Datos preocupantes
La contaminación atmosférica como enfermedad
07.10.2016
MADRID (Uypress) – Se estima que la contaminación atmosférica causa entre 5,5 y 6,5 millones de muerte por año, un número superior a las causadas por el virus del sida, la tuberculosis y los accidentes de tránsito juntos. La cantidad de víctimas mortales es similar a las que produce el tabaquismo.

(Fuente: Investigación y Ciencia)
Miles de millones de glóbulos rojos y blancos pasan a través de los pulmones cada minuto, los rojos intercambiando oxígeno y dióxido de carbono y entre los blancos, los macrófagos actuando como primera línea de defensa contra virus, bacterias y toxinas potencialmente dañinos. Los pulmones son pues un órgano vital con una actividad muy intensa.
El funcionamiento habitual de los pulmones hace que cualquier cosa que inhalamos ya sea, por ejemplo, humo de tabaco, vapores, medicinas administradas en forma de aerosoles y contaminantes atmosféricos tengan un efecto inmediato sobre los pulmones y a través de la circulación sanguínea, lleguen de forma efectiva al resto de los órganos de nuestro cuerpo, nos dice el doctor en Ciencias Químicas Gregorio Valencia, en una extensa nota publicada en la revista Investigación y Ciencia.
A pesar de la inmediatez y largo alcance que estos factores externos pueden tener sobre nuestro organismo por medio de la respiración, sabemos aún bastante poco sobre los mecanismos y efectos fisiológicos asociados a la exposición a los productos inhalados, ya sean estas substancias tóxicas o medicinales. En este sentido podemos decir que lo que aquí llamamos "enfermedad por contaminación atmosférica" está poco conocida y mal tipificada.
De hecho el problema no es trivial y uno de sus orígenes es la vasta diversidad de lo que llamamos "contaminación o polución atmosférica". Entre las causas naturales de contaminación atmosférica podemos citar a los volcanes y los incendios forestales, sin embargo, las actividades antropogénicas son las principales, dice Valencia.
De todas ellas, la combustión de combustibles fósiles tanto para la generación de energía como para el transporte es, con mucho, la más importante. Una de las posibles clasificaciones de los contaminantes atmosféricos distingue cuatro categorías: contaminantes gaseosos, contaminantes orgánicos persistentes, metales pesados y partículas.
Otro problema a la hora de definir lo que sería la "enfermedad por contaminación atmosférica" es que los contaminantes atmosféricos no solo entran en el cuerpo humano vía inhalación sino también ingestión. La contaminación atmosférica contribuye en gran medida a la contaminación de los alimentos y agua que ingerimos lo que hace que en muchos casos la ingestión sea la principal vía de entrada en el cuerpo humano de ciertos contaminantes.
Otra dificultad importante, se señala en la nota, se debe a la gran variedad de componentes en la contaminación atmosférica. A esta dificultad hay que añadir que la concentración de esos componentes es muy variable, como lo es el tiempo que las personas están expuestas a ellos, con lo cual es muy difícil de evaluar las dosis que se reciben de cada uno de estos componentes. A pesar de todas estas dificultades la exposición a contaminantes atmosféricos se ha podido y se está pudiendo asociar a determinados efectos sobre la salud humana. Estos efectos pueden ser leves como nauseas, dificultades para respirar e irritaciones de la piel hasta mucho más graves como enfermedades cardiovasculares y cáncer. Todo ello sin olvidar que pueden causar defectos de nacimiento y de desarrollo en los niños y a deprimir el sistema inmunitario dando pie a otras enfermedades. A la vez, dichos efectos pueden ser más o menos graves dependiendo de la edad y estado de salud de cada individuo.
Con un poco más de detalle y sin ánimo exhaustivo se enumeran a continuación algunos de los efectos bien establecidos sobre el organismo. Así, se sabe que cualquier tipo de contaminación atmosférica a altas concentraciones afecta las vías respiratorias. Estos efectos también se observan a bajas concentraciones pero con largos tiempos de exposición. Síntomas como irritación de nariz y garganta que pueden pasar a ser de broncoconstricción y falta de aire se producen por exposición a dióxido de azufre, óxidos de nitrógeno y algunos metales pesados. Las partículas y el ozono que penetran en los alvéolos son iniciadores de procesos de inflamación. También, los óxidos de nitrógeno aumentan la susceptibilidad a infecciones y la exposición crónica a ozono y a ciertos metales reduce la función pulmonar.
Sobre los efectos de la contaminación atmosférica sobre el sistema cardiovascular, es bien conocido que el monóxido de carbono se une con gran afinidad a la hemoglobina reduciendo su capacidad de transportar oxígeno lo que puede influir en el buen funcionamiento de órganos con gran consumo de oxígeno como el cerebro y el corazón. Otro de los efectos conocidos de la materia particulada es que afecta la coagulación sanguínea. Estos efectos pueden llegar a ser críticos en el caso extremo de que se formen trombos que obstruyan los vasos sanguíneos y den lugar a angina o infarto de miocardio. Los metales pesados pueden dar lugar a taquicardia, anemia y aumento de la presión arterial. Por lo que respecta al aumento de la presión arterial está bien establecido que los humos diluidos de los motores diésel son uno de los agentes más potentes que ejercen dicha acción. Muy recientemente, se ha encontrado una estrecha relación entre la progresión de la calcificación arterial coronaria con la exposición a contaminantes, especialmente los óxidos de nitrógeno y las PM2,5.
El sistema nervioso se ve afectado por la exposición a metales pesados y dioxinas. La neurotoxicidad del arsénico, plomo y mercurio puede dar lugar a neuropatías con síntomas como problemas de memoria y sueño, ansiedad, fatiga, temblores y visión borrosa, entre otros. También está bien establecido que las dioxinas afectan el desarrollo mental de los niños.
La acción de los metales pesados sobre el sistema urinario conduce a daños en los riñones que dificultan su capacidad de retener proteínas pequeñas. Asimismo, incrementan el riesgo de formación de cálculos renales y de cáncer. Sobre el efecto de los contaminantes sobre el sistema digestivo se puede decir que las dioxinas inducen daño hepático que incrementa la concentración de ciertas enzimas en sangre y propician los cánceres de hígado y gastrointestinales.
Es también importante remarcar que la exposición a contaminantes atmosféricos durante el embarazo puede tener efectos negativos para el desarrollo fetal. Esto es así porque algunos contaminantes son capaces de atravesar la barrera placentaria y afectar al feto.
Dice el autor que el otro gran culpable de la contaminación atmosférica son las centrales de producción de energía. Se sorprende al constatar que en la Unión Europea aún operan 280 centrales térmicas alimentadas con carbón. En EE.UU. este número es de 287 y existen planes para 184 nuevas instalaciones. Un número parecido (210) es el de centrales que China autorizó para su construcción solo durante 2015. Y afirma que asusta más saber que hay planes para construir 2.400 centrales de este tipo en todo el mundo pero aún más si se entra en recursos de internet como el "coal plant tracker" y se analiza la situación en tiempo real.
El impacto sobre la salud de estas instalaciones no es exclusivamente a nivel local, regional o nacional pues la contaminación atmosférica no conoce fronteras.
Por otra parte la OMS en un informe, presentado el martes 27 de setiembre de este año, nos recuerda que el 92% de la población mundial vive en lugares donde los límites de contaminación exceden los fijados por esta organización y estima que son 6.5 millones de muertes mundiales por año las causadas por esta contaminación.
La idea transfronteriza de los efectos de esta contaminación la da la cifra de que las muertes prematuras en Francia se estiman en 1200 a pesar de que Francia obtiene la mayor parte de su energía de centrales nucleares. Esta carencia de centrales de carbón en Francia no quita de que reciba el impacto de las centrales situadas en las vecinas, República Checa, Alemania, Polonia, España y Reino Unido. Tal como se ve en el gráfico adjunto, tomado del citado documento, Alemania y Polonia son los principales exportadores de humo y contaminación que es cuantificable en número de individuos afectados.

(Fuente: Investigación y Ciencia)
En otras partes del mundo la contaminación atmosférica también tiene efectos devastadores que están siendo cuantificados. Es el caso de los incendios provocados por los agricultores en Indonesia con motivo del cultivo de aceite de palma y madera para la obtención de papel. Estos incendios transcurren a temperaturas bajas pues tienen lugar cerca de la costa en zonas ricas en turba con lo que se ocasionan grandes humaredas que duran semanas e incluso meses. Estos humos afectan a ciudades densamente pobladas como Palembang en Sumatra, Singapore y Kuala Lumpur. Los efectos mortales de los grandes incendios acaecidos en 2015 se estima que se saldaron con unas 100.000 muertes según un estudio muy reciente publicado por investigadores de la Universidad de Harvard. No hay indicios de que estas prácticas agrarias vayan a modificarse y por tanto el riesgo de futuros incendios persiste.
El autor del trabajo citado, Gregorio Valencia, es Doctor en ciencias químicas e investigador científico del CSIC en el grupo de Química de Glicoconjugados del Instituto de Química Avanzada de Cataluña (CSIC). Trabaja en química médica en el área de descubrimiento de fármacos para el dolor y enfermedades amiloides.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias