar que mide la seguridad de las naciones latinoamericanas ha cambiado y difícilmente volverá a su nivel anterior. Ya no hablamos solo de presencia policial en las calles o poder de fuego convencional.

Hoy, la soberanía de un Estado es, y debe ser cada vez más, definida por su capacidad de proteger infraestructuras críticas, garantizar la resiliencia digital y combatir al crimen organizado mediante inteligencia de datos. El perfil del delincuente se ha sofisticado y el campo de batalla se ha desplazado: la prioridad ahora es la protección de nuestras ciudades, fronteras y del ecosistema digital, donde la velocidad de respuesta y la autonomía tecnológica son los verdaderos pilares de la estabilidad.

En el escenario actual, la independencia nacional pasa necesariamente por el dominio de las tecnologías que sostienen la vida cotidiana de la sociedad. Más patrullas, equipamiento y presencia en las calles siguen siendo importantes, pero ya no son suficientes. En el ámbito de la seguridad, tener control sobre algoritmos de reconocimiento facial, biometría y comunicaciones cifradas no es un lujo, es autonomía en la toma de decisiones, y marca la diferencia en la protección de los ciudadanos y del propio Estado.

La lucha contra el cibercrimen y el tráfico ilícito exige que hablemos un mismo lenguaje tecnológico. La interoperabilidad es el verdadero "punto de inflexión". Cuando distintas agencias de seguridad operan de forma integrada, compartiendo datos en tiempo real y con inteligencia, la eficacia contra el crimen se eleva a otro nivel. La cooperación institucional y la tecnología cambian las reglas del juego.

Para que esto deje de ser teoría y se convierta en realidad en nuestras policías y organismos de seguridad, la inversión en Inteligencia Artificial (IA) aplicada a la seguridad urbana debe tratarse como una política de Estado, y no como un proyecto de una sola administración. Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay ya han comenzado a avanzar en esa dirección, con políticas públicas y centros de excelencia que pueden liderar este cambio. El desafío ahora es dar el siguiente paso: dejar de ser únicamente compradores de tecnología para convertirnos en desarrolladores de soluciones de alta complejidad, fortaleciendo así la autonomía y la capacidad de respuesta de la región.

Lo que antes estaba restringido al ámbito militar ahora protege al ciudadano en su vida diaria. Las ciudades inteligentes, con gestión centralizada y respuesta inmediata ante incidentes, son el mejor ejemplo de ello. Activos estratégicos como sensores (radares, cámaras, etc.), comunicaciones móviles seguras, sistemas de drones y antidrones, y centros de comando y control son hoy tan vitales para proteger una frontera como para el patrullaje de una gran ciudad.

Pero aún debemos enfrentar una realidad: la falta de una base industrial local capaz de adaptar estos sistemas genera una dependencia peligrosa y riesgos operativos críticos en momentos de crisis. Buscar autonomía no significa aislamiento, sino contar con una estructura lo suficientemente sólida para colaborar en igualdad de condiciones en misiones transnacionales de inteligencia.

De cara a 2026, el mensaje es claro: la seguridad es una prioridad y depende de nuestra capacidad de actuar de manera independiente cuando sea necesario, pero de forma integrada cuando sea esencial. El camino hacia una región resiliente y preparada para los desafíos globales pasa, necesariamente, por el impulso a la innovación local y por asociaciones estratégicas que prioricen la transferencia de tecnología. Es momento de transformar el potencial tecnológico de todo el Cono Sur en tranquilidad real para nuestra sociedad.

 

*Luis Mongini, Director General de Thales para Cono Sur

Ciencia y Tecnología
2026-05-20T11:18:00

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias