Hallazgo arqueológico francés a casi 3 kms de profundidad redefine los límites de la exploración submarina

15.11.2025

PARÍS (Uypress)- Investigadores franceses han encontrado un barco renacentista intacto en una zona abisal del Mediterráneo increíblemente bien conservado de forma casi milagrosa en un entorno donde nada debería resistir cinco siglos. La noticia no solo ha sorprendido a los arqueólogos; también ha obligado a replantear qué podemos explorar realmente en el fondo del océano, según informa el portal español Gizmodo.com.

 

El hallazgo se produjo a 2.570 metros de profundidad, un entorno extremo donde la luz no llega y la presión es equivalente a cientos de atmósferas. Allí, sobre un lecho de sedimentos finos, descansa un navío de unos 30 metros de eslora que ha sobrevivido gracias a una combinación improbable: corrientes casi inexistentes, temperaturas cercanas al punto de congelación y una química del agua que actúa como conservante natural.

Esa "cápsula del tiempo" ha protegido la madera, la jarcia y hasta diminutas piezas metálicas de uso cotidiano. Y, sin embargo, incluso en este abismo silencioso aparecen huellas de nuestra época: botellas de plástico, redes y otros residuos que el océano traslada hasta donde no debería llegar nada humano.

Los especialistas franceses que han estudiado el sitio subrayan que la clave no está solo en la profundidad récord, sino en la integridad del conjunto. La ausencia de organismos xilófagos y la estabilidad química han creado un entorno ideal para la arqueología, un laboratorio natural donde se preservan procesos y materiales que en aguas menos profundas habrían desaparecido hace mucho.

Un tesoro comercial que revela cómo se movía el Mediterráneo del siglo XVI

El cargamento preservado a bordo es tan revelador como el estado del barco. Se han inventariado alrededor de 200 jarras de cerámica decoradas, con motivos florales y símbolos devocionales típicos de la época. Cada una es una pieza de información sobre la estética del Renacimiento mediterráneo y sobre las redes comerciales que conectaban talleres, puertos y consumidores.

Junto a ellas han aparecido barras de hierro envueltas en fibras vegetales, un método de embalaje que reducía la oxidación y permite entender cómo se transportaban materiales estratégicos en el siglo XVI. Los arqueólogos lo comparan, en términos de valor económico, con lo que hoy representan las baterías o los semiconductores.

Completan el conjunto un cañón, un ancla completa y varios utensilios de uso diario, que ayudan a reconstruir la vida a bordo y el perfil del viaje que nunca llegó a completarse.

Un investigador involucrado en la campaña lo resume así: «Este naufragio es un manual tridimensional del mundo marítimo renacentista».

Tecnología de élite para descender donde nadie excavaba

Para localizar y estudiar este pecio se ha combinado la experiencia del DRASSM con recursos operativos del Ejército francés, dando forma a una campaña que roza la ingeniería extrema. A esas profundidades no trabajan buzos, sino vehículos operados remotamente equipados con cámaras 4K, sensores de mapeo 3D y brazos articulados capaces de mover objetos milimétricos sin romper el contexto arqueológico.

Gracias a esas herramientas se han identificado microcapas de sedimentos, recogido muestras y documentado el barco con un nivel de precisión que permitirá reconstruir su aspecto original mediante modelos digitales y "gemelos virtuales". En laboratorios especializados, los materiales extraídos pasan por procesos de desalinización y estabilización para evitar que se deterioren al volver a la superficie.

Este tipo de operaciones señala una tendencia que ya está transformando la arqueología profunda: la unión entre robótica, ciencia de datos y conservación avanzada, que amplía la escala y profundidad a la que se puede excavar sin comprometer la integridad del sitio.

El contexto global de un récord que no es solo numérico

Aunque la profundidad alcanzada por este hallazgo es excepcional, el récord mundial sigue perteneciendo al USS Samuel B. Roberts, localizado en el Mar de Filipinas a casi 6.900 metros. Pero aquí la importancia radica en otra cosa: la preservación casi perfecta de un barco del siglo XVI, su carga y su estructura.

El pecio, bautizado provisionalmente como Camarat 4, ofrece una visión única del comercio mediterráneo renacentista, desde la circulación de materias primas hasta la estandarización de recipientes cerámicos que funcionaban como "moneda logística" en toda la región. Los equipos ya preparan nuevas campañas para ampliar el mapa fotogramétrico, excavar zonas selectivas y reforzar la vigilancia ante posibles saqueos.

También se están desarrollando materiales didácticos y divulgativos para que escuelas, museos y comunidades costeras puedan interpretar el hallazgo sin necesidad de enfrentarse al lenguaje técnico de la arqueología subacuática.

Una ventana al pasado que nos obliga a mirar el presente

Camarat 4 no es solo un naufragio extraordinariamente bien conservado: es un recordatorio de cuánto queda por descubrir bajo la superficie del Mediterráneo y, al mismo tiempo, de lo vulnerable que es ese mismo océano. Las piezas renacentistas conviven con plásticos contemporáneos; la historia preservada durante siglos contrasta con una contaminación que llega incluso al abismo.

El hallazgo es un triunfo científico, pero también una advertencia. Cada objeto recuperado, cada fragmento de cerámica o metal, nos conecta con un pasado que solo podemos estudiar si antes somos capaces de proteger el entorno que lo conserva. Y en ese equilibrio -entre memoria y responsabilidad- se juega el futuro de la arqueología en aguas profundas.

Foto: © OGrimm / Shutterstock


Historia
2025-11-15T11:59:00

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias