Cine

Sacrificio de sangre: una agresión al público y a la policía sueca. Innoble.

26.08.2026

MONTEVIDEO (UYPRESS- Esteban Valenti) Vi la serie sueca de 5 episodios del estilo del Nordic Noir del creador y guionista George Kay (reconocido por su trabajo en Lupin e Hijack) y la dirección de Kristoffer Nyholm (The Killing, Taboo).

Hace mucho tiempo que no veía un bodrio tan agresivo hacia el público con dos dedos de frente y hacia la propia policía sueca, que desde la mitad de la película, con huecos imperdonables desde la mitad del film hasta terminar en un bochorno poco creíble y digno del peor cine policial. El de los más básicos errores en la construcción de la trama.

Crítica de cine, aún para los más novatos. Una sola cosa, que se dirá la verdad sobre qué vimos y qué no vimos en la película.

Ni las buenas actuaciones en general ni esa capacidad que tiene el cine nórdico negro de darle naturalidad a las escenas criminales y policiales e integrarlas a nuestras experiencias cotidianas, con gran naturalidad, aunque todo sea tan diferente, con las obvias diferencias entre Suecia y Uruguay.

¿Qué tiene? Una historia construida con truculencia, con escenas muy fuertes, de cabezas cortadas y colgadas de árboles, por una venganza de un policía a otros integrantes de la fuerza, que no guardan la menor proporción entre la afrenta sufrida por el policía y la venganza ejecutada cortando cuellos. No resiste la menor tensión, el menor sentido de las proporciones, ni el más loco de los locos sería capaz de ese delirio.

Tiene un desarrollo de la investigación digno de una comisaría de barrio en un país del cuarto mundo. Solo tecnología y ni un gramo de cerebro. Solo un viejo expulsado por alcohólico se salva. Un poco.

Le falta lo elemental en cualquier investigación policial, cuál es el motivo de esos crímenes, la investigación y el fácil descubrimiento de las razones por las que el policía retirado mata de esa manera, con ese ritual. Llega a la estupidez y quiere estupidizarnos a todos.

La razón de los feroces asesinatos es simple y muy fácil de encontrar, con un archivo medianamente organizado, ni qué hablar con una computadora, que además sucedió hace nada más que dos años, es decir, nada que ver con la misma trama si las cosas hubieran sucedido 10 años previos.

Matan a un policía en una casa de apartamentos y eso "enloquece" a su compañero -el asesino- que, dos años después de masticar la venganza, la emprende con policías que no tenían nada que ver con ese episodio. El que sí tenía que ver, el jefe de policía del archipiélago cercano a Estocolmo, no le toca, ni le roza la venganza. Él es el responsable de todo, ni recuerda la barbaridad que hizo, pero hasta el final de la película es el policía exigente y profundamente negligente.

La pregunta elemental ni siquiera la rozan, si no, no se hubieran producido los crímenes de varios policías decapitados a la 01:15 de los viernes. Cuál es la causa que mueve al asesino.

Mucho entrevero de cuadros con imágenes de decapitaciones, un asesino que se permite enviarle tarjetas postales ilustradas con imágenes de "Sacrificios de sangre", obligar al viejo y experiente policía retirado de la fuerza, el único que avanza. En una constante que tienen los nórdicos de que los viejos policías medio pirados son los únicos que sirven.

El final es de antología, la cumbre del insulto a nosotros y a los buenos policías que seguramente tendrá Suecia y espero que se hayan percatado de las burradas como lo hace este modesto policía frustrado. Invito a los policías uruguayos que vayan a verla para reírse un rato. En nuestro país, un agente con esas incapacidades sería sumariado y despedido.

Eso sí, el uso del arma reglamentaria es un pecado triple mortal, menos para los criminales, que utilizan cuchillos por doquier y potentes fusiles con mira telescópica.

Al viejo policía retirado, que va al museo, lo intercepta el asesino, que él sabe en ese momento que es el asesino, y sin ninguna violencia, en medio de apretones de manos, es subido a una camioneta sin ninguna amenaza de arma.

El experimentado policía que se enfrentó a trompadas -y perdió- con su hijo, el jefe de los detectives del caso (un zapallo policial importante), no se resiste en ningún momento, ni en el estacionamiento del museo, ni en el motel, ni cuando lo obligan a llamar al hijo para matarlo. Y él sabía perfectamente que para eso lo estaba llamando.

El asesino hiere al viejo policía, paralítico de toda reacción defensiva o de intento de confrontar con su captor, que, herido, lo ata a una baranda. El asesino sube al mismo piso donde dos años antes mataron a la 01:15 horas a su compañero, del que cualquiera que conozca de técnicas operativas en allanamientos sabe que tiene una gran responsabilidad en su asesinato y en que el asesino se escape, y desde esa posición ata con unas esposas al viejo policía retirado y herido a la espera de que vengan otros policías para asesinarlos.

No se impacienten, ya terminó. No se trata de filosofía, sino de la más elemental viveza para salvar al padre. El hijo ¿va a buscar al padre agredido y en ningún momento se le ocurre llamar a los escuadrones especiales y superiores de la policía sueca?, que no se anda con chiquitas. Va de cuento gentil.

El asesino efectúa un disparo con tan mala puntería que no le cuesta en absoluto a su blanco, el jefe de los detectives. Aquí, un detalle automotor clave. El socorrista filial tiene una bruta camioneta que estaciona a no más de cuatro metros de su padre encadenado. Lo único que tenía que hacer era subirse a la camioneta, moverla en movimiento por esos cuatro metros y cubrir perfectamente el ángulo de tiro y proteger a su padre. Un esfuerzo operativo y mental demasiado potente para un jefe de detectives, mejor dicho, para el guionista y el director. Renombrados.

La película sigue con su propio ritmo nórdico y finalmente el asesino, no se sabe por qué, baja el arma frente al desarmado detective, que, al intentar quitarle el fusil, se precipitan desde un segundo piso.

El padre, con una puñalada y dos tiros de fusil de caza de alce (no menos de un 7,62 mm o un .440), es una hazaña imposible, y el detective se salva olímpicamente; y el asesino, que se cayó del mismo piso, los espectadores, tratados ya en la cumbre de la estupidez, no saben si el asesino se cayó y se murió sin razón alguna (porque el detective sale tan campante del sanatorio) o si se murió y no sabemos con cuál fundamento, si se cayó del mismo piso abrazados.

Un film de cuarta, con unos actores muy buenos, y que solo recomendamos ver a los que quieran reírse de la superioridad decadente con la que nos trata el cine sueco.

Cultura
2026-08-26T10:32:00

Esteban Valenti.

Trabajador del vidrio, cooperativista, militante político, periodista, escritor, director de Bitácora (www.suplementobitacora.net) y Uypress (www.uypress.net), columnista en el portal de información Meer (www.meer.com/es)