ENERGÍA / TRANSICIÓN GLOBAL
LA ENERGÍA SOLAR SERÁ LA MAYOR FUENTE ELÉCTRICA DEL MUNDO A PRINCIPIOS DE LA PRÓXIMA DÉCADA
30.05.2026
LONDRES (Uypress) – La energía solar se encamina a convertirse en la mayor fuente de generación eléctrica del mundo a principios de la próxima década, según el nuevo informe New Energy Outlook 2026 de BloombergNEF.
El análisis proyecta que la solar fotovoltaica pasará a ser la principal fuente de electricidad global hacia 2032, impulsada por una combinación de caída sostenida de precios, sobreoferta de paneles, avances tecnológicos, expansión de baterías y aumento de la demanda eléctrica en casi todas las regiones del planeta.
El dato marca un cambio histórico. Durante más de un siglo, el sistema eléctrico mundial estuvo dominado por combustibles fósiles, especialmente carbón y gas. Ahora, la energía solar aparece como la tecnología con mayor capacidad de expansión, tanto por costos como por velocidad de instalación.
BloombergNEF señala que la demanda de electricidad crece prácticamente en todas partes. El aumento responde a varios factores simultáneos: crecimiento poblacional, mayores ingresos en economías emergentes, electrificación del transporte, expansión de bombas de calor, industrialización, centros de datos e inteligencia artificial.
Ese nuevo escenario convierte a la electricidad en el eje de la seguridad energética. Después de una década marcada por shocks sucesivos —la pandemia, la guerra en Ucrania y la guerra de Irán en Medio Oriente—, muchos países buscan reducir su dependencia de combustibles fósiles importados. Para BloombergNEF, esa presión puede acelerar la transición hacia tecnologías limpias y locales.
La energía solar aparece como la gran ganadora de ese proceso. El informe sostiene que, bajo su escenario de transición económica, la solar se convertirá primero en la mayor fuente eléctrica de carbono cero antes de fin de esta década y luego superará a todas las demás fuentes, incluidas las fósiles, hacia 2032.
El crecimiento reciente explica esa proyección. La capacidad solar instalada anualmente pasó de 75 gigavatios en 2016 a 655 gigavatios en 2025. En menos de una década, la instalación anual se multiplicó casi por nueve, apoyada en la caída de precios de módulos, mejoras de eficiencia y una industria global cada vez más grande.
La Agencia Internacional de Energía también confirma la tendencia. Según sus proyecciones, la generación solar fotovoltaica superará a la eólica y la nuclear en 2026, y a la hidroeléctrica en 2029. Para 2030, la solar aportaría más de 600 teravatios hora anuales adicionales, una parte decisiva del crecimiento de la oferta eléctrica global.
El fenómeno ya no se limita a Europa, China o Estados Unidos. La expansión solar avanza en Asia, Medio Oriente, América Latina y África, donde la tecnología combina tres ventajas difíciles de igualar: se instala rápido, requiere menos tiempo de construcción que grandes centrales convencionales y puede desplegarse tanto en parques de gran escala como en techos, industrias, sistemas rurales y redes aisladas.
Las baterías son el otro elemento clave. Durante años, la principal objeción contra la energía solar fue su intermitencia: produce cuando hay sol y deja de producir de noche. Pero el abaratamiento acelerado del almacenamiento cambia esa ecuación. BloombergNEF prevé un salto muy fuerte en baterías, lo que permitirá integrar más generación renovable, estabilizar redes y desplazar generación fósil de respaldo.
La transición no será automática ni pareja. El crecimiento solar exige redes eléctricas más robustas, más inversión en transmisión, sistemas de almacenamiento, digitalización, flexibilidad de demanda y nuevas reglas de mercado. Sin esas condiciones, el exceso de generación en determinadas horas puede producir restricciones, vertimientos de energía y cuellos de botella.
También existe una disputa industrial y geopolítica. China domina la mayor parte de la cadena global de paneles solares, desde polisilicio hasta módulos terminados. Esa concentración permitió abaratar costos, pero también generó tensiones comerciales con Estados Unidos y Europa, que buscan reconstruir parte de su capacidad industrial mediante subsidios, aranceles y políticas de seguridad económica.
Aun así, la dirección del mercado parece clara. La energía solar se volvió demasiado barata y demasiado rápida de instalar como para ser tratada únicamente como una alternativa ambiental. Cada vez más países la consideran una herramienta de competitividad, soberanía energética y protección frente a shocks externos.
El cambio también tiene consecuencias para los combustibles fósiles. Si la solar logra cubrir una parte creciente del aumento de demanda eléctrica, el carbón y el gas podrían perder peso relativo en la generación mundial. La Agencia Internacional de Energía proyecta que las fuentes de bajas emisiones —renovables y nuclear— llegarán al 50% de la generación global hacia 2030.
El proceso, sin embargo, no garantiza por sí solo el cumplimiento de las metas climáticas. La demanda eléctrica crece muy rápido y en algunas regiones el carbón seguirá teniendo un papel importante. India, el sudeste asiático y otros mercados emergentes aún enfrentarán una tensión entre expansión económica, seguridad de suministro y reducción de emisiones.
América Latina aparece en una posición interesante. La región cuenta con buenos recursos solares, experiencia renovable, matrices eléctricas relativamente limpias en varios países y oportunidades para electrificar transporte, industria y producción de hidrógeno. Pero también necesita inversión en redes, almacenamiento, regulación y financiamiento para aprovechar plenamente la nueva ola.
Uruguay conoce bien esa discusión. El país ya realizó una primera transición eléctrica basada en renovables, especialmente eólica, biomasa e hidráulica. La nueva etapa regional y global estará más asociada a solar, baterías, movilidad eléctrica, gestión de demanda y descarbonización de usos finales.
El informe de BloombergNEF confirma que la transición energética dejó de ser una promesa futura. La pregunta ya no es si la energía solar crecerá, sino a qué velocidad, con qué infraestructura y bajo qué reglas.
A comienzos de la próxima década, el mundo podría tener por primera vez una fuente principal de electricidad que no depende de combustibles quemados, minas de carbón ni gasoductos. Si la proyección se cumple, la solar no solo habrá cambiado la matriz eléctrica. Habrá cambiado la geopolítica de la energía.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias