L’Anse aux Meadows, el asentamiento vikingo que confirmó la llegada europea a América cinco siglos antes de Colón

20.06.2026

TERRANOVA (Uypress)- Las sagas islandesas y las excavaciones realizadas en Terranova permitieron reconstruir la presencia nórdica en América del Norte alrededor del año 1021. El sitio de L’Anse aux Meadows, único asentamiento vikingo confirmado en el continente, revela una historia de exploración, comercio e interacción con los pueblos indígenas mucho antes de la llegada de Cristóbal Colón, según informó National Geographic.

 

Cualquiera que visite hoy la ventosa costa de la bahía de Epaves, en el extremo norte de Terranova, difícilmente percibirá la enorme importancia del modesto yacimiento arqueológico que alberga. Allí, en L'Anse aux Meadows (nombre que probablemente es una referencia distorsionada a un viejo navío francés), se encuentra el único asentamiento nórdico de América. Unos cuantos promontorios en la hierba, la réplica de una casa antigua y un excelente museo señalan el punto del primer encuentro entre humanos de ambas orillas del Atlántico. Es un lugar asombroso, pero su relevancia no se ha reconocido hasta hace relativamente pocas décadas. 

LA SAGA DEL ATLÁNTICO NORTE

Hasta finales de la década de 1960, la aventura vikinga en América sólo se conocía de segunda mano a través de las sagas islandesas, grandes relatos épicos que constituyen una de las joyas de la literatura medieval nórdica. Tratan principalmente de la época vikinga, que se extiende aproximadamente entre los años 750 y 1050, pero se escribieron centenares de años después, la mayoría en el siglo XIII. Aún hoy, los especialistas debaten hasta qué punto preservan recuerdos verídicos de antepasados de los autores o se trata de una especie de ficción histórica. Las narraciones sobre los viajes vikingos a América aparecen tan sólo en dos de esos textos: la Saga de los groenlandeses y la Saga de Erik el Rojo.

En general, la historia es de sobras conocida: al oeste de Groenlandia existe un país desconocido, encontrado por naves extraviadas a causa de los vientos, al que se dirigen expediciones de exploración y donde se crean asentamientos pasajeros. En realidad, las dos sagas se contradicen con frecuencia, ofreciendo distintas versiones sobre quién fue el primero en avistar tierra, quién el primero en navegar hasta allí e incluso sobre el número total de viajes.

Como mínimo, la ruta que tomaron sus protagonistas está clara: hacia el oeste de Groenlandia durante dos días, hasta un país de piedras planas que los nórdicos llamaban Helluland (probablemente la isla de Baffin); después hacia el sur, bordeando una larga extensión de bosques costeros y playas vírgenes que llamaban Markland (probablemente Labrador), y finalmente hasta Vinland, la «tierra de las vides [silvestres]». No queda del todo clara su ubicación precisa, ni si se refiere a Terranova o, más probablemente, a algún punto situado más al oeste o el sur.

En la Saga de los groenlandeses, el relato es complejo e incluye múltiples viajes a Vinland. Basándose en la información de un tal Bjarni Herjólfsson, quien divisa aquella tierra nueva, pero no fondea en ella, el primer desembarco lo realiza uno de los individuos más famosos del final de la época vikinga, Leif Eriksson, «Leif el Afortunado». Éste edificó un asentamiento llamado Leifsbuðir, «Casas de Leif», que cedió a posteriores viajeros. Se mencionan tres viajes tras el de Leif. Primero, el de su hermano Thorvald, cuya expedición permanecerá allí durante tres inviernos; después, un gran proyecto de asentamiento promovido por el próspero comerciante Thorfinn Karlsefni (apodo que significa algo parecido a «hombre verdadero») junto a su esposa Gudríd Thorbjarnardóttir, y, por último, el viaje que co-lideró la hermana de Leif, Freydís.

En la Saga de Erik el Rojo, aparentemente escrita algo después, se comprime todo en un único viaje. Aquí el primero en avistar Vinland es el propio Leif, aunque no toma tierra. De hecho, el primer intento de establecer un asentamiento lo llevan a cabo Thorfinn y Gudríd, viajando con tres naves cargadas con 160 colonos. Se mencionan dos campamentos, uno temporal para pasar el invierno, llamado Straumfjord, y otro más duradero, llamado Hop.

Resulta relativamente sencillo combinar las dos sagas en una historia con diversos viajes y un elenco de personajes más o menos fidedigno. Parece probable que los nórdicos se establecieran en más de un lugar, quizá con un asentamiento más importante y bases temporales instaladas a medida que ampliaban su exploración.

Las historias son vívidas y ricas en detalles, dramas humanos y descripciones, pero una cosa impacta al ojo moderno: no se trata de un «descubrimiento» porque Vinland está habitada. En ambas sagas, los nórdicos encuentran varias veces a pobladores locales, a los que llaman skraelingar, término despectivo que significa algo parecido a «salvajes».

En la Saga de Erik el Rojo, los dos grupos entablan una relación comercial pacífica, pero la violencia se desata entre ellos tras un malentendido. En la Saga de los groenlandeses viven un conflicto sin cuartel desde el inicio, hay muertos en ambos bandos y encontramos un tema recurrente: los nórdicos se ven forzados a escapar por la resistencia indígena a su presencia.

Según estos registros literarios, la comunidad nórdica de Vinland fue efímera, prolongándose como máximo unos años. No tardó en convertirse en un recuerdo preservado por los groenlandeses y que terminó llegando a las sagas islandesas. En cualquier caso, tanto la arqueología como la historia europea nos muestran un panorama ligeramente distinto.

L'ANSE AUX MEADOWS

Tratándose de algo tan relevante, las casas de L'Anse aux Meadows parecen modestas: ocho edificios construidos con tepe (pan de césped) y distribuidos en tres grupos por la curva de la bahía. Se vienen realizando excavaciones intermitentes desde la década de 1960, primero por parte de Anne-Stine y Helge Ingstad, descubridores del yacimiento, y después por Birgitta Linderoth Wallace y otros investigadores. Hay hogares y talleres, además de una fragua situada a cierta distancia del resto de estructuras, tanto para facilitar el acceso al agua como para minimizar el riesgo de incendio.

Uno de los edificios pudo ser un cobertizo para un barco, y hay evidencias de trabajos en madera y de reparación de botes. Dos hallazgos concretos confirman el origen nórdico del yacimiento: un alfiler de bronce y una fusayola de esteatita (un elemento usado para hilar). También aparecieron una aguja de hueso, pedernales de jaspe probablemente provenientes de Groenlandia o Islandia y madera tallada con herramientas metálicas.

El yacimiento tiene una vista excelente del mar y fácil acceso a sus recursos, en particular bacalao y colonias de eíderes (patos). Era la escala perfecta en la ruta hacia el sur de los barcos procedentes de Groenlandia, que desde allí podían zarpar con distintos rumbos. Lo pudo habitar un centenar de personas, quizás algunas más, cifra que concuerda con lo descrito en las sagas. El asentamiento podía sobrevivir fácilmente al invierno, con su arquitectura aislada a prueba de vientos y plenamente adaptada al Atlántico Norte.

Parece seguro que L'Anse aux Meadows no fue el único asentamiento nórdico en América del Norte, puesto que muchos aspectos del yacimiento contradicen la idea de que fuera su único bastión en Vinland. ¿Dónde están las sepulturas o los indicios de cría de animales? Las sagas hablan de ganado, pero no se ha encontrado ni rastro de éste en el yacimiento.

Desde hace tiempo, los arqueólogos y otros estudiosos han buscado infructuosamente yacimientos similares. Hace unos años, las esperanzas crecieron fugazmente gracias a ciertos indicios prometedores en las cercanías de Point Rosee, una ubicación relativamente parecida a L'Anse aux Meadows, pero en la costa sur. Por desgracia, posteriores trabajos de campo desecharon esta posibilidad, de modo que la búsqueda continúa.

La mayoría de los especialistas creen probable que L'Anse aux Meadows fuera un campamento base relativamente estable; un lugar para descansar, reabastecerse y prepararse para el siguiente invierno. En primavera y verano se podían llevar a cabo expediciones de exploración en busca de productos con los que comerciar, incluyendo alimentos exóticos como nueces blancas, y, sobre todo, madera para talar, un bien esencial en los inhóspitos entornos de Groenlandia e Islandia, desnudos de árboles. No parece que los nórdicos pretendieran convertirlo en un asentamiento permanente.

Pero L'Anse aux Meadows tiene otra cara: fue poblado de modo intermitente por los indígenas, que estaban allí antes de la llegada de los nórdicos y volvieron cuando éstos se marcharon. Las construcciones de los vikingos fueron pasto de las llamas, aunque no está claro quién pudo prenderles fuego. ¿Fue el último viajero nórdico antes de zarpar hacia Groenlandia o se trató de un acto radicalmente distinto, obra de los indígenas? Se cree que éstos eran antepasados de los beothuk (el pueblo que habitaba Terranova y se extinguió en el siglo XIX), pero no está confirmado.

Además de las sagas, la arqueología da testimonio de la relación con los indígenas. Un nórdico enterrado en Groenlandia tenía clavada en el cuerpo una punta de flecha de piedra tallada en Canadá, por lo que debió de vivir lo suficiente como para volver a casa. En otra tumba de Groenlandia se halló pelo de bisonte americano, una especie de las llanuras que no podía ser nativa de Terranova.

Éste no es el único indicio de comercio a gran distancia. El ejemplo más espectacular es una moneda acuñada por el rey Olaf Haraldsson de Noruega a finales del siglo XI y encontrada en un asentamiento de nativos americanos de Maine, habitado hasta más de un siglo después. La moneda estaba muy erosionada y fue perforada para emplearla como colgante. ¿Quién sabe por cuántas manos pasó para llegar hasta allí?

LA CRONOLOGÍA DE VINLAND

Las sagas que describen los viajes a América del Norte son vagas respecto a las fechas, pero se acepta que su acción se desarrolla alrededor del año 1000. La primera referencia confirmada a Vinland, que relaciona este nombre con las vides silvestres, se produce en la década de 1070, cuando el clérigo alemán Adán de Bremen la menciona de pasada en su historia eclesiástica. Curiosamente, describe Vinland como una isla «frecuentada por muchos» que conoce gracias a «los fiables relatos de los daneses». Así pues, se puede inferir que, en las décadas posteriores al primer desembarco nórdico en Vinland, era bien conocido que había una tierra en la otra orilla del océano, hacia el oeste.

Hasta hace relativamente poco, los restos arqueológicos de L'Anse aux Meadows ofrecían sólo una cronología general, con objetos típicos del final de la época vikinga y un rango de datación por radiocarbono que lo situaba entre los años 990 y 1050, aproximadamente. Sin embargo, en 2021, la revista Nature publicó un notable estudio de Margot Kuitems.

El empleo de un nuevo tipo de calibración de radiocarbono basado en picos de radiación solar permitía datar los objetos con precisión, y se descubrió que varias piezas de madera vinculadas a la ocupación nórdica se habían talado en un mismo año, el de 1021. Es decir, una década después de lo que se creía hasta entonces. Aunque esta datación no se desvía demasiado de las sagas, no deberíamos obcecarnos con el año concreto: se trata de un claro indicio de un período de mayor actividad, pero el asentamiento se pudo establecer antes y reocupar después.

Algo parecido han revelado los estudios medioambientales de Paul Ledger, cuyos análisis de una turbera próxima al yacimiento sugieren que la ocupación nórdica se pudo prolongar más de un siglo de manera intermitente. La ocupación indígena abarca un período más extenso, y es probable que L'Anse aux Meadows fuera el escenario de interacciones ocasionales entre ambos pueblos.

Esto concuerda con los Anales islandeses, donde se habla de barcos nórdicos que recogían madera en Markland hasta 1347, actividad que no parecen considerar demasiado relevante. Curiosamente, esa misma región, traducida como Marckalada, la ha identificado recientemente Paolo Chiesa en la Cronica Universalis, una obra milanesa de alrededor de 1340. Parece evidente que los rumores sobre la existencia de una tierra al oeste de Groenlandia habían llegado al mundo mediterráneo ciento cincuenta años antes del viaje de Colón.

Historia
2026-06-20T17:26:00

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias