De la época romana a la Edad Media
Un error arqueológico descubre una antigua red de venta de armas entre Valencia y Génova
11.07.2026
MADRID (Uypress)- Un conjunto de cascos de hierro rescatado del fondo del mar frente a Benicarló llevaba años mal fechado. El análisis de unos restos de tela conservados en su interior acaba de adelantar su origen más de un milenio, según informa el portal Vozpópuli.com.
En 1990, unos buceadores recuperaron un extraño hallazgo en el yacimiento submarino de Piedras de la Barbada, frente a la costa de Benicarló (Castellón), a unos seis metros de profundidad: decenas de cascos de hierro, apilados y fundidos entre sí por siglos de corrosión. Durante mucho tiempo se archivaron como piezas antiguas, de época romana o incluso anterior.
Pero algo no encajaba. Un estudio publicado en la revista Antiquity ha dado la vuelta a esa idea gracias a una pista de lo más inesperada: la tela que aún forraba el interior de los cascos.
¿Por qué se creía que los cascos eran romanos?
La respuesta está en la compañía que tenían. El yacimiento de Piedras de la Barbada guardaba material genuinamente antiguo: ánforas romanas, cepos de ancla, cascos de bronce del tipo Montefortino que se fechan en las Guerras Púnicas (hacia el 264-146 a.C.) e incluso el fragmento de un yelmo aún más viejo, de tradición griega.
Rodeados de todo eso, los cascos de hierro se atribuyeron sin más al mismo pasado remoto. Un caso de manual de "culpabilidad por asociación": si lo de al lado es antiguo, esto también.
El detalle que lo cambió todo: la tela escondida en su interior
Pero sin embargo, aquí viene la clave de la historia: La costra marina que envolvía los cascos hizo algo curioso: selló y conservó fragmentos del forro textil que llevaban dentro varios de ellos. Y esa tela sí se puede datar directamente por radiocarbono.
El resultado fue rotundo y no deja lugar a dudas. Los tejidos corresponden a finales del siglo XIV o comienzos del XV. No podemos hablar de algo romano, sino de Edad Media pura y dura. Para asegurarse, los investigadores enviaron cinco muestras a dos laboratorios independientes, en Miami y en Mannheim. Cuatro coincidieron y solo una se desvió, seguramente por contaminación. La diferencia con la datación antigua rondaba los 1.500 años.
No eran cascos de élite, sino equipo de a pie
Por su forma, no hablamos de armaduras de lujo. Son cascos de infantería ligera -modelos sencillos, sin apenas adornos- fabricados antes de que Europa estandarizara la armadura de placas a lo largo del siglo XV.
Y hay un dato que dispara la imaginación: se identificaron al menos 43 piezas apiladas y soldadas por la corrosión. Casi con seguridad no son pérdidas sueltas acumuladas con el tiempo, sino un mismo lote: un cargamento que se fue a pique de golpe y quedó allí hasta que alguien lo encontró, seis siglos después.
Piratas en la costa y una explicación que cobra sentido
La fecha encaja con una época convulsa. Desde mediados del siglo XIV, la piratería en la costa valenciana pasó de incidente esporádico a amenaza constante, lo que obligó a militarizar el litoral con torres vigía, poblaciones fortificadas y milicias locales.
En ese mundo, un cajón de cascos baratos de infantería encaja a la perfección como equipo para tropas del Reino de Valencia, para compañías mercenarias o para las milicias que levantaban las propias villas.
¿Dónde se fabricaron? El estudio deja la puerta abierta: pudieron ser de producción local ibérica o llegar importados por las rutas comerciales del Mediterráneo, entonces dominadas por los talleres del norte de Italia, sobre todo Milán y Lombardía.
El papel de Génova
El estudio no fija un origen concreto para las piezas, pero el contexto histórico ayuda a entender por qué el hallazgo se lee en clave comercial. En los siglos XIV y XV, la Corona de Aragón -a la que pertenecía el Reino de Valencia- tenía una industria de armas potente, con Valencia, Barcelona y Mallorca como grandes centros de fabricación y exportación de armas y armaduras.
Y ese tráfico se movía por un Mediterráneo occidental donde las repúblicas italianas, con Génova a la cabeza, eran actores de primer nivel. Los mercaderes genoveses operaban a diario en los puertos valencianos, y el hierro y las armas figuraban entre las mercancías más codiciadas y controladas de la época. Un lote de cascos cruzando ese mar, fabricado aquí o traído de fuera, era algo habitual en este contexto comercial
Por qué importa este hallazgo
Lo más interesante de esta historia es el método. Sin ese resto de tela, los cascos seguirían etiquetados como "romanos" en cualquier ficha de museo. Un recordatorio de que en arqueología una fecha obtenida por asociación puede fallar por siglos, y de que a veces la clave de un objeto no está en el objeto en sí, sino escondida, literalmente, en su interior.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias