Uruguay empieza a proteger la oscuridad de sus cielos
25.10.2026
MONTEVIDEO (Uypress)- Rocha aprobó la primera normativa del país contra la contaminación lumínica y Maldonado estudia medidas similares. Buscan proteger la biodiversidad, la salud y ahorrar energía.
La contaminación ambiental no proviene solamente de los residuos, las emisiones industriales o los productos químicos. También puede originarse en algo tan cotidiano como la iluminación artificial. Uruguay comienza a incorporar esta preocupación a sus políticas ambientales, con iniciativas destinadas a preservar los llamados «cielos oscuros», proteger los ecosistemas y reducir los efectos de la luz excesiva sobre la salud humana.
Rocha se convirtió en el primer departamento del país en aprobar una normativa específica, mientras que Maldonado estudia incorporar criterios ambientales a sus futuras instalaciones de alumbrado público.
El debate, impulsado por organizaciones sociales, investigadores y colectivos ambientalistas, ya cuenta con antecedentes legislativos en Chile, Perú y varios países europeos.
Rocha, pionera en la protección del cielo nocturno
En setiembre, la Junta Departamental de Rocha aprobó una iniciativa promovida por la administración del intendente Alejo Umpiérrez que declara patrimonio departamental al cielo oscuro natural. La normativa establece criterios para reducir la contaminación lumínica, preservar espacios de valor ambiental y turístico y orientar la instalación de nuevas luminarias públicas y privadas.
El objetivo no es eliminar el alumbrado, sino evitar la iluminación innecesaria, especialmente aquella que se proyecta hacia el cielo o invade áreas naturales. Las disposiciones contemplan diferentes niveles de protección según las características de cada territorio, procurando compatibilizar seguridad, eficiencia energética y conservación ambiental.
Maldonado estudia cambios en el alumbrado
En Maldonado, organizaciones vecinales de Laguna del Diario, José Ignacio, Punta Ballena, Punta Negra y otras localidades han reclamado medidas similares. La directora de Ambiente de la Intendencia, Virginia Villarino, confirmó que se analiza incorporar luminarias menos perjudiciales para los ecosistemas en futuras licitaciones.
El Centro Universitario Regional del Este (CURE) participa en las evaluaciones técnicas, particularmente sobre el impacto de determinados tipos de iluminación. Las autoridades reconocen que las medidas deberán aplicarse gradualmente y atendiendo las necesidades de seguridad y circulación vial.
La luz también puede contaminar
La contaminación lumínica se produce cuando la iluminación artificial es excesiva, está mal orientada o utiliza intensidades y tonalidades inadecuadas. Sus consecuencias van más allá de impedir la observación de las estrellas.
La exposición nocturna a determinadas luces, especialmente las de tonalidad azulada, puede alterar los ritmos biológicos y afectar el descanso humano. En la naturaleza, la iluminación artificial modifica los comportamientos de numerosas especies, interfiere en los ciclos reproductivos y puede afectar la orientación de aves, insectos y otros animales.
Las luciérnagas constituyen un ejemplo particularmente ilustrativo: utilizan señales luminosas para comunicarse y reproducirse, procesos que pueden verse alterados por el exceso de iluminación exterior. Además, la utilización innecesaria de energía representa un costo económico y ambiental.
Una iniciativa para todo el país
La organización Red Procielos presentó a legisladores un anteproyecto de ley que propone reconocer el cielo nocturno como patrimonio natural y cultural. La iniciativa plantea establecer criterios nacionales de iluminación, identificar áreas especialmente protegidas, coordinar acciones con intendencias y municipios e incorporar la problemática a la educación ambiental.
La experiencia internacional ofrece antecedentes. Chile cuenta con una regulación nacional sobre contaminación lumínica, mientras que Perú también aprobó disposiciones de protección. Existen normas similares en distintos países europeos. En Uruguay, las organizaciones promotoras insisten en que proteger los cielos oscuros no significa dejar ciudades o caminos sin iluminación, sino utilizarla de manera más eficiente y responsable.
El desafío es incorporar una nueva dimensión a las políticas ambientales: reconocer que la oscuridad natural también es un recurso que merece protección. La discusión recién comienza, pero Rocha ya dio el primer paso y otros departamentos empiezan a considerar que iluminar mejor puede ser más importante que iluminar más.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias