CONTRATAPA

Rafael Sánchez Ferlosio, el último lobo estepario

11.10.2021

MONTEVIDEO (Uypress) – Casi un desconocido en estas márgenes del Plata y la mayoría de sus libros resultan inhallables en las librerías, el pensamiento de este escritor español vale ser conocido. Sobre Rafael Sánchez Ferlosio nos cuenta Pablo Silva Olazábal.

 

Si bien su novela "El Jarama" figura en la lista de textos liceales que Secundaria prescribe para la asignatura de Literatura, Rafael Sánchez Ferlosio (1927-2019), uno de los pensadores más influyentes y singulares de la España contemporánea, es un perfecto desconocido en nuestro país.

Su obra posterior a esa novela abarca seis décadas y más de una docena de libros, poco difundidos por estos lares, lo que explica en parte que su prestigio ibérico no sea compartido en el Río de la Plata.

Las razones de este desencuentro tal vez radiquen en el carácter inclasificable de su obra y la densidad de su prosa; pero es más factible que se deba, en tiempos de globalización y pensamiento único, a una actitud beligerante hacia todo lo que se da por supuesto. Para empezar, este cuestionamiento se resume en su estilo, un tanto arcaizante, que tensa al máximo las posibilidades de la lengua castellana y que contraría la velocidad y la economía en las palabras. Sánchez Ferlosio se declara contrario a las frases breves: afirma incluso que el potencial de nuestro idioma reside en su capacidad de admitir oraciones subordinadas, algo que crea dificultades de respiración en lectores no latinos y que lleva al borde de la cianosis a germánicos y anglosajones.

Su ideal expresivo es "la frase antiazoriniana y bien articulada" y compara -y desprecia- las oraciones breves como veleros rápidos que, zigzagueantes, no pueden alejarse demasiado de la costa, el lugar común. En una de sus entrevistas, confiesa que "me gusta la frase como un galeón con toda clase de aparejos y que navegue a velas desplegadas, para que así dé un contenido con todas sus circunstancias completas". De acuerdo a esta imagen, la oración larga sería un formidable navío pertrechado para adentrarse en la mare incognita y decir cosas nuevas o con un matiz distinto o afinado. Más allá de discrepancias con este credo formal, parece razonable que un pensamiento complejo, rico y contradictorio como el suyo -regido por el lema de "lo sospechoso de las soluciones es que se las encuentra siempre que se quiere"- necesite de un vehículo expresivo apropiado.

Con todo, no resulta fácil explicar el pensamiento de este acérrimo enemigo de las reflexiones cómodas.

 

Un fugitivo silencioso

Nacido en Roma en 1927, de padre español y madre italiana, se considera, al decir de su pluma, un escritor cuyo "máximo título académico es el de bachiller (...) que no se tiene a sí mismo por profesional de nada".

A su primera novela, "Industrias y andanzas de Alfanhuí" (1951) siguió la publicación, en 1955, de "El Jarama", con la que ganó el prestigioso Premio Nadal y adquirió una repentina notoriedad, apoyada en parte por motivos extraliterarios, originados dentro del oscuro contexto franquista de esos años. La élite intelectual lo tomó como una marca de resistencia cultural contra el asfixiante clima de la dictadura.

La reacción de Ferlosio -como gustan llamarlo sus seguidores- fue la contraria a la de un joven escritor de éxito: huyó de la escena pública y durante quince años se refugió en el más absoluto silencio literario. Si se exceptúa la publicación de un ensayo lingüístico en 1973, demoró tres décadas en retomar, gracias a sus artículos de opinión en el diario El País de Madrid, el contacto con el gran público.

La magnitud de esta reacción desborda cualquier explicación sencilla, pero está fuera de duda que su origen estuvo en la rápida celebridad que experimentó con "El Jarama".

En la década de los '50, esta obra fue celebrada como "la novela del antifranquismo" y su autor como un maestro del "realismo social". Pese a que su padre, el falangista Rafael Sánchez Mazas, fue ministro sin cartera en el primer gobierno de Franco, Sánchez Ferlosio siempre fue opositor al régimen y un demócrata convencido. Pero sus simpatías progresistas no obstaron para que su espíritu levantisco e individualista se aterrorizara ante la posibilidad de pertenecer a una capilla intelectual, aunque fuera la democrática, y ser identificado con una bandera ideológica.

A todo esto, se puede acotar que su padre Sánchez Mazas, escritor de éxito en la década del '30 -autor de "Las aventuras de Santi Andía"- fue un autor "comprometido" con la causa fascista española (fue amigo personal de José Antonio Primo de Rivera, además de autor de la letra del himno falangista "Cara al sol" y creador del símbolo del Movimiento, el yugo y las flechas), resurgió del olvido gracias a la exitosísima novela "Los soldados de Salamina" (2001), de Javier Cercas, que tiene precisamente en su peripecia vital ­-cómo se salvó de un fusilamiento masivo de los soldados republicanos- el centro de su narrativa, que mezcla ficción y ensayo para ilustrar las razones y el ambiente que llevaron a una generación brillante de escritores a - por miedo al avance "comunista"- unirse bajo la meta común de que era necesario "incendiar España" y "ahogarla en un baño de sangre". El propio Sánchez Ferlosio es un personaje en la novela de Cercas; en la adaptación cinematográfica, dirigida por David Trueba en 2002, su papel fue interpretado por su hermano Chicho Sánchez Ferlosio, cantautor anarquista, creador de, entre otras, una canción famosa que versionaron aquí Los Olimareños: "Gallo rojo, gallo negro"... CONTINUAR LEYENDO

 

Imagen: escritores.org

 


Cultura
2021-10-11T13:48:00

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