La mentira de Trump sobre el Covid 19. Esteban Valenti

05.08.2026

MONTEVIDEO (Uypress/Esteban Valenti) - La Casa Blanca con esta impactante imagen y nada menos con el titulo de "El verdadero origen del COVID 19", editó hace pocos días un documento que se está distribuyendo por el mundo, donde reitera la teoría de la conspiración y de la responsabilidad de China. https://www.whitehouse.gov/lab-leak-true-origins-of-covid-19/

No hemos visto respuestas adecuadas y frontales. El tema del Covid 19 me golpea personalmente y familiarmente, mi hijo Pablo, falleció en Buenos Aires el 13 de julio del 2021.

Con mi esposa (Maestra y Bioquímica) hemos seguido todo el proceso. Varios miembros de la familia, en especial la hermana de mi hijo, le han dedicado horas a estudiar todas las circunstancias del COVID 19.

Yo había decidido escribir un libro con todos los aportes referidos al caso particular de la muerte de Pablo, pero más en general a las muchas interrogantes que dejó el Convid 19 en la población mundial hasta nuestros días. Estoy escribiendo el libro y espero terminarlo este mes de agosto del 2026. Se llamará "Una maestra contra el Covid".

El objetivo es a través de un caso particular, pero al estudio de las diversas circunstancias de otras naciones y del fenómeno de la pandemia a nivel global encontrar respuestas que son obligatorias. No es un ejercicio literario, es un trabajo periodístico con el aporte fundamental de una Bioquímica recibida pero retirada de esta actividad: Selva Andreoli.

La pandemia del COVID 19 fue después de la Gripe Española que se produjo a finales de la Primera Guerra Mundial, con algunas estimaciones que fijaron el número de muertos en aproximadamente 100 millones de personas y que el foco de contagio partió de los Estados Unidos, la más grave plaga sufrida por la humanidad 110 años después. Obviamente con otras condiciones científicas y médicas.

La  Gripe Española: Duró entre 1918 y 1920 (generalmente se considera que tuvo tres grandes Olas entre la primavera de 1918 y el invierno de 1920).

El COVID-19 según la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la emergencia de salud pública de importancia internacional en enero de 2020 y dio por finalizada dicha emergencia en mayo de 2023, abarcando formalmente el periodo crítico de 2020 a 2023.

En cuantos a las víctimas a nivel mundial el porcentaje de contagiados sobre la población mundial fue del 8.9% (Aproximadamente 704.7 millones de casos frente a una población global de unos 8,000 millones).

El porcentaje de muertos sobre la población mundial fue de 0.09% (Aproximadamente 7.01 millones de fallecimientos.

En el plano de la comparación y la polémica hay obligatoriamente partir de las cifras, de los datos comprobados.

En Estados Unidos el porcentaje de contagiados en relación a su población: 33.8% (Aproximadamente 111.8 millones de casos frente a una población de unos 330 millones) y el porcentaje de muertos en relación a la población fue de 0.37% (Aproximadamente 1.22 millones de fallecimientos). Muy superior al promedio mundial, bajo el primer gobierno de Donald Trump, que en esta nueva embestida trata de justificar sus terribles errores y los altos costos que tuvo para la población norteamericana continuada con el gobierno de Joe Biden.

Es difícil concebir que en cualquier otro país reelijan un gobierno para su segundo mandato luego de este fracaso y del intento de asalto al Congreso.

Ahora si comparamos con China, a la que Trump desde hace años trata de acusar de ser los causantes de la pandemia, la comparación es mucho más aplastante a favor de China: el porcentaje de contagiados en relación a su población: 0.035% (Con base en las cifras oficiales reportadas de aproximadamente 503,300 casos frente a una población de más de 1,400 millones son 5.272 muertes lo que equivale a 4 muertes por cada millón de habitantes.

Estados Unidos tuvo 921 veces más muertos que China durante la pandemia de COVID 19.

La enorme disparidad entre los datos oficiales de China y los de Estados Unidos responde a las políticas de estricto control, el confinamiento de la población que aplicó Pekín, frente a la gestión errática, la polarización política y la descentralización de la administración de Donald Trump.

¿Qué hizo China?

Una Política de "Cero COVID" con confinamientos muy firmes. El gobierno chino implementó aislamientos totales masivos (ciudades enteras cerradas por semanas ante unos pocos casos), rastreo tecnológico invasivo y cuarentenas centralizadas obligatorias. Esto frenó la propagación masiva del virus durante los primeros años, manteniendo los contagiosa niveles muy bajos. Y la construcción en tiempos récord de estructuras hospitalarias.

¿Qué hizo (y qué no hizo) Estados Unidos bajo la administración de Trump y de Biden?

Minimización inicial del riesgo: Durante los primeros meses cruciales (enero y febrero de 2020), el presidente Donald Trump restó importancia pública a la amenaza del virus, comparándolo repetidamente con una gripe común y asegurando que "desaparecería milagrosamente", lo que retrasó la adopción temprana de medidas de contención unificadas.

Mensajes contradictorios y politización: La Casa Blanca entró frecuentemente en conflicto directo con sus propias agencias científicas y sanitarias (como los CDC o el principal epidemiólogo, Anthony Fauci). El uso de mascarillas, las recomendaciones de distanciamiento social y las restricciones de movilidad se convirtieron en un debate político partidista en lugar de una directriz técnica de salud pública.

Resistencia a mandatos federales: La administración Trump priorizó la autonomía de los estados y la reactivación económica por encima de las restricciones federales obligatorias. Esto generó un mosaico de respuestas caóticas donde estados con gobernadores escépticos de las restricciones eliminaron los controles de manera anticipada, facilitando una alta propagación comunitaria.

Como la campaña que EE.UU. desató ferozmente en el mundo sobre el manejo de los datos de contagiados y muertos en China no dio ningún resultado, porque las diferencias son tan abrumadoras que esa campaña fracasó mundialmente.

Las acusaciones de Donald Trump sobre el origen chino del Covid 19.

Desde los primeros meses de 2020, la administración de Donald Trump y su secretario de Estado, Mike Pompeo, impulsaron fuertemente la hipótesis de que el SARS-CoV-2 se originó debido a una fuga accidental o un incidente en un laboratorio de Wuhan (específicamente en el Instituto de Virología de Wuhan), descartando o restando peso a la teoría del salto zoonótico natural (animal a humano) en un mercado húmedo.

La Casa Blanca aseguró repetidamente que existían indicios de que el virus había escapado de instalaciones científicas chinas que investigaban coronavirus en murciélagos. Asimismo, acusaron al gobierno de Pekín y a la Organización Mundial de la Salud (OMS) de confabularse para ocultar información crucial, destruir pruebas y engañar a la comunidad internacional al inicio de la crisis sanitaria.

En contraparte, en 2020 las agencias de inteligencia de EE. UU. (bajo el paraguas de la Oficina del Director de Inteligencia Nacional) indicaron que el virus no era artificial ni había sido modificado genéticamente, manteniendo abierta la investigación sobre si procedía de un contacto animal o de un accidente de laboratorio, postura que ha variado con los años entre distintas agencias estadounidenses.

La Organización Mundial de la Salud intentó esclarecer el origen del virus mediante comisiones científicas internacionales.

La Misión Conjunta en Wuhan (Enero - Febrero de 2021): Un equipo internacional de expertos independientes (junto con científicos chinos) viajó a Wuhan para evaluar las hipótesis sobre el terreno.

Resultados del informe (marzo de 2021): El informe concluyó que la transmisión del virus desde los murciélagos a los humanos a través de un animal intermediario era "probable o muy probable", mientras que calificó la hipótesis de escape de laboratorio como "extremadamente improbable".

La actual narrativa del Congreso estadounidense simplifica y politiza la complejidad real de la pandemia.

El informe del Subcomité Selecto (dominado ampliamente por los Repúblicanos) presenta un relato que cojea de un defecto fundamental: examina una crisis sanitaria global de emergencia absoluta a través de la lente estrecha del litigio partidario, la burocracia estadounidense y el afán de buscar culpables.

Para contradecir con rigor este informe, no se trata de blanquear los errores del Estado, sino de contrastar su relato con la evidencia científica global, el contexto histórico de la crisis y la realidad de cómo funciona la ciencia en tiempo real. Aquí está el desglose de por qué las conclusiones del Congreso resultan tendenciosas e incompletas

El falso mito de la "conspiración deliberada" sobre el origen: lo que afirma el informe: Que el artículo Proximal Origin y la defensa del origen natural fueron una maniobra orquestada por el Dr. Fauci para encubrir una fuga de laboratorio y protegerse a sí mismos y a la financiación de investigaciones chinas.

Por qué se contradice con la realidad científica: En enero y febrero de 2020, cuando se redactó ese artículo, la comunidad de virólogos internacionales se enfrentaba a un patógeno completamente nuevo que amenazaba con colapsar los hospitales del planeta. Las primeras discusiones científicas (reflejadas en correos que luego se hicieron públicos de manera sesgada) fueron exactamente lo que debe ser la ciencia: un debate abierto y dinámico entre expertos analizando secuencias genéticas imperfectas.

Los científicos evaluaron la hipótesis de laboratorio desde el primer día, pero concluyeron legítimamente que las características de la proteína spike del virus encuadraban perfectamente en los patrones evolutivos de los coronavirus zoonóticos conocidos (como el SARS-1 o el MERS). Convertir un debate científico inicial e incertidumbre legítima en una "conspiración criminal" ignora cómo evoluciona el conocimiento científico ante lo desconocido.

El sesgo sobre la investigación:  lo que afirma el informe del sub comité del Senado es que la investigación financiada a través de EcoHealth Alliance en Wuhan causó directamente la pandemia y que los mecanismos de supervisión son un fracaso absoluto. De esta manera el Congreso asume un salto lógico no demostrado: confunde el riesgo inherente de ciertos estudios con la prueba concluyente de que el SARS-CoV-2 provino específicamente de un experimento en curso allí en esa ciudad China.

Al no haber pruebas físicas concluyentes, culpar de forma absoluta a una línea de financiación estadounidense busca un chivo expiatorio político interno antes que una respuesta técnica verificable.

Lo que afirma el informe del Congreso de que las mascarillas no servían, que el distanciamiento de 2 metros "apareció de la nada" y que las medidas fueron un capricho autoritario sin base científica, no tiene ninguna base científica, es una resolución netamente política.

Esta crítica del subcomité norteamericano, ignora el principio de precaución bajo el cual operaban los gobiernos de todo el mundo en la primavera de 2020.

Lo que afirma el informe: Que la administración Biden que asumió en enero del 2020 posterior al gobierno (de Donald Trump que gobernó del 2017 al 2019). La administración demócrata es acusada de haber coaccionado de manera total a las redes sociales para silenciar toda disidencia legítima sobre la COVID-19.

Los matices omitidos: El fenómeno de la moderación de contenidos durante la pandemia ocurrió en un territorio completamente inexplorado donde circulaban teorías de conspiración peligrosas (como la ingesta de desinfectantes o la negación absoluta de la existencia del virus colapsando unidades de cuidados intensivos).

Si bien en los EE.UU. las presiones gubernamentales sobre las plataformas tecnológicas rozaron los límites constitucionales de la libertad de expresión -y cometieron el grave error de silenciar en ocasiones a científicos con posturas discrepantes pero respetables-, el informe del Congreso presenta a las redes sociales como víctimas puras de una autocracia, cuando las propias tecnológicas tenían políticas internas de moderación corporativa frente a la desinformación masiva que ponía en riesgo la salud pública en plena crisis.

El informe de la Cámara de Representantes funciona como un documento de ajuste de cuentas político. Toma debilidades reales y documentadas -como la opacidad burocrática, la mala gestión de la comunicación oficial, los errores en la supervisión de fondos internacionales y la pesada carga de los confinamientos- y las deforma dentro de un molde ideológico para culpar a enemigos políticos específicos.

La historia real de la pandemia no es la de un complot malvado y centralizado para subyugar a la población, sino la de un sistema global de salud pública desgastado, desbordado por el miedo, la descoordinación internacional y la incapacidad de gestionar la incertidumbre científica sin caer en el autoritarismo o la polarización partidaria.

Ni es la de un ataque o una negligencia de un laboratorio de investigación, ni de la ya aplacada mentira de que provenía de un mercado de animales.

Las investigaciones sobre el origen y todo el proceso del COVID 19 sigue abiertas en los principales centros de investigación del mundo, pero no será por cierto con estos informes como el del subcomité del Senado de los Estados Unidos, con un nivel científico de zócalo y con demasiado evidentes intereses partidarios que avanzaremos. Todos los países deberán prestar la mayor colaboración y aplicar un principio fundamental para la ciencia, el espíritu critico y riguroso.

Salud
2026-08-05T16:22:00

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias