EDUCACIÓN / PANTALLAS Y APRENDIZAJES
Suecia vuelve al papel y reabre el debate sobre pantallas en la educación
04.06.2026
MONTEVIDEO (Uypress) – Suecia, uno de los países más digitalizados del mundo, comenzó a revisar el lugar de las pantallas en sus aulas y a recuperar libros de texto, cuadernos, escritura manual y lectura en papel como parte de una política educativa orientada a mejorar la concentración y los aprendizajes básicos.
El giro no implica abandonar la tecnología, sino corregir una etapa de digitalización acelerada que, según el gobierno sueco, no siempre estuvo acompañada por mejores resultados en lectura, escritura y comprensión. La consigna oficial es volver a las bases: más tiempo de lectura, menos uso indiscriminado de pantallas y mayor presencia de materiales físicos.
La política incluye subsidios para la compra de libros de texto, fortalecimiento de bibliotecas escolares, cambios en el currículo de educación inicial y restricciones al uso de dispositivos digitales en los primeros años. A partir del año lectivo 2026-2027, Suecia prevé además que las escuelas sean espacios libres de celulares durante toda la jornada en la educación obligatoria.
El gobierno sueco argumenta que los entornos sin pantallas ofrecen mejores condiciones para que los niños desarrollen vínculos, concentración y habilidades de lectura y escritura. La decisión también se apoya en el deterioro de algunos indicadores educativos: en PISA 2022, Suecia siguió por encima del promedio de la OCDE, pero retrocedió en matemática y lectura respecto a 2018.
El cambio es significativo porque Suecia fue durante años un emblema de la digitalización escolar. Desde la década de 1990 incorporó competencias digitales al currículo y, en los años posteriores, extendió el uso de dispositivos personales en centros educativos. Ahora, sin renegar de esas competencias, intenta distinguir entre tecnología útil para aprender y pantallas que distraen o reemplazan prácticas pedagógicas fundamentales.
La discusión excede a Suecia. En distintos países crece la preocupación por el impacto de celulares, tabletas y computadoras en la atención, la convivencia, la salud mental y los hábitos de lectura. También aumenta el número de sistemas educativos que limitan el uso de celulares durante el horario escolar.
Uruguay observa ese debate desde una experiencia propia: el Plan Ceibal. Desde 2007, el país construyó una política pública de inclusión digital que entregó dispositivos a estudiantes y docentes, extendió conectividad, creó plataformas educativas y convirtió a la tecnología en parte estructural del sistema educativo.
Ceibal no puede leerse como una simple política de “pantallas en el aula”. Su evolución fue más amplia. Pasó de la entrega de computadoras a programas de pensamiento computacional, robótica, ciudadanía digital, recursos educativos abiertos, formación docente e incorporación crítica de inteligencia artificial.
Esa diferencia es importante para el debate uruguayo. El problema no es la presencia de tecnología, sino su finalidad pedagógica. Una computadora puede ser una herramienta de inclusión, programación, investigación, accesibilidad y creación. Un celular usado sin reglas puede ser, al mismo tiempo, una fuente permanente de distracción, conflicto y fragmentación de la atención.
Uruguay enfrenta desafíos educativos que no se resuelven solo con más o menos pantallas. Los resultados de PISA 2022 mostraron estabilidad en lectura y ciencias, caída en matemática y una proporción importante de estudiantes que no alcanza los desempeños mínimos. En lectura, cerca de seis de cada diez estudiantes uruguayos alcanzaron el nivel mínimo esperado, lo que deja a una parte significativa de los jóvenes por debajo de las competencias básicas.
La experiencia sueca obliga a separar dos debates que suelen mezclarse. Uno es el acceso a tecnología, donde Uruguay tiene una ventaja construida durante casi dos décadas. Otro es el uso cotidiano de dispositivos en el aula, especialmente celulares personales, donde empieza a crecer la preocupación por la atención, la convivencia y el tiempo real de aprendizaje.
En Uruguay ya existen centros educativos que limitaron o prohibieron celulares durante la jornada, con reportes de mayor atención, menos conflictos y recreos con más interacción entre estudiantes. Esas experiencias todavía son parciales y no constituyen una política nacional uniforme, pero muestran que el debate también llegó al sistema educativo uruguayo.
La comparación con Suecia no debería llevar a una conclusión simplista. No se trata de elegir entre papel o tecnología, como si fueran mundos incompatibles. El punto central es definir qué herramienta sirve mejor para cada edad, cada contenido y cada objetivo de aprendizaje.
En los primeros años, la lectura en papel, la escritura manual, la conversación, el juego, la motricidad y el vínculo con el docente parecen recuperar valor frente a la promesa de una digitalización temprana sin límites claros. En edades mayores, las competencias digitales, la programación, la búsqueda crítica de información y la inteligencia artificial se vuelven imprescindibles para la formación ciudadana y laboral.
La pregunta para Uruguay no es si debe imitar a Suecia, sino cómo aprovechar su propia infraestructura digital sin caer en el uso automático de pantallas. Ceibal ofrece una base que muchos países no tienen. Pero esa base necesita reglas pedagógicas, criterios de edad, formación docente, evaluación de impacto y una discusión honesta sobre cuándo la tecnología mejora el aprendizaje y cuándo lo debilita.
Suecia puso sobre la mesa una advertencia: la innovación educativa no consiste en digitalizar todo. Uruguay, con Ceibal, tiene otra lección acumulada: la inclusión digital puede ser una herramienta poderosa si está al servicio de una estrategia pedagógica.
El desafío común es encontrar un equilibrio. Más libros no deben significar menos futuro digital. Más tecnología no debe significar menos lectura, menos escritura o menos atención. La escuela del siglo XXI probablemente necesite ambas cosas: estudiantes capaces de leer un texto largo en papel, escribir con claridad, pensar críticamente y también manejar herramientas digitales con autonomía, responsabilidad y criterio.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias