AGRO

El primer brote de scrapie en Argentina enciende una alerta sanitaria que Uruguay seguirá de cerca

14.04.2026

BUENOS AIRES/MONTEVIDEO (Uypress) – El SENASA confirmó por primera vez en Argentina brotes de scrapie clásico en ovinos importados detectados en Santa Fe y Entre Ríos. La enfermedad no representa riesgo para la salud humana, pero obliga a recalibrar certificados sanitarios, restringir movimientos en los establecimientos afectados y abre un nuevo foco de vigilancia para Uruguay, donde el prúrigo lumbar es una enfermedad exótica y de notificación obligatoria.

La confirmación oficial argentina se produjo tras la muerte natural de tres reproductores ovinos sin sintomatología asociada. Según SENASA, los animales habían sido importados desde Paraguay en 2021 y 2022, habían cumplido los controles postingreso y fueron detectados mediante prueba ELISA; luego, un laboratorio de referencia en España confirmó el diagnóstico con Western Blot. A partir de ese hallazgo, el organismo dispuso restricciones de movimientos, vigilancia intensificada y notificó el caso a la Organización Mundial de Sanidad Animal y a Paraguay para profundizar la investigación epidemiológica.

El scrapie es una enfermedad priónica, progresiva y fatal, que afecta a ovinos y caprinos. SENASA la describe como una patología neurodegenerativa que puede provocar prurito intenso, alteraciones de la marcha, temblores, pérdida de peso y cambios de comportamiento. Pero también subraya un dato central: no es una zoonosis, por lo que no representa riesgo para las personas ni por contacto con animales infectados ni por consumo de productos de origen animal. Ese punto es clave para bajar el tono alarmista de expresiones como “oveja loca”, que tienden a mezclar esta enfermedad con la encefalopatía espongiforme bovina.

El impacto más inmediato se ubica, por tanto, en el plano sanitario y comercial, no en salud pública. Argentina ya informó que trabaja en la adecuación de sus certificados de exportación para evitar disrupciones y sostener mercados. Según SENASA, productos como embriones, cueros y pieles, gelatina, colágeno, sebo, lana y fibra ovina siguen siendo considerados mercancías seguras; también la carne ovina y caprina, siempre que se retiren previamente los tejidos de riesgo. En cambio, para ovinos y caprinos en pie, harinas proteicas y lácteos se prevé discutir medidas de mitigación específicas según las recomendaciones internacionales.

Para Uruguay, el primer efecto esperable no es un problema de consumo, sino una suba en la exigencia sanitaria y en la vigilancia fronteriza. La legislación sanitaria uruguaya trata al scrapie como enfermedad de notificación obligatoria y prevé acciones específicas si se confirmara un caso en el país. Además, el certificado sanitario vigente para exportación de ovinos y caprinos desde Argentina a Uruguay exige que los animales procedan de un país, zona o explotación con condición sanitaria reconocida respecto de scrapie, o que se apliquen las medidas del Código Terrestre correspondientes. En otras palabras: el cambio de situación en Argentina toca un punto sensible de la arquitectura sanitaria regional.

Ese cambio importa porque el rubro ovino uruguayo, aunque más chico que años atrás, sigue siendo marcadamente exportador. El Anuario Opypa 2025 señala que el stock nacional cayó a 4,7 millones de ovinos y que, entre noviembre de 2024 y octubre de 2025, Uruguay exportó 11.233 toneladas de carne ovina por US$ 65,2 millones. Brasil explicó 34% del valor FOB e Israel 17%, mientras también crecieron destinos de Medio Oriente y Europa. En un sector así, cualquier ruido sanitario regional puede traducirse en más controles, más trazabilidad exigida y, eventualmente, también en alguna oportunidad comercial si compradores buscan origen alternativo. Esa última posibilidad es una inferencia, pero está sostenida por dos hechos: la exportación ovina es clave para Uruguay y Argentina ya reconoció que debe readecuar su esquema certificador.

El episodio no implica, por ahora, una amenaza directa para la cadena ovina uruguaya ni una alarma alimentaria para los consumidores. Pero sí marca un punto de inflexión regional. Argentina dejó de ser un país sin scrapie clásico y eso obliga a revisar flujos de animales, certificados y protocolos. Para Uruguay, que preserva su estatus sanitario como activo comercial central, la reacción más lógica no pasa por el dramatismo, sino por reforzar vigilancia, trazabilidad y criterios de bioseguridad en un momento en que cada diferencial sanitario pesa más en los mercados.

Agro
2026-04-14T20:13:00

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias