TRANSICIÓN ENERGÉTICA

Trump empuja el carbón, pero la solar gana terreno en EEUU

28.06.2026

WASHINGTON (Uypress) – Los intentos de Donald Trump de reimpulsar el carbón en Estados Unidos chocan con una tendencia de mercado cada vez más difícil de revertir: la energía solar sigue ganando terreno, incluso en estados que votaron mayoritariamente por el propio presidente.

La administración republicana volvió a usar poderes de emergencia para mantener disponible una central de carbón en Colorado durante el verano boreal. La decisión fue presentada como una medida de confiabilidad eléctrica ante el aumento de la demanda, el envejecimiento de la infraestructura térmica y los cuellos de botella en la construcción de nueva capacidad.

No es un hecho aislado. Trump viene defendiendo el carbón como parte de su estrategia energética, con recortes a políticas climáticas, críticas a las renovables y apoyo federal a plantas térmicas que el mercado ya empujaba hacia el retiro.

Pero los datos muestran otra dirección. En mayo de 2026, la energía solar generó más electricidad que el carbón en Estados Unidos por primera vez en un mes completo. La solar aportó 12,8% de la electricidad nacional, frente a 12,2% del carbón, según el análisis de Ember basado en datos oficiales y preliminares.

El hito tiene valor simbólico y económico. Durante más de un siglo, el carbón fue una de las bases del sistema eléctrico estadounidense. Hoy, aunque todavía conserva peso en determinadas regiones, pierde competitividad frente a la expansión de la solar, el gas, las baterías y otras tecnologías.

La caída del carbón no responde únicamente a regulaciones ambientales. También es consecuencia de sus costos, de la antigüedad de muchas plantas, de la competencia del gas natural y de la velocidad con que la energía solar puede instalarse en hogares, comercios, parques industriales y grandes proyectos de generación.

El avance solar se mantiene incluso en medio de la ofensiva política de Washington. En el primer trimestre de 2026, Estados Unidos agregó 7,8 gigavatios de nueva capacidad solar y superó los 6 millones de instalaciones acumuladas. La solar y el almacenamiento aportaron en conjunto 91% de toda la nueva capacidad eléctrica incorporada al sistema en ese período.

La expansión no está concentrada solo en estados demócratas. Según SEIA, los estados ganados por Trump en la elección de 2024 concentraron 74% de la nueva capacidad solar instalada en el primer trimestre de 2026. Texas, Florida, Ohio, Indiana, Michigan, Arizona y Mississippi aparecen entre los diez estados con mayores incorporaciones.

Ese dato introduce una paradoja política. Mientras la Casa Blanca intenta reinstalar el carbón como símbolo de seguridad energética, muchas comunidades conservadoras, empresas y hogares de estados republicanos optan por paneles solares, baterías y contratos renovables por razones de costo, rapidez y resiliencia.

El fenómeno residencial es especialmente relevante. El 97% de las instalaciones solares en Estados Unidos corresponde a sistemas ubicados en techos de viviendas. Actualmente, alrededor de 9% de los hogares del país cuenta con solar, y se proyecta que esa proporción llegue a 11% hacia 2030.

Para muchas familias, la decisión no pasa por ideología climática, sino por la factura eléctrica. Los paneles en tejados permiten reducir costos, protegerse frente a aumentos tarifarios y, cuando se combinan con baterías, mantener energía durante cortes del sistema.

La demanda eléctrica también está cambiando. La expansión de centros de datos, inteligencia artificial, electrificación industrial y climatización aumenta la presión sobre la red. En ese contexto, las fuentes que pueden construirse rápido ganan ventaja. La solar y las baterías tienen tiempos de instalación más cortos que muchas centrales térmicas o nucleares.

La administración Trump sostiene que las renovables son intermitentes, dependen del clima y recibieron subsidios excesivos. Con ese argumento, aceleró el retiro de créditos fiscales y buscó redirigir la política energética hacia combustibles fósiles y generación de base.

Sin embargo, la propia reacción del mercado muestra la fuerza del sector. Ante el vencimiento de beneficios fiscales, desarrolladores solares se apresuraron a asegurar proyectos antes de la fecha límite. Esa carrera permitió consolidar una cartera de iniciativas capaz de sostener instalaciones durante varios años.

Los recortes pueden encarecer proyectos y ralentizar parte del crecimiento, pero no necesariamente detenerlo. Analistas del sector señalan que la solar a gran escala y la eólica terrestre siguen siendo competitivas aun sin subsidios, especialmente en regiones con fuerte demanda eléctrica y buenos recursos naturales.

El carbón, en cambio, enfrenta un problema estructural. Muchas plantas son antiguas, requieren inversiones costosas y compiten con tecnologías más baratas y flexibles. Mantenerlas abiertas mediante órdenes de emergencia puede resolver necesidades puntuales de confiabilidad, pero no cambia la tendencia de largo plazo.

La discusión energética en Estados Unidos quedó así atravesada por dos lógicas. Una es política: Trump intenta reivindicar el carbón como símbolo de soberanía energética, empleo industrial y rechazo a la agenda climática demócrata. La otra es económica: empresas, hogares y operadores de red siguen incorporando solar y almacenamiento porque los números cierran.

La transición no está exenta de problemas. La red necesita inversiones, nuevas líneas de transmisión, permisos más ágiles, más capacidad de almacenamiento y reglas claras. También hay tensiones por tarifas, subsidios, fabricación nacional de paneles y dependencia de cadenas de suministro globales.

Pero el cambio ya no parece reversible por decreto. La solar dejó de ser una tecnología marginal y pasó a competir en el centro del sistema eléctrico. En algunos meses, como mayo, ya supera al carbón en generación nacional.

El desafío para Estados Unidos no será decidir si la energía solar avanza o no, sino cómo integrar ese crecimiento sin afectar confiabilidad, costos y seguridad del suministro.

Trump puede prolongar la vida de algunas centrales de carbón, financiar mejoras o frenar incentivos a las renovables. Pero el mercado eléctrico muestra otra cosa: la energía que más crece no sale de las minas, sino de los techos, los campos solares y las baterías.

El carbón conserva poder político. La solar, en cambio, gana poder económico. Y esa diferencia empieza a definir el futuro energético estadounidense.

Energía
2026-06-28T18:16:00

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias