TECNOLOGÍA / ROBÓTICA E INTELIGENCIA ARTIFICIAL
Un estudiante de UTEC desarrolla en Rivera un robot humanoide capaz de conversar y expresar emociones
07.05.2026
RIVERA (Uypress) – Pablo Moraes, estudiante de Ingeniería en Control y Automática de UTEC, construye en Rivera un robot humanoide capaz de conversar, mover cabeza y cuello, articular la mandíbula, mover los ojos y expresar emociones mediante gestos faciales.
El proyecto se basa en InMoov, una plataforma abierta de robot humanoide impreso en 3D, creada para que universidades, laboratorios, desarrolladores y aficionados puedan adaptar piezas, mecanismos y software según sus propios objetivos. Esa característica permite que el prototipo desarrollado en Rivera no sea solamente una máquina cerrada, sino una base de experimentación tecnológica.
El robot ya puede interactuar verbalmente en un entorno controlado, responder preguntas, mover partes del rostro y generar expresiones que simulan emociones. Su estructura incorpora casi 20 motores, concentrados especialmente en cabeza, cuello, ojos y mandíbula, lo que le permite producir movimientos más cercanos a una interacción humana básica.
La idea de Moraes, sin embargo, va más allá de construir un “robot simpático”. El objetivo es dejar una plataforma abierta para experimentar con inteligencia artificial, lenguaje natural, visión por computadora y autonomía. En esa línea, el estudiante proyecta que el humanoide pueda interpretar lo que ve mediante cámaras, comprender situaciones cotidianas y desplazarse de forma autónoma sobre una base móvil.
El desarrollo se encuentra en una etapa intermedia y todavía necesita financiamiento para incorporar más hardware, sensores, motores, cámaras y componentes de procesamiento. Esa limitación no es menor: la robótica humanoide exige integración de mecánica, electrónica, programación, control automático, inteligencia artificial y diseño de interacción.
La relevancia del proyecto también está en su ubicación. Que un robot humanoide de estas características se desarrolle en Rivera muestra el papel que UTEC viene ocupando en la descentralización de capacidades tecnológicas. La universidad fue creada precisamente para llevar formación terciaria e innovación al interior, y sus sedes regionales empiezan a generar proyectos que dialogan con tendencias globales.
Rivera ya aparece como un punto activo en investigación aplicada en robótica e inteligencia artificial. UTEC cuenta allí con líneas de trabajo vinculadas a robótica móvil, automatización, inteligencia artificial aplicada, robots de servicio y competencias académicas. En ese ecosistema se han desarrollado robots móviles, sistemas de navegación, investigaciones con plataformas autónomas y proyectos orientados a industria, educación y servicios.
El humanoide de Moraes se inscribe en esa trayectoria. No parte de cero ni aparece como una curiosidad aislada, sino como parte de un ambiente académico donde estudiantes y docentes exploran cómo los robots pueden moverse, percibir, interactuar y resolver tareas en entornos reales o simulados.
La elección de InMoov también tiene valor pedagógico. Al tratarse de un diseño abierto, permite aprender modificando, imprimir piezas, adaptar componentes, probar motores, corregir errores y compartir avances. Esa lógica es especialmente potente en educación tecnológica, porque transforma al estudiante en desarrollador y no solo en usuario de una tecnología importada.
El proyecto abre además preguntas sobre el futuro de la interacción entre personas y máquinas. Un humanoide capaz de conversar y reconocer situaciones podría tener aplicaciones en recepción, asistencia doméstica, educación, acompañamiento, atención al público, laboratorios de investigación o pruebas de accesibilidad. Pero antes de llegar a esos usos, debe consolidarse como plataforma estable, segura y confiable.
Ese camino exige resolver desafíos técnicos importantes. Un robot que habla no necesariamente comprende; un robot que mueve los ojos no necesariamente interpreta lo que ve; y un robot que expresa emociones no necesariamente entiende el contexto emocional. Por eso, el verdadero salto estará en integrar lenguaje, visión, movimiento y toma de decisiones en un sistema coherente.
También aparecen desafíos éticos. Los robots humanoides generan expectativas fuertes porque se parecen a las personas y pueden producir sensación de compañía o empatía. Por eso, su desarrollo debe considerar transparencia, límites de uso, protección de datos, seguridad física y claridad sobre qué puede y qué no puede hacer la máquina.
En Uruguay, donde la investigación en robótica todavía tiene una escala reducida frente a grandes centros tecnológicos internacionales, este tipo de proyectos cumple una función estratégica. Permite formar capacidades, atraer estudiantes, conectar con redes globales de conocimiento abierto y demostrar que la innovación no tiene por qué concentrarse únicamente en Montevideo.
La robótica humanoide sigue siendo un campo complejo, caro y técnicamente exigente. Pero iniciativas como la de Moraes muestran que el país puede empezar por plataformas abiertas, impresión 3D, investigación universitaria y experimentación incremental. No se trata de competir de inmediato con gigantes tecnológicos, sino de construir conocimiento propio y formar talento.
El robot de Rivera todavía no es un producto comercial ni una solución lista para el mercado. Es, sobre todo, una plataforma de aprendizaje e investigación. Y ahí está su valor principal: permitir que estudiantes, docentes e investigadores prueben cómo combinar inteligencia artificial, control automático y robótica social en un entorno real.
La imagen de un humanoide uruguayo que conversa, mueve el rostro y busca interpretar su entorno resume una transición mayor. La inteligencia artificial ya no vive solo en pantallas o servidores; empieza a incorporarse a cuerpos, sensores, motores y máquinas capaces de interactuar físicamente con las personas. En Rivera, esa frontera tecnológica ya se está explorando desde una universidad pública del interior.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias