Oscar: un triunfo tras otro
18.03.2026
MONTEVIDEO (Uypress/EV) - Despuntando el vicio de hacer crítica cinematográfica, me refiero a las seis estatuillas que ganó la película norteamericana "Una batalla tras otra" dirigida por Paul Thomas Anderson.
La película fue la triunfadora de la noche con 6 estatuillas, incluyendo Mejor Película, Mejor Director y Mejor Guion Adaptado.
"Una batalla tras otra" no es la típica ganadora del Oscar que intenta complacer a todo el mundo; es una obra densa, visualmente asfixiante y técnicamente perfecta que consagra a Paul Thomas Anderson como el cineasta vivo más importante de su generación.
Es el triunfo de la "Antiepopeya", a diferencia de las grandes producciones de guerra o conflicto, esta película es un estudio psicológico microscópico. No se trata de la gloria, sino del desgaste. Anderson utiliza planos secuencia larguísimos que no buscan el lucimiento técnico sino que buscan que el espectador sienta el paso del tiempo y la erosión mental de los personajes. Ganó el Oscar a Mejor Director precisamente por esa capacidad de hacernos sentir incómodos pero cautivados.
El actor principal de la película es Leonardo DiCaprio que interpreta al personaje de Bob Ferguson (o "Ghetto" Pat Calhoun) en este largometraje que fue uno de los grandes triunfadores de los Premios Óscar 2026, destacando también en el elenco Sean Penn, quien ganó el Óscar a mejor actor de reparto.
En "Una batalla tras otra", el duelo actoral entre Sean Penn y Leonardo DiCaprio es, para muchos, el corazón de la película, incluso por encima de la trama bélica o política.
Sean Penn (Actor de Reparto), interpreta al Coronel Miller, un hombre que es puro nervio y autoridad en decadencia, su actuación se basa en la volatilidad. Pasa de una calma gélida a una explosión de ira en segundos, sin previo aviso.
Logra que el espectador le tenga miedo, no por lo que hace, sino por lo que podría hacer. Es un personaje que "llena" la habitación apenas entra, y Penn utiliza su voz (mucho más rasposa y baja de lo habitual) para marcar territorio. Es el contrapunto perfecto a la introspección de DiCaprio.
Leonardo DiCaprio encarna al Capitán Julian, un estratega que está perdiendo la fe en la misión que tienen asignada. Aquí volvemos a la "Mirada del Testigo". Gran parte de su actuación ocurre mientras observa a los demás (especialmente a Penn).
DiCaprio se aleja de los papeles heroicos o glamorosos. Se lo ve físicamente agotado, con una mirada que transmite una desilusión profunda. Su actuación es "hacia adentro"; lo interesante es ver cómo intenta mantener la compostura mientras su mundo se cae a pedazos. El Oscar que se llevó fue muy disputado justamente porque DiCaprio hizo aquí uno de los trabajos más contenidos y elegantes de su carrera.
La mejor escena de la película es cuando ambos se enfrentan en la oficina del búnker. Es un choque de estilos: la expansividad agresiva de Penn contra la resistencia silenciosa de DiCaprio. Esa química es lo que elevó a la película a ser la gran ganadora de la noche, más allá de quién se llevó la estatuilla individual.
El director ganador del Oscar este año, es el aclamado Paul Thomas Anderson (frecuentemente llamado PTA). Este año finalmente rompió su "racha" de nominaciones sin premio, llevándose las estatuillas a Mejor Película, Mejor Director y Mejor Guion Adaptado.
Paul Thomas Anderson es de los pocos directores que escribe todos sus guiones. Por eso sus películas se sienten tan personales y coherentes entre sí, aunque pasen del petróleo a la moda (El hilo invisible) o a la guerra.
Su filmografía es considerada una de las más sólidas del cine contemporáneo. Sus películas anteriores más destacadas son: Pozos de ambición del 2007, para muchos su obra maestra absoluta. Un retrato oscuro y épico sobre el petróleo, la religión y la codicia en el nacimiento de la industria estadounidense. Magnolia de 1999; Boogie Nights de 1997, la película que lo lanzó al estrellato, centrada en la industria del cine para adultos en la década de los 70; El hilo invisible de 2017); The Master de 2012 y Licorice Pizza del 2021.
La película es profundamente antifascista, pero no desde el panfleto político, sino desde la deshumanización que produce el sistema autoritario en sus propios soldados, se ambienta en la Segunda Guerra Mundial, específicamente en el tramo final del conflicto, entre finales de 1944 y principios de 1945.
Se centra en las tropas aliadas, específicamente en una unidad del Ejército de los Estados Unidos durante la Campaña de las Ardenas y el posterior avance hacia el interior de la Alemania Nazi.
A diferencia de otras películas donde los soldados están convencidos de la victoria, aquí los personajes de DiCaprio y Sean Penn representan a tropas agotadas que ven cómo el fascismo, incluso cuando está derrotado militarmente, intenta "pudrir" la moral de quienes lo combaten desde adentro.
Paul Thomas Anderson plantea el antifascismo de una manera muy interesante (el "concepto" que la hizo ganar el Oscar. La película muestra cómo el fascismo alemán no solo era una fuerza militar, sino una "enfermedad" ideológica. El Capitán Julian (DiCaprio) lucha por no convertirse en lo que está combatiendo: un líder autoritario que desprecia la vida de sus hombres.
Muestra el patetismo de los mandos nazis capturados, despojándolos de esa aura de "maldad cinematográfica" y mostrándolos como burócratas mediocres que causaron una tragedia mundial. El mensaje es que la verdadera batalla no es la que se gana con tanques, sino la que se libra para mantener libre a la humanidad y la democracia de un entorno que te empuja a la barbarie.
Para lograr ese tono "antifascista" real, Anderson consultó diarios de soldados reales de la época que describían el horror de ver los campos de concentración por primera vez, algo que en la película se maneja con un silencio absoluto y devastador, otra vez la "economía del gesto".
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias