ARQUEOLOGÍA E IDENTIDAD INDÍGENA EN URUGUAY
Hallazgo arqueológico en Durazno revela prácticas funerarias indígenas de fines del siglo XIX
02.11.2026
DURAZNO (Uypress) – Una investigación arqueológica realizada en el paraje Sarandí de la China, al norte del departamento de Durazno, reveló un hallazgo de particular importancia para comprender la historia de los pueblos originarios del Uruguay. Bajo una estructura circular de piedras y tierra, conocida como Cairne de la China, fueron encontrados los restos de un hombre y una mujer enterrados mediante prácticas funerarias vinculadas con tradiciones indígenas. La construcción, situada cronológicamente hacia fines del siglo XIX, aporta evidencia material de la persistencia de esas tradiciones varias décadas después de los acontecimientos de Salsipuedes de 1831.
El descubrimiento fue presentado en un artículo publicado por el diario El País de Uruguay, firmado por la periodista Ángeles Orfila, bajo el título «Una tumba indígena bajo las piedras», con información proporcionada por la arqueóloga Nicol de León Fleitas y otros investigadores participantes.
La investigación adquiere especial relevancia porque cuestiona las interpretaciones que durante mucho tiempo asociaron el proceso de conformación del Estado uruguayo con la desaparición prácticamente total de las poblaciones indígenas y de sus expresiones culturales.
Lejos de tratarse únicamente de un conjunto de piedras, el sitio contiene información sobre prácticas funerarias, organización del espacio y continuidad cultural en una etapa de profundas transformaciones económicas, políticas y territoriales.
Una construcción circular de aproximadamente 17 metros
El Cairne de la China se encontraba en el paraje Sarandí de la China, en el departamento de Durazno, en un territorio históricamente vinculado con el tránsito de personas, actividades rurales y distintas formas de ocupación humana.
La estructura presentaba una planta circular de entre 16 y 17 metros de diámetro y estaba formada por piedras y tierra cuidadosamente dispuestas.
La investigación identificó un sistema constructivo que incluía una plataforma, bloques de piedra y una estructura central levantada sobre un afloramiento rocoso.
No se trataba, por tanto, de una acumulación casual de materiales.
Los estudios permitieron reconocer distintas etapas de construcción, desde la preparación del terreno y la excavación de una fosa hasta la colocación de los grandes bloques que terminaron conformando el monumento.
Los arqueólogos identificaron siete fases constructivas, lo que demuestra que su realización respondió a una secuencia organizada de acciones.
La disposición de los materiales y la existencia de enterramientos humanos permitieron establecer su función funeraria.
Los restos de un hombre y una mujer
Durante la excavación fueron encontrados restos óseos correspondientes a dos personas adultas, un hombre y una mujer, cuya edad al fallecer se estima en torno a la cuarta década de vida.
El análisis bioantropológico permitió identificar una modalidad de enterramiento secundario múltiple.
Este tipo de práctica supone que los restos humanos fueron manipulados o trasladados después de un primer proceso de descomposición y posteriormente depositados en un lugar destinado a su conservación o conmemoración.
La investigación señala que los huesos habían sido reorganizados antes de su colocación definitiva dentro de la estructura.
Esta característica resulta especialmente importante porque permite identificar comportamientos funerarios que van más allá del simple entierro de un cuerpo.
El procedimiento constituye una manifestación cultural que puede aportar información sobre las relaciones de las comunidades con sus muertos, la memoria colectiva y las formas de utilización ritual del territorio.
Sin embargo, los investigadores no han establecido la identidad individual de las personas enterradas ni determinado de manera concluyente su pertenencia a una etnia específica.
Objetos indígenas y materiales de origen europeo
Otro de los aspectos relevantes del hallazgo es la diversidad de objetos recuperados durante la excavación.
Los arqueólogos encontraron materiales líticos, entre ellos piezas trabajadas en piedra, asociados con elementos de loza, gres, vidrio y metal.
Los materiales pétreos incluyen materias primas como basalto, cuarzo y caliza silicificada, utilizadas históricamente en la elaboración de instrumentos.
La coexistencia de estos elementos con objetos de fabricación industrial aporta información importante sobre el momento en que se construyó la estructura.
Algunos materiales permiten situar el conjunto en una etapa posterior a 1872, mientras que los estudios históricos lo relacionan con transformaciones territoriales ocurridas hacia fines del siglo XIX.
La presencia de objetos industriales junto con tecnologías y prácticas indígenas resulta especialmente significativa.
Lejos de representar necesariamente una sustitución completa de unas costumbres por otras, esa combinación puede reflejar procesos de adaptación, intercambio y continuidad cultural.
Las poblaciones indígenas no permanecieron aisladas de las transformaciones económicas y sociales del Uruguay decimonónico. Sus prácticas también pudieron incorporar materiales y tecnologías provenientes de otros sectores de la sociedad.
Una evidencia que interpela la historiografía nacional
La importancia del Cairne de la China excede el valor arqueológico de los restos encontrados.
Durante generaciones, una parte del relato histórico uruguayo presentó la desaparición de los pueblos indígenas como un proceso prácticamente concluido durante las primeras décadas de vida independiente.
La matanza de Salsipuedes, ocurrida en abril de 1831 durante el gobierno de Fructuoso Rivera, ocupó un lugar central en esa interpretación.
Sin embargo, las investigaciones históricas, arqueológicas y antropológicas desarrolladas durante las últimas décadas han demostrado que la historia indígena del territorio fue considerablemente más compleja.
Los procesos de persecución, desplazamiento, integración forzada y transformación cultural no significaron necesariamente la desaparición inmediata de todas las personas, familias y comunidades portadoras de tradiciones indígenas.
El hallazgo de Durazno aporta evidencia material para examinar esa continuidad.
La existencia de una estructura funeraria construida hacia fines del siglo XIX, con características vinculadas con prácticas indígenas, demuestra que determinadas expresiones culturales persistieron durante el proceso de modernización y consolidación del Estado.
Esto no permite concluir que todas las comunidades conservaran intactas sus costumbres ni identificar automáticamente a las personas enterradas con un pueblo determinado.
Su relevancia consiste en aportar información concreta que obliga a reconsiderar interpretaciones históricas demasiado generales sobre el destino de las poblaciones originarias.
Después de Salsipuedes: una historia que no terminó en 1831
El caso también contribuye a una discusión más amplia sobre la presencia indígena durante el siglo XIX.
La campaña de Salsipuedes de 1831 y otras acciones militares posteriores constituyeron episodios de violencia contra poblaciones indígenas, particularmente contra grupos identificados como charrúas.
Sin embargo, el impacto de esas campañas no puede interpretarse como la desaparición automática de todas las personas y tradiciones indígenas del territorio.
Los registros documentales muestran la presencia de indígenas en establecimientos rurales, poblaciones urbanas, unidades militares y diferentes actividades económicas durante décadas posteriores.
También existieron procesos de mestizaje, desplazamiento territorial y pérdida de referencias comunitarias que dificultan reconstruir las trayectorias individuales y colectivas.
En este contexto, la arqueología adquiere especial importancia porque permite estudiar evidencias que no necesariamente quedaron reflejadas en documentos oficiales.
Los objetos, enterramientos y estructuras construidas por las comunidades pueden conservar testimonios de comportamientos que las fuentes escritas omitieron o interpretaron desde perspectivas ajenas a sus protagonistas.
El Cairne de la China se incorpora a ese conjunto de evidencias.
Su cronología y sus características funerarias permiten examinar la continuidad de prácticas indígenas en una etapa en que el Estado uruguayo consolidaba sus instituciones, expandía la propiedad rural y transformaba las formas tradicionales de ocupación del territorio.
La arqueología aporta nuevas respuestas sobre la identidad uruguaya
La interpretación de la historia indígena ha experimentado transformaciones importantes durante las últimas décadas.
Investigaciones antropológicas y genéticas desarrolladas en Uruguay han identificado componentes de ascendencia indígena en una proporción significativa de la población contemporánea.
Estos resultados contribuyeron a cuestionar la representación tradicional de Uruguay como una sociedad constituida casi exclusivamente por descendientes de inmigrantes europeos.
Sin embargo, la ascendencia genética y la continuidad de prácticas culturales son dimensiones diferentes y no deben confundirse.
La existencia de antepasados indígenas no permite determinar automáticamente la pertenencia étnica de una persona ni reconstruir sus tradiciones culturales.
Del mismo modo, el hallazgo de una estructura funeraria con características indígenas no permite establecer, sin investigaciones adicionales, la identidad exacta de quienes la utilizaron.
Lo que sí demuestra es que la comprensión de la historia nacional necesita integrar evidencias materiales, documentación histórica, estudios antropológicos y las perspectivas de las comunidades vinculadas con esa memoria.
En ese sentido, el descubrimiento de Durazno contribuye a ampliar las preguntas sobre la diversidad cultural que participó en la formación del Uruguay contemporáneo.
El hallazgo se produjo durante las obras del Ferrocarril Central
La investigación tuvo además una circunstancia particular: el sitio fue identificado durante las tareas de seguimiento arqueológico asociadas con el proyecto ferroviario Montevideo-Paso de los Toros.
El descubrimiento se produjo cuando las obras ya estaban en desarrollo y la estructura se encontraba dentro de una zona que sería afectada por la nueva infraestructura.
Según explicaron los investigadores, la identificación tardía impidió modificar el trazado ferroviario para preservar el monumento en su ubicación original.
Por esa razón, se decidió realizar una excavación de rescate destinada a recuperar los materiales arqueológicos y documentar las características del sitio antes de su alteración.
La intervención permitió obtener información que, de otra manera, podría haberse perdido definitivamente.
El caso plantea una cuestión relevante para las políticas de protección patrimonial: la necesidad de identificar y evaluar los bienes arqueológicos antes de ejecutar proyectos de infraestructura que puedan afectar su conservación.
Aunque los procedimientos de rescate permiten recuperar materiales e información científica, no sustituyen completamente la preservación de un sitio dentro de su contexto original.
La posición de las estructuras, su relación con el paisaje y las características del terreno también forman parte de su valor patrimonial.
El desafío de conservar los restos y respetar su significado cultural
La recuperación de restos humanos plantea, además, cuestiones que exceden la investigación científica.
Los enterramientos constituyen testimonios arqueológicos, pero también pueden representar espacios de memoria y significación cultural para comunidades vinculadas con las tradiciones que les dieron origen.
Por esa razón, su estudio y conservación requieren procedimientos que contemplen tanto la protección patrimonial como el tratamiento respetuoso de los restos.
El equipo investigador señaló la necesidad de resolver el destino de los materiales recuperados, que se encuentran bajo los procedimientos correspondientes de conservación y custodia.
La discusión adquiere particular importancia en un país donde las relaciones entre el patrimonio arqueológico y las comunidades indígenas contemporáneas han ganado presencia en los debates académicos y culturales.
La investigación de los restos permite ampliar el conocimiento histórico, pero también obliga a considerar quiénes participan de las decisiones sobre su conservación, estudio y eventual destino final.
Un hallazgo que obliga a mirar de otra manera el pasado uruguayo
El Cairne de la China constituye una de las primeras evidencias arqueológicas documentadas de enterramientos humanos asociados con este tipo de estructuras de piedra y tierra en Uruguay.
Su singularidad reside en la combinación de una construcción funeraria organizada, restos humanos, materiales indígenas y objetos correspondientes al período histórico.
El conjunto permite estudiar una realidad que no siempre aparece con claridad en los relatos tradicionales: la persistencia y transformación de prácticas culturales indígenas durante las últimas décadas del siglo XIX.
No significa que una excavación, por sí sola, pueda modificar completamente la interpretación de la historia nacional.
Pero sí aporta evidencia material que debe integrarse a las investigaciones existentes y que permite formular nuevas preguntas sobre la ocupación del territorio, las prácticas funerarias y las relaciones entre distintas poblaciones.
La arqueóloga Nicol de León Fleitas y el equipo participante presentaron los resultados del trabajo en el XII Congreso Nacional de Arqueología del Uruguay, contribuyendo a que esta información sea incorporada al debate científico.
El descubrimiento adquiere así un significado que trasciende las fronteras departamentales.
En un país donde durante mucho tiempo predominó la idea de que sus pueblos originarios habían desaparecido durante el siglo XIX, encontrar una estructura funeraria vinculada con tradiciones indígenas de fines de ese mismo siglo obliga a examinar esa historia con mayor profundidad.
Las piedras del Cairne de la China no solamente resguardaban restos humanos. También conservaron evidencias de prácticas culturales que sobrevivieron a profundas transformaciones políticas y sociales.
Su estudio permite comprender que la historia indígena del Uruguay no puede reducirse a un único acontecimiento ni darse por concluida en una fecha determinada.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias